Los números del Covid no cuadran en Bolivia

El Ministerio reconoce que se usan pruebas rápidas para diagnosticar, pero insiste en no autorizarlas ni incorporarlas a la estadística. Tampoco quiere explicar los 20.000 muertos en exceso registrados hasta agosto

Pasan las semanas y la información referida al Covid va siendo desplazada por la grotesca campaña electoral, pues parecería que tanto los partidos como el TSE necesitan que la pandemia pase a un segundo plano para que la jornada electoral sea normal y nadie opte por quedarse en casa.

La cuestión es que los números no cuadran desde hace días, tanto en sentido figurado como literal, pues hace tres semanas que Santa Cruz incluyó 1.570 decesos por Covid no detectado y el Ministerio lo incorporó a la estadística sin incrementar el número de casos confirmados y eliminando de un plumazo a 1.570 pacientes activos de la estadística.

El jefe de epidemiología del Ministerio de Salud, Virgilio Prieto, hace días que se convirtió en un activista dejando de lado las prudencias del cargo al tiempo que comentaba anécdotas y se encomendaba a Dios para superar la pandemia. Cuando tuvo que advertir que la curva subía y que septiembre (fecha electoral) iba a ser un desastre, lo hizo. Cuando tuvo que decir que el asunto estaba controlado y que la curva bajaba, también lo hizo.

El viernes, que es el único día que comparece físicamente, aunque sin preguntas, Prieto dijo en el mismo párrafo que la Bolivia salía de la meseta hacia la fase de desescalada, pero que era consciente que la gente se estaba diagnosticando con pruebas rápidas que ellos no autorizaban como método. Para redondear también dijo que las medidas de bioseguridad se habían relajado en exceso y que podría haber “un rebrote”.

Tener datos falsos, simulados, u ocultar deliberadamente el hecho no tiene sentido, pues solo nos lleva a tomar peores decisiones que agraven el impacto de la pandemia.

Tarija es el único departamento que consolida sus resultados de pruebas rápidas en la estadística oficial, lo que ha permitido aislar a muchísimos pacientes más que en cualquier otro departamento. Según Prieto, este mecanismo no está autorizado.

Que las pruebas rápidas se están usando con mayor o menor control en todo el país es evidente. Primero, porque la gente es consciente del colapso en el sistema público y de los problemas que se hacen para optar a una prueba PCR. Segundo porque la prueba rápida cuesta unos 10 dólares y la PCR unos 100, y el sistema de salud no está para muchas alegrías ni para andar botando el dinero. Lo incomprensible es que los casos reactivos en prueba rápida y con síntomas evidentes de la enfermedad no se consoliden y se obligue a una PCR, cara y escasa, solo para ingresar en la estadística, puesto que el tratamiento si se empieza.

El asunto es más grave en el registro de decesos. Los datos del Servicio de Registro Civil (Sereci), han arrojado un exceso de muertos de 20.000 personas hasta el 31 de agosto de este año, de los que solo 5.000 se atribuyen al Covid, aunque no hay que ser un científico avezado para entender a qué se debe el resto. La fórmula de exceso de muertos se utiliza habitualmente para entender la dimensión de un hecho extraordinario: una guerra, un desastre natural o, evidentemente, una epidemia, y todos los países del mundo han reconocido un subregistro en sus decesos.

En Bolivia, sin embargo, el epidemiólogo Prieto remitió una carta cuestionando al Sedes Santa Cruz por haber incorporado el exceso de muertos, y no mueve una ceja para explicar a que se deben los otros 15.000 no atribuidos a ninguna situación, pero que a algo se deben.

La estadística y los datos sirven para tomar mejores decisiones. Esa es la clave. Tener datos falsos, simulados, u ocultar deliberadamente el hecho no tiene sentido, pues solo nos lleva a tomar peores decisiones que agraven el impacto de la pandemia. En algunos lugares se plantea, incluso, si no es delito. 


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