La factura que viene después
Si bien es fundamental invertir en la pandemia; tiempo, dinero y atención, debemos estar conscientes que hay otras causas que matan y que dejan secuelas en magnitud más gra-ves que las de la Covid-19.
La violencia sexual es el menú diario en Tarija y en todo el país, pues a diario conocemos hechos de este tipo. La urgencia de trabajar en esto echa gritos que la pandemia por Covid-19 acalla en la mayoría de los casos.
Estamos más de medio año con el virus a cuestas, aprendiendo a convivir con él. Nuestras vidas no se han estacionado ni un solo segundo, como tampoco hemos hecho pausa en nuestras responsabilidades esenciales como padres, como hijos como parte de un trabajo u oficio que nos genera ingreso. La vida continúa su ritmo y con ello todas nuestras obligaciones.
Si bien es fundamental invertir en la pandemia; tiempo, dinero y atención, debemos estar conscientes que hay otras causas que matan y que dejan secuelas en magnitud más graves que las de la Covid-19.
Así como cada uno de nosotros no hemos hecho pausa, tampoco es momento que nuestras autoridades y los responsables de estos asuntos los descuiden. Es urgente retomar los temas en los que se ha ido trabajando durante tanto tiempo, pero que hoy han tenido retrocesos.
Uno de los temas es la violencia sexual a menores. Ayer se conoció un nuevo caso de violación a una menor de edad, quien cansada de todos los abusos, tomó valor y denunció a sus agresores. Los dos tíos con quienes vivía. Pero además dijo que su abuela, con quien también vivía, calló todo lo que pasaba.
Esto sucedió por primera vez en el municipio de Entre Ríos, en la comunidad de Chiquiaca Norte cuando la menor tenía 12 años de edad, hoy tiene 18. ¿Cuánto tiempo ha pasado soportando todo esto?, ¿cuánto tiempo su misma familia ha callado este delito?
Duele decirlo, pero esta situación se da a diario en Tarija. Sólo el 19% de los casos de violencia sexual denunciados se atribuyen a personas extrañas, sin ningún tipo de relación y que violentaron a sus víctimas de forma súbita en la calle.
Por el contrario, de acuerdo al Ministerio Público, un 81% de los casos son atribuidos a personas del medio familiar, donde sobresalen los casos denunciados en contra del padrastro u otro familiar, entre ellos cuñados y parientes en tercer y cuarto grado. Sumado a ello lo más común es que el delito se guarde como “secreto de familia”.
Es hora de abrir los ojos, retomar la lucha contra este problema, incentivar la denuncia, facilitar los medios para hacerla posible, ofrecer garantías a las víctimas y denunciantes, terminar con la burocracia, pero sobre todo es hora de concentrarse en cientos de problemas estructurales que de a poco se nos están yendo de las manos y que el día de mañana en la tarea de reconstruirnos tras la pandemia, nos pasarán una gran factura, quizás impagable.
Es hora de retomar, el virus nos ha demostrado que no es cosa de unos días. De esta manera, esperar que pase el Covid-19 para volver a tomar las riendas de todo lo que hemos descuidado es una mala decisión.


