Lo que los bancos en Bolivia no han querido hacer por esta pandemia

Bolivia ha crecido a pesar de su sistema financiero, que en líneas generales no cree ni en sus empresas ni en su gente y limita cualquier posibilidad de crecimiento, modernización o expansión

Se cumplen hoy tres meses cabales desde que se detectaron como positivos los dos primeros casos de coronavirus en Bolivia, y casi dos meses desde que la presidenta Jeanine Áñez anunció las primeras medidas a favor de empresas y asalariados, que como los bonos anteriormente dispuestos, debían canalizarse a través del sistema financiero regular.

Casi todos los sectores productivos en el país han reaccionado como se esperaba, sacando lo mejor de sí mismos en favor de la situación de emergencia, sea produciendo alimento más rápido o más barato; sea guardando sus flotas sin protestar; sea donando aunque sean excedentes, como sea. Mientras tanto, el sistema bancario se ha caracterizado por las largas filas incluso de ancianos en sus puertas o por el celo burocrático a la hora de operar los escasos decretos que de alguna forma se han puesto en marcha en el país para ayudar a los asalariados y empresas.

Mientras casi todos los rubros serán recordados por haber hecho esfuerzos en uno u otro sentido, el financiero se recordará por las grandes filas y las pocas soluciones tecnológicas acordes al confinamiento

El lunes, el presidente de los empresarios tarijeños, Marcelo Romero, lamentaba que apenas el 4% de las empresas se están pudiendo acoger a los planes de Salario y Empleo, uno destinado a garantizar una parte del pago de salario de los empleados y otro a garantizar el funcionamiento de las empresas en estos tiempos de dificultades. ´

El decreto pone la condición de estar al día en los aportes a la AFP, como es de recibo, pero entre la ASFI y los privados han aprovechado para incluir otras limitaciones, algunas absurdas como tener un histórico crediticio que elimina, por ejemplo, a las empresas que nunca han necesitado acudir al financiamiento bancario.

Ya desde el anuncio de los bonos el asunto se puso complicado. Los bancos, a pesar de tener todas las posibilidades, redujeron al mínimo sus oficinas abiertas, obligando a miles de personas de la tercera edad a desplazarse hasta la extenuación para acceder al mínimo beneficio.

Hasta hoy, las filas siguen y los pagos rurales resultan una quimera. La modernización de la banca no ha pasado por Bolivia, que sigue culpando a sus clientes prácticamente de ignorante, en lugar de dar verdaderas facilidades para que se utilice. Esta pandemia era también un buen momento, pero no, incluso jóvenes y madres tecnológicamente avanzadas han tenido que hacer estoicamente su fila para cobrar un bono mínimo que perfectamente podía haber sido depositado en su cuenta.

Los servicios online y los pagos con tarjeta siguen siendo una especie de tabú, casi nunca implementados por defecto, casi siempre rogando como quien recibe un favor, siempre costosos para el usuario y para la empresa. En plena pandemia, cuando el mundo entero se ha movido gracias a la banca online, en Bolivia los deliverys han seguido actuando a la buena fe y cualquiera que quiera implementar un servicio con pago en línea padece las de Caín.

Los bancos han ganado como nunca en la última década, pero con el modelo de siempre de créditos caros y confianza nula. Bolivia ha crecido a pesar de su sistema financiero, que en líneas generales no cree ni en sus empresas ni en su gente y limita cualquier posibilidad de crecimiento o expansión. Ojalá la pandemia traiga también una renovación en estos conceptos y las familias y los emprendedores encuentren el respaldo para salir adelante, pues en una crisis de largo plazo, al final, siempre acaban ganando los mismos.

 


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