Covid-19: Tarija sí puede
El encapsulamiento va a servir para testear e identificar enfermos, para ganarle tiempo al virus y sus contagios, no para perder el tiempo como se hizo en otras ciudades. Todos debemos colaborar. Tarija puede salir victoriosa del desafío
Frente a una Presidenta como Jeanine Áñez, que augura 130.000 contagios de coronavirus para el 6 de septiembre sin mover una ceja y cuya gravedad no sirve para otra cosa que para tratar de denostar unas elecciones cada vez más necesarias, en Tarija rige un consenso institucional con la hidalguía suficiente como para pararse ante el virus y mostrar resistencia.
El temido virus llegó al país el 10 de marzo luego de dos meses dando tumbos por todos los continentes. Era obvio que iba a llegar, pero algunos se hicieron los sorprendidos. Han pasado tres meses y diez días y hemos escuchado poco más que excusas a diario: todos los países han sido desbordados, solo queda esperar la vacuna, todos nos vamos a infectar, etc., peroratas de gente sin carácter que apenas quiere vivir.
En estos tres meses y diez días ha regido en todo el país una cuarentena dictada desde el nivel nacional que ha servido más bien para poco salvo para agotar al personal. La negativa a dar explicaciones por parte del Gobierno, que hasta hoy no tiene un vocero acreditado más allá del pintoresco Virgilio Prieto, jefe de epidemiología del Ministerio de Salud, que se limita a leer datos los viernes y contestar alguna pregunta amable en Bolivia TV, se ha convertido a día de hoy en desesperanza, y para un país que nunca le ha temido a la muerte no es ninguna buena señal.
En estos tres meses y diez días ha regido en todo el país una cuarentena dictada desde el nivel nacional que ha servido más bien para poco salvo para agotar al personal. En Tarija, por lo menos, tenemos un plan
La cuarentena no sirvió para nada porque no se aumentaron las capacidades de los hospitales ni las capacidades de rastreo en todo el país. Con todo, a la hora de la verdad, cuando las papas quemaban, el Gobierno se sacudió la responsabilidad dejando a las Gobernaciones y Alcaldías en apuros. Ningún país ha hecho algo así. Ni siquiera el muy autonómico Gobierno de España, cuya estabilidad depende de partidos nacionalistas, ha dejado la última palabra en manos de las regiones.
La espantada ha pillado a la mayor parte de los gobiernos subnacionales en pañales, pero en Tarija, dónde tanto nos gusta lamentarnos y cuestionar nuestro propio destino, las capacidades médicas a cuenta propia han incrementado ligeramente, y también la capacidad de rastreo. ¿Es suficiente? Por supuesto que no.
Tarija entra esta semana en encapsulamiento por consenso de la Gobernación, los alcaldes, la Asamblea Legislativa Departamental y los sectores sociales, salgo algunos como la Caincotar, muy acostumbrada a oponerse a todo. A diferencia de lo que han hecho otras regiones que se encapsularon para ver pasar el tiempo, en Tarija se van a aplicar 10.000 test rápidos, técnicas de rastreo vía software que ojalá funcionen como deben y rastreos inteligentes, no eso de ir “casa por casa” a ciegas.
Volviendo a España, un país que decretó su estado de alarma una semana antes que en Bolivia y solo cerró su actividad no esencial durante dos semanas en Semana Santa, ya ha implementado su “nueva normalidad”: Ha pasado de mil muertos al día en la cresta de la ola a apenas veinte en una semana y 140 contagios.
No es verdad que sea tarde, porque los casos ya han madurado. No es tampoco pronto. Es el momento. Es tiempo de priorizar la vida, que también es priorizar la economía como indica la edad media de los fallecidos y la cantidad de hogares desestructurados que está dejando la pandemia. Es la hora de la verdad. Es la hora de cumplir. Es la hora de apretar los dientes. Es la hora de sacarlo adelante. Tarija puede. Sí puede.


