6 de Agosto, el desafío de seguir unidos
La pandemia ha vuelto a evidenciar las ausencias de un Estado a medio construir que demasiadas fuerzas se empeñan en derribar, pero también que nadie va a venir nunca a solucionar nuestros problemas
La efeméride nacional llega en un momento extremadamente delicado. Un virus que salió de China y se convirtió en pandemia está arrasando el país, pero nuestros “líderes” políticos se ocupan más de su eterna campaña y disputa electoral partidaria que de realmente atajar un problema que amenaza los cimientos de la sociedad.
Bolivia está ya entre los diez países del mundo más afectados por la pandemia, es decir, 7.186 bolivianos por millón padecen el virus, y, aun así, la sensación de que esto recién ha comenzado es permanente.
Entroncado en ese pesimismo nacional que tanto daño ha hecho al país a lo largo de los siglos se encuentra esa especie de resignación a vivir de crisis en crisis. De ahí que se ha generado toda una actitud vital de supervivencia, renunciando tantas veces a los sueños y ambiciones individuales y colectivos por ese sentimiento fatalista.
El choque de trenes entre las víctimas de una economía destruida era inevitable: miles de proyectos paralizados, fuga de divisas, empleos destruidos, familias rotas víctimas del virus o de la cuarentena y un largo etcétera de urgencias que cinco meses acumulan
Nos encontramos hoy enfrascados en la enésima crisis nacional de origen común a los países vecinos, pero difícilmente homologable. La preocupación, claro, es relativa, porque ya hemos salido de tantas que se pierde la cuenta, pero la proyección, sin embargo, es distinta.
El Covid 19 ha llegado a descubrir todas las miserias de nuestro sistema de salud, de nuestras carencias sanitarias, de nuestras pulsiones individualistas y de nuestros egoísmos. Ha llegado y se ha instalado sobre una crisis política irresuelta y una incertidumbre económica sin parangón, a la que no ayuda un Gobierno sin legitimidad, que ha preferido siempre levantar las manos ante las complicaciones y mirar para otro lado ante los escándalos, sin dejar por ello de velar por sus intereses electorales.
El choque de trenes entre las víctimas de una economía destruida era inevitable: miles de proyectos paralizados, fuga de divisas, empleos destruidos, familias rotas víctimas del virus o de la cuarentena y un largo etcétera de urgencias que cinco meses acumulan. Con todo, la instrumentalización político – partidaria del descontento la ha desdibujado.
La pandemia ha vuelto a evidenciar las ausencias de un Estado a medio construir que demasiadas fuerzas se empeñan en derribar, pero también que nadie va a venir nunca a solucionar nuestros problemas.
Es 6 de agosto y siempre es buen momento para recordar a nuestros héroes y preguntarse qué harían en una circunstancia como la actual. En un pulso que tiene poco que ver con el de hace casi dos siglos salvo por la obvia voluntad de todos de habitar en esta tierra.
No hay duda de que somos los bolivianos los que debemos encontrar una salida para mantenernos unidos, y la salida, evidentemente, pasa por las ánforas. Por el ejercicio democrático que fundamente la convivencia de todos en este espacio común que se llama Patria. No conviene que nadie lo olvide.
Feliz 6 de Agosto


