El patético ritmo de la vacunación
Suponiendo que se triplica el ritmo de vacunación de la primera semana, Bolivia tardaría en aplicar 15 millones de dosis unas mil semanas, es decir, 18 años. Urge enfocarse en lo logístico y no en lo político
Las vacunas no son, de momento, ninguna solución para el Covid en Bolivia, y la gestión que de la campaña se está haciendo solo amenaza con provocar muchos más problemas en la salud de los bolivianos.
El Gobierno está poniendo muchos más esfuerzos y recursos en la promoción política de la gestión de la vacuna que en las necesidades logísticas que requiere. El Gobierno de Luis Arce ha llenado las redes sociales y todo google con campañitas de publicidad – muy atentatorias contra los intereses del Estado, por cierto -, pero los datos son los que son: El pasado viernes inició la campaña de vacunación en Bolivia y en una semana apenas se han colocado 6.000 dosis en 6.000 brazos de personal de salud, fundamentalmente.
Teniendo en cuenta que se requiere colocar 15 millones de dosis para supuestamente inmunizar a 7,5 millones de bolivianos y contener la enfermedad con la mal llamada inmunidad de rebaño, al ritmo actual se tardaría ni más ni menos que 2.900 semanas en alcanzar la meta.
Claro que no hay que ser tan alarmista. Se supone que la primera semana ha habido mucha toma de contacto, “capacitaciones” y actos políticos que lo han podido ralentizar. Suponiendo que se podría duplicar la velocidad de vacunación, incluso triplicar, harían falta 962 semanas, o sea, 18 años.
Parece una exageración, pero no se puede olvidar que los primeros en vacunarse han sido los especialistas y personal de primera línea, o sea, gente que ya estaba en el hospital, que está sensibilizada, que conoce los tiempos y las formas. Es inimaginable pensar cómo se llevará a cabo la vacunación masiva en otros grupos de edad que no están al alcance del centro de salud.
De momento, podemos caer en la complacencia y felicitarnos por cómo se están desarrollando las cosas, recordar que de momento solo han llegado 20.000 dosis y que no hace falta apurarse, a pesar de que el propio presidente Luis Arce ha asegurado que este mismo mes llegan un millón de dosis del mecanismo Covax directo para inyectarse en los brazos de los que requieren la vacuna.
No parece que por el momento estén asegurados los operativos logísticos en todos los departamentos, que se hayan dado las consignas adecuadas, ni siquiera es probable que se tenga disponible la capacidad de refrigeración suficiente como para que no se vayan arruinando una tras otra las remesas de vacunas que vayan llegando al país y se intenten distribuir por los municipios, como suele pasar con otros programas tanto o más importantes que el de la Covid-19.
En general, la gestión mundial de la pandemia está siendo desastrosa puesto que está primando la voracidad económica nacional sin tener en cuenta que la salida debe ser armónica, empezando por la población más vulnerable. La vacuna es un camino que puede ayudar a descongelar la economía, porque ninguna economía se reactivará mientras el virus esté presente. En cualquier caso, lo que no se puede es cantar victoria con datos estadísticos aberrantes.


