La pandemia de los más débiles
La pandemia, o la forma en que se plantea su resistencia, hace aflorar los instintos de supervivencia, las apelaciones a la Ley del más fuerte y, al final, el egoísmo intrínseco, pero en realidad, solo saldremos entre todos
En el Hogar de Ancianos Teresa Jornet se masca la tragedia y no por ser alarmistas ni por señalar a nadie, sino porque el virus, cada vez más subestimado, es inclemente. En todos los países del mundo ha habido complicaciones en las Residencias de personas de la tercera edad, pues son las personas más vulnerables al virus de acuerdo a todas las estadísticas que está dejando el Covid-19.
El Hogar de Ancianos es una de esas instituciones que a pesar de tener un marco institucional definido, acaba dependiendo más de la caridad que de la contribución. La gestión por parte de la Iglesia viene a suplir aspectos que de otra forma serían imposibles de cubrir, pues más de un centenar de ancianos buscan allí el último rincón de paz para acabar su andadura por la vida.
El trabajo de las hermanas que administran el lugar es encomiable, y también de los muchos voluntarios “civiles” que por años han contribuido a convertir el asilo en un Hogar. Nadie duda de que se hayan puesto en marcha todas las medidas de bioseguridad y de que se hayan aplicado los protocolos con la mayor rigidez, pero el virus ha acabado entrando a un espacio del que resulta difícil sacarlo.
El episodio nos debe servir para recordar que el virus y la emergencia no han terminado. El fin de semana se registró el día con mayor identificación de casos positivos en el mundo, y no porque en Europa estén queriendo cantar victoria – con todas las reservas por los rebrotes – quiere decir que en el resto del mundo se haya llegado siquiera a una especie de control.
El asunto es peor en los países con alta economía informal, como Bolivia, y que además aplicaron una cuarentena extremadamente rígida al principio, dilapidando los pocos ahorros y la poca paciencia de los ciudadanos más humildes.
El virus sigue presente y mata, y lo hace especialmente entre la gente más mayor y entre la gente con enfermedades de base. Cualquier descuido puede ser letal, pero al final, es la responsabilidad personal la única que ofrece garantías, y no siempre suficientes.
En Bolivia las cifras están disparadas en gran parte de los departamentos, y solo el Beni parece dar muestras de control pese a una radical caída de test realizados diariamente. Santa Cruz atraviesa un bache producto de la falta de reactivos para las pruebas, no por falta de enfermos. En La Paz se ha disparado, como era razonable, y se sospecha que su índice de letalidad está siendo mal contabilizado. En Pando depende del día que llegan los reactivos, como en Potosí, y en Oruro, el primer departamento que padeció la pandemia, el goteo sigue constante.
La pandemia, o la forma en que se plantea su resistencia, hace aflorar los instintos de supervivencia, las apelaciones a la Ley del más fuerte y, al final, el egoísmo intrínseco, pero no debemos olvidar que el éxito de una sociedad se basa en la solidaridad y en ser capaces de proteger a los más débiles. Es tiempo de reflexionar, pues de esta, solo saldremos entre todos.
DESTACADO.- El trágico episodio en el Hogar nos debe servir para recordar que el virus y la emergencia no han terminado.


