Salir de la crisis con perspectiva de género

Con independencia del sector, la efectiva participación de las mujeres en el trabajo remunerado que se recupere post COVID-19 será necesario para su empoderamiento económico y para la reactivación económica de los países

El Día de la Mujer Boliviana que llega en medio de esta pandemia se viene con varios desafíos, muchos retrocesos y la potente voz de miles de mujeres, que se levantan en medio de estos tiempos difíciles.

 La cuarentena en todo el mundo, en Bolivia y en nuestra misma región ha agravado la violencia de género, muchas mujeres han tenido que convivir con sus agresores las 24 horas en medio de una tensión inédita que se vino con el miedo a morir por Covid-19.

 Sin embargo, aunque muchas aún sobreviven al virus cientos de mujeres han muerto a manos de sus “parejas”. La pandemia ha cerrado las ventanas de auxilio, ha reducido la atención médica, pero también ha desconcentrado la mirada de las autoridades, que hoy no hacen más que pensar en el virus como algo aislado.

 Los avances frente a este problema han tenido sus retrocesos y hoy poco o nada se hace respecto a éste. Más aún, el delito contra la mujer ha buscado también otros canales y se ha abierto paso de manera “online”, haciendo del “acoso en línea” otro crimen, aún más difícil de penalizar.

 En lo que va del año son 86 los feminicidios que se han registrado en el país.  Todas las víctimas fueron halladas sin vida en ámbitos privados, lo que confirma que el hogar fue y es el espacio menos seguro para las mujeres bolivianas.

 “Debido a la cuarentena, mi esposo dejó de ir a trabajar. Él es transportista. Estaba tan malhumorado en mi casa, que se pasaba gritándome a mí y a mis hijos todos los días”, contó Claudia, de 24 años, a un medio nacional.

 La declaración confirma que la situación de la mujer se ha agravado en la pandemia.

 Respecto al acoso en línea, el estudio nacional “Conectadas y Seguras”, elaborado por Plan International Bolivia, revela que el 46% las niñas en algún momento de su vida sintieron este tipo de acoso; además se identificó que la primera vez que fueron víctimas de esto fue a los 13 años, en promedio.

 La temática fue considerada por el contexto de confinamiento a raíz de la pandemia por COVID-19, además del incremento de necesidades de conexión para acceder a la educación.

 A través del estudio se identificó también que el 88% cree que está expuesta a vivir hechos de violencia y acoso digital. Asimismo, el 55% de ellas aseguran que hay más casos en línea que en las calles y, en su mayoría, creen que la plataforma digital en la cual se dan más casos de este tipo es Facebook.

Desde el diario El País saludamos a las mujeres en el Día de la Mujer Boliviana  

Pero a todo lo apuntado debemos sumar otros impactos de la pandemia en las mujeres, pues  la carga laboral para ellas se ha incrementado, primero dentro del hogar con el cuidado y la atención a sus hijos, esposos y otros.

 Sumado a ello está de más decir que este trabajo no está valorado ni social ni económicamente. Añadido a esto, fuera de los hogares, las mujeres también constituyen el mayor contingente que está asumiendo los cuidados en cuanto a sanidad, esto conlleva impactos diferenciados sobre su salud y las expone a un mayor riesgo de contagio.

 Y por si fuera poco si nos centramos en la economía, globalmente las mujeres son más pobres que los hombres y ya están sintiendo los efectos en el ámbito económico y en el mercado de trabajo, también segmentado por género. Las mujeres representan una gran proporción de la economía informal en todos los países y los datos indican que los sectores de la economía más perjudicados por las medidas de aislamiento social afectan de modo importante a las mujeres.

 ¿Qué hacer? Es urgente la participación igualitaria de las mujeres en las decisiones, es fundamental que el enfoque de género sea un elemento central de las políticas de mitigación y recuperación de la crisis.

 Con independencia del sector, la efectiva participación de las mujeres en el trabajo remunerado que se recupere post COVID-19 será necesario para su empoderamiento económico y para la reactivación económica de los países.

 La región tiene la oportunidad de nuevos pactos, nuevas alianzas y nuevas miradas que nos saquen de los retrocesos en el paradigma de la igualdad. No considerar un enfoque de género profundizará las desigualdades con efectos que se prolongarán en el largo plazo y serán difíciles de revertir.


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