2020: Quedarse con lo Bueno
La pandemia ha condicionado un año en el que Bolivia se jugaba algo más que una elección, casi su propia subsistencia, y quién sabe si no fueron esos dos factores combinados los que propiciaron el triunfo de Luis Arce
2020 desaparece al fin. El año más duro, al menos de entre los que hemos narrado en los 29 años de este diario, se va entre lluvias torrenciales y rebrote del Covid después de habernos movido las fibras tanto en lo político como en lo familiar. Con todo, ha sido un año intenso de principio a fin, y no por haber sido tan extraordinariamente malo debemos destruirlo y esconderlo o borrarlo de nuestras memorias, sino todo lo contrario: debemos aprender de él.
La pandemia nos puso al límite en lo médico y en lo social. En lo médico desnudó las carencias por todo el mundo y especialmente en países empobrecidos como Bolivia, donde los mercaderes de la salud acabaron haciendo negocio incluso con los respiradores de emergencia, mientras el absoluto libre mercado servía para aplacar la furia del virus: desde barbijos y desinfectantes asta pruebas rápidas y PCR se encontraban en el mercado local, poniendo de nuevo en evidencia la capacidad del boliviano de sobreponerse a las crisis y buscar soluciones muy al margen del Estado. No fue romántico, pero fue vital.
En lo social, la pandemia destruyó miles de puestos de trabajo, elevó el desempleo a tasas nunca vistas, el subempleo se convirtió en miserable, los cuentapropistas se quedaron sin qué hacer, como los maestros de infantil y primaria; los meseros; los dependientes de surtidores; las azafatas, y un largo etc., de especialidades que creíamos mejor asentadas. La necesidad volvió a sacar la capacidad de adaptarse, vació los colchones familiares, que volvieron a mostrarse como la verdadera red social de protección y no los miserables 500 pesos ofrecidos en forma de bono.
En la pandemia también nos dimos cuenta de que somos seres sociales, de lo importante que es la familia, los amigos y los abrazos, y eso son cosas que no se pueden quemar junto al 2020
En la pandemia también nos dimos cuenta de que somos seres sociales, de lo importante que es la familia, los amigos y los abrazos, y eso son cosas que no se pueden quemar junto al 2020; lo mismo que la capacidad de sistematizar el trabajo para convertirlo en un engranaje “hecho desde casa”; el acceso a la educación superior a través de un zoom, los niños ingresando en el manejo online de su aprendizaje y mucho más.
La pandemia ha condicionado un año en el que Bolivia se jugaba algo más que una elección, casi su propia subsistencia, y quién sabe si no fueron esos dos factores combinados los que propiciaron el triunfo de Luis Arce con otra histórica cifra, y que fue el resultado de una campaña bien hecha, cerrando todos los espacios a la oposición, pero también de un acto reflexivo de todos los bolivianos, que se reconocieron en un espacio concreto y no en el otro.
2020 y la pandemia han servido para conocernos más tanto en el plano personal como en el político y en el social. Sin duda que esos aprendizajes deberán ser valiosos en el futuro, y no solo porque aparezcan nuevas pandemias, sino porque cada cual se ha vuelto más dueño de su propia vida, y de sus creencias. 2021 tal vez asuste, pero el futuro se aborda mejor cuando se sabe quién es cada quién y de todo lo que somos capaces. Lo logramos. Que vengan muchos más. Feliz 2021.


