2021 y las cosas simples
Cuidar a las familias y a los emprendedores locales por encima de todas las cosas supone el camino más rápido para salir de las crisis en las que estamos inmersos
Despedimos al fin el año 2020, un año que sin duda quedará grabado en los anales de la historia en todos y cada uno de los países que han padecido el impacto del coronavirus Covid-19 tanto en su versión de salud como en su versión económica – social.
Despedir el año es tan frugal como simbólico, “nada ha cambiado”, dicen los pesimistas, y sin embargo, aquella noche en la que compartimos en grupos reducidos de familiares y seres queridos portando en el corazón y en el celular a todos los ausentes por las cuestiones de la precaución, se convierte en una especie de conjura vital para enfrentar el nuevo ciclo con ánimos reforzados.
2020 nos ha enseñado que las cosas simples son por demás importantes y que hay que aprender a disfrutar de los pequeños gestos cotidianos, porque del resto hay demasiadas cosas que se escapan de nuestras manos. En ese ligero “feliz 2021” deseado en fuego cruzado, se esconden muchos buenos propósitos con mucha más simpleza que lo que se había hecho común.
En ese ligero “feliz 2021” deseado en fuego cruzado, se esconden muchos buenos propósitos con mucha más simpleza que lo que se había hecho común
2021 llega cargado con la misma incertidumbre con la que despedimos el 2020. El virus sigue presente en la mayor parte del mundo, mientras los países ricos acaparan abusivamente vacunos y remedios. En Bolivia la campaña de vacunación es aun incierta y no se espera que se complete un buen porcentaje de población como para empezar a hablar de inmunización de rebaño hasta bien entrado el 2022.
El impacto económico tardará en pasar, pese a las perspectivas de la Cepal y otros organismos que necesitan que se siga creyendo en el modelo capitalista de consumo como palanca de todo. El consumo no arranca, el subempleo de siempre se ha convertido en pobreza extrema y la inversión sigue estancada. Un cúmulo de malas noticias que causa estragos en un país sin red de protección social, pero que se ha incorporado a las lógicas perversas del mercado en los últimos años.
En ese escenario, nos toca hacer una vez más la reflexión sobre el futuro y sobre lo que viene, sobre las posibilidades que tenemos como bolivianos de aportar y apoyar al resto de los ciudadanos.
Seguramente 2021 debería ser un año más simple en muchos sentidos, y probablemente sea esa simpleza la que nos ayude a salir antes de la crisis en la que nos encontramos inmersos. Las familias son hoy más conscientes de la necesidad de reducir sus contactos sociales, de cuidar la higiene de manos, usar barbijo y no exponerse a situaciones de riesgo. Convivir temporalmente con menos es una buena forma de sobrevivir.
En la economía pasa más o menos lo mismo, cuanto más se apoye al vecino, se compre producto de la tierra, se eluda el contrabando y se potencie el uso de servicios ofrecidos en el departamento, antes podremos salir de la crisis al evitar que los recursos salgan hacia otros lugares. Hacer que la cadena local no se quede sin circulante es obligación de todos, y la forma más rápida para revertir la situación.
Ojalá todos nos comprometamos en este 2021 por hacer cosas más y más simples, sin disonancias. Simplemente se trata de cuidarnos entre todos.


