Los abusos de Google, Facebook y los Gobiernos

Desvelar el problema del abuso publicitario no es un asunto de celos, sino una advertencia de pérdida de soberanía nacional y limitación de la libertad de expresión

Facebook y Google abusan de su posición en el mercado publicitario poniendo en riesgo la libertad de prensa y también la economía nacional. Que las empresas privadas se aprovechen de las condiciones ventajosas que ofrecen las gigantes tecnológicas es contradictorio, porque sacan divisas del país, pero puede entenderse. Que lo haga un Gobierno por sistema es intolerable, peor si dice definirse como nacionalista y se ha dedicado a azotar – verbalmente – al imperialismo.

El problema es que si esto lo denuncia un medio de comunicación, se le suele cerrar la boca muy rápidamente asegurando que solo busca “publicidad” convirtiéndolo en un asunto de celos, y no de justicia social.

En Bolivia la contratación de las gigantes se ha popularizado en los últimos años y cada vez más empresas y gobiernos, sobre todo gobiernos, acuden a ellas para promocionar sus actos de gestión y sus campañas políticas. En Facebook logran colocar sus mensajes sin ninguna interpelación, en Google se cuelan directamente en las propias páginas web de los medios de comunicación reconocidos a través de los espacios que estos disponen en un intercambio de servicios feroz, puesto que el medio recibe una ínfima parte de esa publicidad a cambio de generar inmenso tráfico.

No conviene olvidar la experiencia de Donald Trump, que desde el inicio de su gestión fustigó a los medios tradicionales y les retiró apoyo y entrevistas para apostar todo a las redes, redes que llegado el momento, lo silenciaron

Como agravante, las gigantes tecnológicas no tributan un solo peso en Bolivia a pesar de su cada vez más abultada facturación, además, no mantienen ninguna estructura de gestión y apenas deben generar media docena de puestos de trabajo de forma directa y alguno más como intermediarios.

Países como Australia han dicho basta, y es su parlamento el que ha iniciado un proceso legislativo para que las gigantes compensen directamente a las empresas de forma significativa por el contenido que estas generan y que ellas utilizan sin costo alguno. La fórmula tiene algunos reparos sobre la neutralidad de internet y el libre acceso de todos, ya que privilegiaría a unos sobre otros y las gigantes podrían decidir a quién sí y a quién no promocionar, pero al menos busca acabar con la sangría.

Otros países en Europa como España han incluido nuevas tasas e impuestos a las gigantes tecnológicas que tienen un sentido similar de compensar la pérdida de competitividad de las empresas nacionales de comunicación pero de forma indirecta, a través de programas de conversión o internacionalización.

El asunto de fondo es de soberanía y de libertad de expresión. Un medio de comunicación es valioso por la diversidad de fuentes que recoge y la capacidad de generar el contenido local, las cosas que pasan en los barrios y que Google no huele. Sin recursos, cuando ya no haya capacidad de generar ese contenido local, esos barrios quedarán silenciados para siempre.

Medios débiles quedan a merced de otros poderes, y el riesgo mayor es que acaben por no poder contar lo que pasa en el país, o que dejen de ser referencia sobre lo que pasa en el país. En 2019, por ejemplo, CNN y medios argentinos informaban de lo que sucedía en La Paz.

El Gobierno de Arce parece abonado también a las redes sociales y a la intrusión en medios, y no conviene olvidar la experiencia de Donald Trump, que desde el inicio de su gestión fustigó a los medios tradicionales y les retiró apoyo y entrevistas para apostar todo a las redes, redes que llegado el momento, lo silenciaron.


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