Covid en Tarija: El que se asuste, pierde
Tras el incremento de casos, existe la tentación de pararlo todo. De sentarse a esperar. De creer que rebajando las cifras se reducirá el alarmismo y todos saldrán mejor parados. Pero engañarse solo llevará al dolor
Agotados del Covid y de la cuarentena infinita, Tarija enfrenta estas semanas sus momentos decisivos en el incremento de las curvas y tendencias de infectados, y de fallecidos. Del éxito o fracaso de estas semanas depende que la enfermedad pueda controlarse, como han hecho ya muchos países en el mundo, o que se desate sin posibilidades de atajarla.
La diferencia entre una cosa y la otra no son unos cuantos miles de “resfriaditos”, que decía aquel, sino una buena cantidad de cadáveres y familias afectadas. Tarija ha superado los 1.500 contagios y se acerca al medio centenar de fallecidos, y solo en lo que llevamos de julio se ha sumado la mitad del acumulado.
El incremento de casos es el resultado de los operativos de rastrillaje con test rápidos, que están estresando el sistema de salud y llevando al límite la capacidad del laboratorio, pero que es algo absolutamente necesario. Lo que se sabe del virus - que es aún poco hasta ahora – es que es altamente contagioso, y que cuanto antes se identifique a un portador y se le aísle, antes se podrá neutralizar esa cadena que tanto daño está haciendo a la salud y a la economía.
El Gobernador Adrián Oliva debe intervenir y zanjar el debate de la estrategia, pues el objetivo es ineludible y no se podrá alcanzar en medio de una guerrilla infructuosa
La situación que vive el país tiene que ver con la indefinición inicial sobre el rastreo, que se mantiene, y el establecimiento de una absurda cuarentena rígida que acabó por agotar los ahorros de las familias. En Tarija, sin embargo, las autoridades parecen decididas a no cometer el mismo error y, que se sepa, se han puesto a disposición del equipo médico todas las posibilidades de rastreo: de pruebas rápidas a software especializados, además de recursos para personal y demás.
Mientras tanto, en el Servicio Departamental de Salud y el Hospital Regional San Juan de Dios se han desatado vergonzantes luchas de poder en el momento más inoportuno. Acusaciones de caudillismos, de titeretismo, de negocios turbios, de enriquecimiento ilícito, de comercio de pacientes y un largo etcétera de asuntos que, sin duda, merecen una ardua e implacable investigación, pero que en este momento no puede desviar la atención de la emergencia sanitaria en la que vivimos.
El mundo entero vive la peor emergencia sanitaria en décadas, y no es tiempo de pararse a ajustar rencillas y celos o aplacar egos. El Sedes tiene la obligación de enfrentar la pandemia. Tiene la obligación de explorar y explotar todas las posibilidades a su disposición.
Existe la tentación de pararlo todo. De sentarse a esperar. De creer que rebajando las cifras se reducirá el alarmismo y todos saldrán mejor parados. Existen también las excusas, los duelos territoriales, las parcelas de poder. Existen cosas que se toleran anormalmente en tiempos de normalidad, pero que no deben tener un centímetro de cabida en este momento.
Cambiar de estrategia a estas alturas, con la cuarentena inexistente, es condenar a Tarija al dolor. El Gobernador Adrián Oliva debe intervenir y zanjar esta cuestión, pues el objetivo es ineludible y no se podrá alcanzar en medio de una guerrilla infructuosa. El que pueda aportar, que aporte. El que no, que se retire.


