El tormento de los niños tras un feminicidio

Todos los datos sobre feminicidio y el mismo reflejo de esta realidad se centran en las víctimas del delito, sin embargo, también están los hijos, esas pequeñas personas que aún no han comprendido el mundo y que en ese maldito momento tienen la tarea de comprender la muerte de su madre

Perder a una madre es uno de los dolores más grandes que experimenta el ser humano sino el peor. Pero hay agravantes para esta situación, uno de ellos es perderla en la infancia y otro es que tu madre haya muerto a manos de tu padre, víctima de un feminicidio.

Todos los datos sobre feminicidio y el mismo reflejo de esta realidad se centran en las víctimas del delito, sin embargo, también están los hijos, esas pequeñas personas que aún no han comprendido el mundo y que en ese maldito momento tienen la tarea de comprender la muerte de su madre.

Miles de estos niños como parte de ese hogar disfuncional vinieron viviendo situaciones de violencia, hechos anormales que han marcado su vida y que han desencadenado en lo peor. Tras la muerte de su madre se enfrentan también a continuar su vida, ni siquiera al lado de su padre porque es un feminicida sino al lado de sus abuelos, tíos u otros.

Los expertos recomiendan que debe entenderse que el ejercicio de la defensa técnica no implica hostigar o molestar a los declarantes, se debe buscar la verdad real sin afectar la dignidad de todas las personas

Pero hay algo peor, en la mayoría de los casos los pequeños se tienen que enfrentar a “ciento un mil interrogantes” referidas a qué viste o qué pasó. Recordar esos momentos que les han dañado de por vida no es nada sencillo.

Hoy el diario El País presenta un reportaje que narra una fuerte historia que nos plasma esta realidad y los retrocesos a los que se somete psicológicamente a un niño tras tenerlo como sujeto de varios procesos interrogatorios.

Los expertos en el tema a nivel internacional aconsejan que para evitar la revictimización es importante capacitar a los oficiales de investigación, para que durante los interrogatorios, se limiten a recibir "información mínima esencial que permita averiguar los hechos y les garantice el respeto a su dignidad, honor, reputación, familia y vida propia.

Apuntan a que el interrogatorio excesivo puede producir un mayor trauma. También se aconseja que la audiencia sea mejor privada, para tutelar la estabilidad emocional. Es fundamental tomar en cuenta las normas relativas al trato especial que deben recibir las personas menores de edad, de hecho, estas reglas deberían abarcar a otras personas menores que declaran en los procesos en calidad de testigos.

En todo proceso se deben aplicar este tipo de normas y se debe procurar que desde la misma denuncia los niños y las niñas sean atendidos por personas especializadas, declaren con asistencia técnica, preferiblemente que estas mismas personas sean las que colaboren o asistan al debate de esta manera se sentirán más cómodos.

En este sentido, la privacidad de la audiencia es una garantía que ayuda al pudor de las víctimas. Por último, los expertos recomiendan que debe entenderse que el ejercicio de la defensa técnica no implica hostigar o molestar a los declarantes, se debe buscar la verdad real sin afectar la dignidad de todas las personas.

Por lo tanto, no deben permitirse interrogatorios ofensivos, molestos o reiterados, ya que estas tácticas constituyen maniobras que revictimizan. Si bien en Bolivia se han tomado en cuenta algunas de estas premisas los casos expuestos hoy en nuestro reportaje central nos indican que en la práctica hay algunas incoherencias.


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