Covid en Bolivia: Serán más de 130.000
Pese a que el argumento para tumbar las elecciones del 6 de septiembre pasa por la cifra proyectada con dos meses de anticipación, nadie puede argumentar que ese será el pico final ni que la pandemia vaya a remitir después
El debate sobre la conveniencia o no de la fecha electoral se basa en argumento especulativo, que además no es cerrado. Los que no quieren que haya elecciones el 6 de septiembre dicen que entonces habrá 130.000 positivos en el país y que, por lo tanto, no conviene hacer unas elecciones donde la gente esté más preocupada por su salud que por su Gobierno.
En este argumento hay dos asuntos inquietantes. El primero es que se haya precisado el cálculo dos meses antes y nadie haga nada para evitarlo. El segundo es que todos se cuidan muy mucho de decir que ese será el pico de la pandemia, pues con toda probabilidad, la misma seguirá creciendo una vez llegado a un número de positivos inabarcable e inatendible en el sistema de salud.
Hace unos meses, los números parecían imposibles. En las últimas semanas ya no. El número de pruebas se ha elevado a cerca de 2.500 y quedan 54 días para el 6 de septiembre. Si la tasa de positividad continúa por encima del 55%, como ha pasado en las dos últimas semanas, sí es posible rondar esa cifra de casos confirmados en septiembre, pues apenas faltan 80.000.
Tal vez no se alcance porque el número de pruebas es realmente bajo – hay países que hacen hasta 20.000 al día –, porque quiebre el suministro, como ya parece que está pasando, y porque en Bolivia empiezan a operar redes al margen del Estado que manejan la enfermedad en privado, desde laboratorios hasta profesionales de salud y que no están reportando a las estadísticas oficiales.
Mientras las cifras crecen, el Estado está inerte. Incapaz de aportar soluciones, de imponer restricciones o brindar ayuda para que realmente la gente pueda cuidarse y no lanzarse a la calle a ganarse el pan de cada día. La forma en la que los países que han enfrentado con relativo éxito la lucha contra el virus evidencia que implementar el testeo rápido y hacer un seguimiento estricto de los contactos de cada positivo es más importante que cualquier otra cosa. Sin embargo, en Bolivia apenas se ha intentado de forma sistemática en algunas ciudades y departamentos, entre ellos Tarija.
En estos momentos, luego de que se haya alentado el retorno a la normalidad de forma acelerada, es evidente que llegar a los 130.000 contagios es solo cuestión de tiempo y de disponibilidad de pruebas, porque el virus no se va a extinguir por sí mismo de aquí a septiembre, pero tampoco de aquí a noviembre o enero si es que nadie hace nada por evitarlo.
En estos momentos, utilizar la mentada cifra para demonizar una cita electoral ya aplazada en mayo - y que visto lo visto, había resultado ser la mejor fecha posible – parece esconder otras intenciones menos democráticas.
Es verdad que lo urgente es la salud, pero de nada sirve el eslogan si detrás no hay un trabajo real y coordinado entre instituciones para enfrentar la situación. Todo lo demás es una especie de cuanto peor mejor con un objetivo que no tiene nada que ver con la salud, sino con lo político.
Lo urgente es la salud, pero hay tiempo para tomar decisiones e implementar acciones que, sin embargo, no se están tomando


