El adiós de Jeanine Áñez

Áñez, evidentemente, queda en la historia como la Presidenta de un momento muy complicado para el país y probablemente como el factor decisivo para que el país se reponga, no por la buena gestión, sino por todo lo contrario

La presidenta Jeanine Áñez decidió despedirse de todos los bolivianos con un mensaje televisado por Bolivia TV en el que utilizó algunas de sus claves de campaña y trató de dejar un mensaje positivo de su gestión, que aunque inicialmente se presentó como transitoria, ha acabado durando casi un año completo.

Áñez se convirtió en Presidenta en una sesión accidentada en la que hizo valer su condición de Vicepresidenta segunda, con la que sin presencia de la oposición se autonombró para evitar “un vacío de poder”, fórmula que después avaló el Tribunal Constitucional.

En la “pacificación” se empleó a fondo, unos 40 muertos en dos enfrentamientos violentos en Sacaba y Senkata que hasta hoy no tienen explicación. Áñez nunca pretendió ser Presidenta de todos los bolivianos ni pasar a la historia por una transición modélica. Sus ministros adoptaron las mismas poses autoritarias que desgastaron al anterior gobierno y ella misma utilizó los resortes del poder en su beneficio. No tardó dos meses en decidir presentarse como candidata, en cuya campaña volcó todos los lineamientos de los Ministerios.

Lo cierto es que los números de la pandemia siguen siendo un misterio, los decesos están minimizados y fue el mercado libre, la automedicación y la auto administración de pruebas, la que logró contener de alguna forma la transmisión

Para entonces – finales de enero - ya se sabía que la pandemia irrumpiría en Bolivia más temprano que tarde, aunque tardó un mes y medio. El Gobierno de Áñez empezó moderado y en dos semanas y con 37 pacientes contagiados decretó un confinamiento total en todo el país – en Tarija tardaría aun un mes y medio en contabilizarse el primer deceso – que destruyó la economía formal e informal en pocos días. Los ahorros de las familias más humildes se agotaron pronto, las empresas más acogotadas quebraron, la inversión se detuvo, el gasto corriente también y el empleo se esfumó.

Áñez defiende haber gestionado bien la pandemia. Lo cierto es que los números siguen siendo un misterio, los decesos están minimizados y fue el mercado libre, la automedicación y la auto administración de pruebas, la que logró contener de alguna forma la transmisión mientras el Gobierno se preocupaba más de sus perspectivas electorales que de otra cosa: cerró todo cuando el impacto era mínimo y “las redes” pedían mano dura y lo abrió todo cuando la gente se empezaba a cansar. Bolivia, aún con una cifra de más de 20.000 muertos extras sobre el promedio normal no reconocidos en la pandemia, está entre los diez países del mundo con más muertos por millón de habitantes. Es verdad que nadie estaba preparado para una catástrofe de estas dimensiones, pero difícilmente se puede alardear de un éxito cuyos datos están cuestionados.

Áñez, evidentemente, queda en la historia como la Presidenta de un momento muy complicado para el país y probablemente como el factor decisivo para que el país se reponga, no por la buena gestión, sino por todo lo contrario. Bolivia es hoy un país más exacerbado y dividido que hace un año y que hace dos. Áñez tuvo la oportunidad de mostrar cómo sería un país con un gobierno diferente, y la población juzgó sobre lo visto. Sin duda, quedará en la historia.


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