Salvar el río Guadalquivir
La contaminación humana en las aguas del río Guadalquivir ha sido uno de los grandes problemas arrastrados durante demasiadas gestiones. Un atentado a una ciudad que decía querer vivir del turismo
Después de muchas décadas sin acción, Tarija estrenó su primera planta de tratamiento de aguas residuales en la orilla derecha, concretamente en San Blas, y que permitirá limpiar las aguas de la mayor parte de esos barrios antes de que estas lleguen al maltrecho río Guadalquivir.
Con este proyecto se alivia una parte de los problemas del río, pero no el único. De hecho, la mayor cantidad de aguas servidas llegan desde la ribera izquierda, que es la zona tradicional de expansión de la ciudad de Tarija, y que por años han colapsado las pestilentes lagunas de oxidación del barrio San Luis hasta el punto de hacerlas inservibles, facilitando el ingreso directo hasta el río con sus efectos en la agricultura posterior. Hasta ahora, la planta de tratamiento en San Luis – o donde finalmente se viabilice atendiendo a todos los factores – es todavía un proyecto en estudio y discusión sin financiación asignada.
La contaminación humana en las aguas del río Guadalquivir ha sido uno de los grandes problemas arrastrados durante demasiadas gestiones. Un atentado a una ciudad que decía querer vivir del turismo y ha dedicado docenas de coplas a la belleza de un río que se ha visto casi morir a los ojos de todos sin que nadie hiciera nada más allá de denunciar.
Salvar el río tiene todavía algunos desafíos pendientes y cuyas soluciones deben plantearse desde el consenso. El río Guadalquivir no deja de ser un río de alta montaña atravesando un valle sometido a un régimen pluvial cada vez más caprichoso y que es sensible a la acción humana. Años de debates, denuncias y tapas de diario, y hasta ahora no se logra ni un acuerdo general sobre el aprovechamiento de áridos – siempre discrecional – ni queda muy claro cómo se utiliza el río y sus afluentes aguas arriba, donde cumple otras funciones para la agricultura y la ganadería.
Tarija debe decidir si quiere mantener el río virgen o va a optar por una suerte de canalización – actualmente no legal – que habrá nuevos espacios
Si importante es darle un papel al río y acordar su función dentro del aprovechamiento económico departamental, no lo es menos en su papel dentro de la escena urbana, pues hasta ahora ha venido sirviendo para colocar puentes por encima, pero sigue sin resolverse los asuntos sobre el aprovechamiento de sus riberas dentro del equipamiento urbano.
Tarija debe decidir si quiere mantener el río virgen o va a optar por una suerte de canalización – actualmente no legal – que habrá nuevos espacios y, además, evite otros impactos – o desastres naturales – que puede causar la naturaleza salvaje de su curso. Lo que no parece de recibo es mantener un mixto en el que se van improvisando gaviones carísimos en algunas zonas o se van hurtando aires a sus veredas para colocar carreteras o canchas o mercados mientras se predica la defensa de la naturaleza.
Tarija puede darse una personalidad propia si logra virar su mirada hacia el río y convertirlo en el centro de la vida social y cultural – ya hay universidades, teatros, espacios deportivos, etc., a su alrededor -, pero para ello hay que mirar a los problemas de frente, y darles soluciones.


