Trump y las otras falacias de Estados Unidos

Estados Unidos exporta “modelos” de democracia y economía que, en realidad, no aplica en sus propias fronteras, donde no hay pluralidad y sí mucho subsidio encubierto

Denominar la democracia de Estados Unidos como modélica sería una perversidad, y no se trata de demonizarla hoy, por lo que el histriónico Donald Trump le ha podido hacer en los últimos cuatro años, sino que parte de una determinación que es matriz en la política de los últimos sesenta años, y que ha influido en el resto del mundo.

No es la primera vez que el sistema electoral estadounidense da problemas. Pasó en aquella famosa elección con George Bush hijo y el recuento en Florida que le dio la victoria. Trump habla de un “robo” de la elección de forma sistemática, aunque no da demasiados detalles, y de momento no avanza ninguna de las investigaciones en marcha, pero ver a una multitud ingresando en el Capitolio, “símbolo de la democracia republicana estadounidense” es sin duda impactante y el corolario de dos meses de mal perder del todavía Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, donde ha minado toda confianza a su sistema electoral, pero en realidad es el resultado de una deriva acentuada al menos desde que el contrapeso de la Unión Soviética desapareció.

La democracia “modélica” de Estados Unidos hace tiempo que dejó de ser, por ejemplo, plural. Todo se reduce a los dos grandes partidos: los poderes fácticos han logrado anular cualquier divergencia ideológica y marginar a cualquier otra opción política que no sean Demócratas y Republicanos, y con ello, la lucha política ha quedado reducida a una especie de final de Superbowl en cada elección, donde unos son fanáticos de los rojos – que en EEUU son los republicanos que se asemejaría a la derecha – y los azules – que en este caso son los Demócratas, a los que algunos llaman de “izquierdas”-.

Los matices entre un partido y el otro son prácticamente inexistentes, ambos son gigantes a merced de los grandes “donantes” que intentan que básicamente nada cambie. Ambos hablan de la “luz” de Estados Unidos para el mundo. Hablan de Dios en sus discursos y hacen alardes de patriotismo a costa del otro. Apenas Barak Obama trató de hacer una sanidad para todos – nada parecido a una salud universal, sino un seguro – y lo tildaron de socialcomunista, pese a que inició más guerras que nadie.

Y es que Estados Unidos se había acostumbrado a hablar de su “democracia modélica” hasta el punto de justificar intervenciones armadas y no armadas en países estables, aunque independientes, para ampliar su influencia. Eso sin que la mayor parte de la opinión pública pestañease.

Trump y su forma de gobernar – más que lo que en realidad ha gobernado – ha puesto de manifiesto muchas de estas falacias que Estados Unidos ha exportado al mundo como ideales, y que sin embargo en su propia casa se resuelven de otra manera. Y sí, esto que pasa en la política, también pasa idénticamente con la economía y sus recetas liberales y de no intervención, que en sus fronteras sí permiten subvenciones, proteccionismo, subsidios y regulación del mercado a favor de su pueblo, pero se vetan para el resto.

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