La decisión del COED y la derrota del virus

No hay ninguna evidencia de que abrir los comercios más horas vaya a significar un mayor movimiento económico, porque el problema no es de limitación de tiempo, sino de presupuesto disponible

El Comité Operativo de Emergencia Departamental (COED), debe definir cuáles de las alegres medidas que el Gobierno decretó el pasado jueves pueden aplicarse en Tarija para este próximo mes de septiembre.

Tarija ha atravesado una de sus peores semanas en lo que se refiere a identificación de casos positivos y decesos. Se han registrado casi mil casos semanales a pesar de que la semana empezó más que floja con todas las dudas sobre el manejo de las pruebas rápidas y la falta de reactivos.

El Gobierno, sin embargo, cambió de parecer, y el mes de septiembre, que había descrito como el del pico de la pandemia, el de la hecatombe, y en el que ir a votar era lo mismo que acudir a la cámara de gas, se ha convertido en el primer mes de la postpandemia, liberando prácticamente todas las restricciones salvo las concentraciones masivas para eventos lúdicos o festivos.

España, Francia, Chile, Perú y tantas otras naciones que se declararon vencedoras antes de tiempo han tenido que retroceder en la lucha contra el virus, dejando heridas aún más profundas en su economía

Las medidas anunciadas deben ser matizadas por los COED, a quienes además se les responsabilizará en el caso de que la pandemia se descontrole en el departamento o municipio en cuestión, sin embargo, el rédito político de “abrir la economía” para evitar el “corona hambre” pretende ser capitalizado por el Gobierno.

No hay ninguna evidencia de que abrir los comercios más horas vaya a significar un mayor movimiento económico, fundamentalmente porque el problema no es de limitación de tiempo, sino de presupuesto. La incertidumbre reina en todas las empresas, públicas y privadas, y el consumo se ha racionalizado y la inversión privada diferido hasta mejores tiempos.

Con todo, al COED le van a quedar pocas opciones ante la presión específica que ha incentivado el decreto gubernamental y flexibilizar de alguna manera el horario de cierre, aunque seguramente no hasta las 20.00 horas, como permite el Gobierno. De la misma manera, los vuelos y los corredores comerciales en las fronteras – un eufemismo cualquiera – tendrán que empezar a funcionar.

Con todo, lo importante es recordar que la pandemia no ha terminado. Y que de hecho está muy lejos de terminar, por mucho que a algunos les cuadre electoralmente simular que sí se ha pasado. España, Francia, Chile, Perú y tantas otras naciones que se declararon vencedoras antes de tiempo han tenido que retroceder en la lucha contra el virus, dejando heridas aún más profundas en su economía, como en el caso de la temporada vacacional en Europa.

Las estadísticas en Bolivia están falseadas. Se lo recordaba ayer el secretario de Coordinación de la Gobernación de Tarija, Waldemar Peralta, al candidato vicepresidencial, Samuel Doria Medina, uno de los más efusivos interesados en declarar la victoria contra el virus: Los positivos de pruebas rápidas de rastrillajes no se están consolidando, el número oficial de decesos sigue creciendo y no tenemos idea de cuantos están muriendo por fuera del sistema y, esencialmente, la gente se está buscando la vida.

Es tiempo de actuar con inteligencia, pues cualquier precipitación se puede pagar caro. Los ciudadanos debemos interiorizar y no olvidar las medidas de bioseguridad y la distancia social; las empresas deben garantizar el teletrabajo, o mínimamente la jornada continua; las instituciones también, y proteger además a los sectores vulnerables.

Al virus hay que derrotarlo, no ignorarlo.


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