Adecuarse a la nueva realidad profesional

Bancos, instituciones públicas y grandes empresas de servicio deben desarrollar los sistemas para evitar el contacto físico y las filas, que ya no solo son molestia, sino riesgo para la salud

Llevamos ya cuatro meses largos de pandemia, y aunque las cuarentenas son un relajo considerable, la mayor parte del día hay restricciones de circulación y la mayor parte de la gente se queda en casa.

Las restricciones han tenido un efecto evidente en la economía corriente, pero también la va a tener en la macroeconomía por la cantidad de sueños, gastos e inversiones que se paralizan en un contexto de incertidumbre.

No se trata pues de dejar salir a la calle, sino de cómo afrontamos el retorno a una normalidad que de momento, mientras el miedo y la muerte sigan golpeando las puertas, tiene poco de normalidad. En cualquier caso, dejar de trabajar no es una opción para las familias.

Por lo general, la empresa privada se ha acostumbrado mejor a las nuevas condiciones laborales que la empresa pública. La mayoría apenas paró al principio, cuando se impuso aquella cuarentena nacional con ningún caso en Tarija, y apenas lo hizo después en las dos semanas de encapsulamiento.

La nueva realidad se trata, fundamentalmente, de minimizar el contacto entre personas, pero eso no significa únicamente cargarse de barbijos, caretas y vidrios separadores

El delivery y la entrega a domicilio de casi cualquier producto imaginable era ya común mucho antes de que algunos se dieran cuenta y trataran de regularlo, pero no se trata solo de actividades comerciales. Colegios, universidades, las pocas fábricas presentes, etc., encontraron protocolos de bioseguridad y aceleraron sus nuevos procedimientos para incorporar el teletrabajo de una forma que no se podía imaginar a principios de año.

No se puede decir lo mismo de la institución pública que, sin generalizar, pero con poquísimas excepciones, todavía anda buscando la manera de acomodarse a las nuevas demandas de la ciudadanía, que ya no está dispuesta a tolerar filas eternas o “vuelva usted mañana” o falta tal o cual papelito o fotocopia.

La nueva realidad se trata, fundamentalmente, de minimizar el contacto entre personas, pero eso no significa únicamente cargarse de barbijos, caretas y vidrios separadores, sino, sobre todo, de anticiparse a las demandas y facilitar la atención en línea, tanto si es servicio social como si es atención de trámites que requieren información transparente y clara.

El pago de servicios es otra carencia y sus responsables no están siendo capaces de adecuarse a la nueva realidad a la velocidad que se necesita, aunque es cierto que en gran medida depende de las determinaciones de Impuestos, y de los bancos.

Bancarizar el país es un desafío que ni unos ni otros han querido afrontar nunca, pero que sin embargo no puede esperar más. Escenas dramáticas como las de cientos de ancianos haciendo fila en horas de la madrugada de invierno para cobrar un mísero bono o filas eternas alrededor de las grandes telefónicas del país, que apenas dan solución a los reclamos por teléfono son cosas que no deberían volver a suceder.

Tal vez alguien pensó que la crisis pasaría pronto, y tal vez lo siga creyendo aunque nada parezca respaldarlo. Es urgente y demandable que los bancos y las instituciones públicas se adecúen a la nueva realidad, y que no haya vuelta atrás.


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