Planta de San Blas, una solución parcial a un problema de décadas

Tras culminar la obra que soluciona los problemas de salubridad y aguas servidas de la margen izquierda del Guadalquivir, se mantiene la deuda histórica con el barrio de san Luis

No parecía tan difícil, pero tuvo que esperar hasta la tercera década del siglo XXI para que Tarija cuente al menos con una planta de tratamiento de aguas residuales que permita cuidar uno de los bienes más preciados del tarijeñismo: su río Guadalquivir.

Una Planta de Tratamiento de Aguas es una infraestructura básica de ciudad, popularizada desde los años 70 y 80 en todo el mundo, y que por las extrañas razones que todos conocemos, nunca se llevó adelante en la ciudad de Tarija, que pasa por ser una de las pocas grandes ciudades de Bolivia que no contaba con esta infraestructura.

En su defecto, Tarija sí contaba con una serie de piscinas dedicadas a la oxidación en el barrio de San Luis, una infraestructura insalubre y de alto riesgo para la salud en un barrio que, por las extrañas razones que también todos conocemos, fue creciendo en población gracias a los acelerados loteamientos a pesar de los fuertes hedores.

Alguna vez hubo incluso una donación europea de 12 millones de euros listos para ser invertidos en una planta de estas características, recursos que simplemente se perdieron porque nadie quiso asumir el costo social y político de definir la ubicación – que debía ser técnico -, mientras sí se permitía que la pestilencia y los zancudos colmaran San Luis y se pusiera en riesgo el río y sobre todo, la producción vitivinícola en el valle central, que es el sector económico más importante del departamento después del gas.

La planta de tratamiento de aguas residuales de San Blas entregada ayer es la materialización de un esfuerzo social y político, la canalización de un deseo ciudadano que, al fin, contó con la voluntad ejecutiva de hacerla realidad. En estos tiempos de política decorativa, nadie sabe cuánto ha podido influir en la demora que la infraestructura “solo” sea necesaria y no vistosa.

La planta de tratamiento de aguas residuales de San Blas entregada ayer es la materialización de un esfuerzo social y político, la canalización de un deseo ciudadano

Otro hecho casi insólito para los tiempos que corren es que la obra haya empezado y acabado en la misma legislatura. En este caso, la apuesta del municipio de Cercado y la Gobernación de Tarija ha permitido dar solución a un problema creciente en menos de dos años, pues las obras iniciaron en junio de 2019 tras años y años de pulseada.

Obviamente, este proyecto no es el que soluciona el grueso del problema de las aguas servidas de Tarija, ya que dará servicio para los barrios de la ribera derecha del río Guadalquivir, es decir, desde Tabladita y Senac a Miraflores, una zona que ha crecido más de la cuenta a pesar de sus características.

El grueso de la población sigue viviendo al otro lado, y para ello es preciso construir una planta en ese lado, normalmente en San Luis sustituyendo con una infraestructura moderna y limpia las pestilentes aguas de las lagunas. Este asunto está “encaminado” pero no hecho, y lo cierto es que lleva casi una década en discusión sin que se hayan materializado los esfuerzos en nada.

Las palabras se las lleva el viento, pero las obras quedan. Hoy es un buen día para Tarija que resuelve una parte de sus problemas enquistados. Toca, sin embargo, seguir trabajando para arreglarlo definitivamente.


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