El estupro, lo privado y lo político
El MAS tiene legítimo derecho a señalar que el asunto tiene intencionalidad política, pero se equivoca al indicar que el asunto corresponde a la vida privada del expresidente, porque hace tiempo que la violencia hacia la mujer es perseguida por el Estado de Derecho
Estamos a dos meses de la cita electoral, y teniendo en cuenta que la más sonora de las derrotas del Movimiento Al Socialismo, la del referéndum de 2016, se dio en mitad de otro escandaloso asunto de faldas, nadie puede obviar este contexto de las actuales denuncias que tienen al expresidente Evo Morales en el centro de la polémica.
La de entonces tomó ribetes de telenovela, y aunque lo grosso eran los suculentos contratos públicos que la amante Gabriela Zapata había gestionado para la empresa china CAMC, la atención se fue sobre el hijo no nato que Álvaro García Linera aseguró Morales había tenido entre sus brazos.
Nadie entonces indagó demasiado en las edades de Gabriela Zapata, aunque la historia vino a sumar a las decenas de rumores sobre las filiaciones sexuales del entonces Presidente. El escándalo actual es diferente, porque se trata de una niña de 19 años y demasiado material filtrado y expuesto en actitudes demasiado cariñosas.
Hay pocas dudas de que la Policía, bajo las órdenes del Ministerio de Gobierno que dirige Arturo Murillo, filtró la información convenientemente obtenida a un medio español con el objetivo de lograr la mayor repercusión mediática posible. Tampoco hay dudas de que lo está logrando.
Sí hay más dudas sobre la forma en que se obtuvo esa información por las inconsistencias en los informes y expedientes policiales con los datos cronológicos del mismo hecho, pero eso parecen detalles menores cuando de lo que se trata es de buscar la condena social.
Casi todo el material expuesto data del último año, es decir, cuando la joven ya era mayor de edad. Tanto los pasajes de avión a México y Buenos Aires, como las conversaciones en chat, como la “foto de los pies” o el sacrílego video en el que le entrega una botella de agua durante un partido de fútbol en Buenos Aires. Con todo, hay fotos que datan de años anteriores y sobre todo, un video en el que la propia implicada habla de los cinco años desde que se conocen.
Las lecciones del caso Zapata han llevado al MAS a ser mucho más prudente en este caso, pues nadie sabe qué más información contendrá ese teléfono ni si habrá alguien en la faz de la tierra que pueda impedir que se difunda por muy ilegalmente que se haya obtenido o por muchos derechos que tenga la menor afectada.
Hay pocas dudas de que la Policía, bajo las órdenes del Ministerio de Gobierno que dirige Arturo Murillo, filtró la información convenientemente obtenida a un medio español con el objetivo de lograr la mayor repercusión posible
El MAS tiene legítimo derecho a señalar que el asunto tiene intencionalidad política, pero se equivoca al indicar que el asunto corresponde a la vida privada del expresidente, porque hace tiempo que la violencia hacia la mujer ha dejado de ser un asunto privado para ser un asunto político y público perseguido por el Estado de Derecho.
El cambio de perspectiva ha sido una de las banderas de la lucha feminista para eliminar las condiciones de desigualdad. Los abusos y las relaciones de sometimiento, que es lo que al final pena el estupro, no son cosas que desaparecen al cerrar la puerta ni al mirar hacia otro lado.
Cuesta creer que nadie en el entorno del expresidente le hiciera frente en este contexto. Cuesta creer que todo un partido, un gobierno e infinidad de agentes sociales miraran para otro lado. Por eso, y aún con la presunción de inocencia intacta, la explicación concisa parece ineludible.


