Donald Trump, el antisistema
Más allá del histrionismo, Trump no miente ni disimula en su propuesta hegemónica y está cambiando las reglas del juego liberal – globalizado por las de uno nacional – industrializado. De eso va la elección en EEUU
En política, ya nada es lo que parece. En ocasiones nos sorprende el nivel de la política chicana en Bolivia, lo tosco de los debates, la guerra sucia y la escasa creatividad y creemos que en otros lugares es mucho más civilizado, pero lo cierto es que en la mayoría de los lugares del mundo la política se ha convertido en un espectáculo mediatizado y cortoplacista, con grandes dosis de populismo, que busca constantemente la confrontación y que está conformando un mundo más polarizado.
El ejemplo máximo es Estados Unidos, que esta noche se juega la Presidencia. Con la irrupción de Donald Trump en la arena política todas las reglas han cambiado, pero las “cosas raras” ya habían empezado mucho antes, incluyendo los escándalos sexuales de Bill Clinton, el escandaloso recuento con sospechas de fraude que hizo presidente a George Bush hijo, y las filtraciones de espionajes cruzadas habituales en la última década.
Trump es un presidente mediático que representa la esencia estadounidense, y que no coincide con la imagen idealizada que vende Hollywood. Su particular humor y twitter han hecho un cóctel explosivo: insultos por doquier, rencillas con estrellas del deporte y de la televisión, despidos en línea… Trump llegó a insultar – básicamente lo llamó enano loco - a Kim Jon Un para reunirse con él dos meses después, siendo el primer Presidente de Estados Unidos que lo hacía. También peleó con casi todo su equipo, despidió asesores, jefes del FBI, etc., y ha mantenido una incendiaria línea alrededor de la pandemia del Covid, cuya enfermedad acabó contrayendo para darse por curado en cinco días y llenar sus actos de propaganda exitista y cultivar su imagen de hombre fuerte. Tiene dos años menos que su competidor, Joe Biden, pero en plena campaña colgó una imagen en la que se leía Biden for Resident tras tachar la P del cartel.
No hay un “ganar – ganar” si EEUU no gana más, y aunque en realidad siempre fue así, Trump no anda con discursos conciliadores.
Nadie gana a Trump en el show, pero lo cierto también es que se ha utilizado su histrionismo y su poca cualidad de político tradicional para criticarlo sin entrar al fondo de lo que realmente está proponiendo para su país y el mundo, que realmente dista del discurso de sus contrincantes y sus antecesores, al menos por la nitidez con la que lo habla.
El “American First” de Donald Trump condensa los valores tradicionales de una sociedad encantada con ser los jefes del mundo y preocupada con no serlo. En esas, Trump ha delineado su política exterior: EEUU es un imperio que trabaja con quien se doblega. No hay un “ganar – ganar” si EEUU no gana más, y aunque en realidad siempre fue así, Trump no anda con discursos conciliadores.
En ello, Trump ha recordado que las fronteras existen, y no ha dudado en emplear los aranceles y aduanas a su conveniencia al mismo tiempo que ha castigado a las empresas que se han llevado su producción lejos de su territorio. Trump, un magnate multimillonario sabe perfectamente que la receta neoliberal y la globalización son un fiasco, especialmente en crisis, si no existe una verdadera producción industrial dentro de las fronteras, y eso no ha gustado nada a muchos poderes fácticos que lo creían de su lado.
Las encuestas en EEUU sirven de poco, porque una cosa es que los Demócratas obtengan más votos y otra que ganen los estados necesarios para gobernar. En cualquier caso, lo que está en juego esta noche es de interés para todo el mundo. Trump está cambiando las reglas del juego liberal globalizado por las del nacional industrializado. El mundo entero debe tomar nota. También Bolivia.


