Todos Santos y la protección de la familia

En un clima de incertidumbre política, económica y sanitaria, la familia se vuelve a erigir como el verdadero sistema de protección social, y las tradiciones como la de Todos Santos, la apuntalan

Aunque la pandemia del Covid-19 nos ha obligado a modificar algunos de los rituales de esta marcada fecha, Todos Santos sigue siendo una de las tradiciones más arraigadas y más dignas de la cultura boliviana. Un ejemplo sincrético de los ecosistemas andinos y católicos, en el que comulga el amor y respeto por los seres queridos fallecidos: nadie muere del todo mientras es recordado.

Frente a un Halloween cultural que viene implantándose impulsado por la necesidad del comercio y la imposición de la televisión y para lo que apenas queda la resignación ante un festejo carente de referentes - ¿disfrazar a los niños de monstruos? -, apenas nos queda reivindicar que en la misma medida se haga a todos los miembros de las familias partícipes de las tradiciones propias.

Las tradiciones de Todos Santos se construyen sobre las formas de superar las pérdidas y el dolor, en recordar con cariño y servicio lo mejor de los difuntos y haciendo fuerza en la unidad familiar, la base para superar la incertidumbre.

Este año la pandemia se ha cobrado miles de vidas, muchas más de las que recogen las estadísticas oficiales

Este año Todos Santos llega en un momento de demasiada incertidumbre tanto en lo económico como en lo sanitario, y al parecer, de nuevo en lo político. Aunque el 18 de octubre se zanjó una herida abierta en las ánforas, un sector radicalizado insiste en pedir Golpe de Estado y los grupos de ultraderecha empiezan a instalar narrativas del resentimiento para abrirse un espacio entre una oposición incapaz de hacer frente al MAS en dos décadas.

No parece que en este clima político de minorías radicalizadas se vaya a poder instalar un espacio propicio de concertación que permita enfrentar la crisis económica en la que el país se ha sumido. Aunque el Gobierno saliente proyectó un 4,2% de crecimiento para 2021, la cifra es simplemente risible y ningún organismo internacional la avala. Es tiempo de apoyar a los más débiles, pero no es tiempo de populismo.

De todo, lo que más preocupa es la crisis sanitaria, pues sin frenar y controlar el Covid difícilmente se va a poder encauzar la vida económica. En Bolivia preocupan especialmente la escasez de pruebas y la frugalidad de los datos. Según los datos oficiales, en Bolivia se han hecho algo menos de 400.000 pruebas PCR desde el inicio de la pandemia. Francia hace estas semanas ese número de pruebas en un solo día.

En Bolivia ha funcionado el mercado negro e informal para enfrentar los momentos peores de la pandemia; pruebas en casa, autoaislamientos no controlados y entierros en cementerios clandestinos. La prueba del algodón son los datos del Sereci, que hasta agosto mostraba un exceso de muertos de 20.000 personas de las que solo 5.000 se explicaban por el Covid. Ya eran un 25% más de la media de los últimos cinco años. Estos días de oración y recogimiento se perciben aún más claramente los estragos que ha hecho.

Vienen tiempos complejos para un país en el que se vuelve a evidenciar que el verdadero sistema de protección es la familia, donde unos velan por los otros y los recuerdan siempre. Es bueno que en estos días de Todos Santos no lo perdamos de vista.


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