La desazón del Ministerio de Salud

Ni aunque todos los días salgan el 100% de pruebas positivas se llegará a 100.000 casos en julio, salvo que se aumenten los test. Cabe advertirlo ahora, sea cosa que luego alguien crea que se han hecho tan bien las cosas que no se ha alcanzado la famosa cifra.

Si a Aníbal Cruz parecía que le faltaba empuje y a Marcelo Navajas parecía que le importaba un comino, poco parece haber cambiado con la nueva Ministra de Salud, María Eidy Roca de Sangüeza, quien en su primera intervención volvió a reiterar la incapacidad del Gobierno para controlar la situación, dejando prácticamente a la suerte de Dios no solo la evolución de los casos de coronavirus en el país, sino también la provisión de ítems e incluso la posibilidad de organizar mínimamente una estrategia de atención médica.

Roca empezó mal, pues auguró que llegaríamos a 100.000 contagios en julio con la misma tranquilidad que quien advierte un resfrío. Su antecesor, Marcelo Navajas, también lanzó una de esas proyecciones a principios de mayo. Navajas advirtió 10.000 casos a final de mes “si nos va bien”. Lo cierto es que faltaron 18 para esa cifra, pero nunca se hubiera conseguido de no haberse elevado el número de pruebas, y especialmente, el porcentaje de “acierto”: en la última semana casi el 50% de las 1.200 pruebas de media que se hicieron cada día fueron positivas. Un porcentaje que no resulta nada alentador.

Ya el Ministro Cruz, y sobre todo, el flamante embajador de Ciencia y Tecnología – hoy desaparecido – Mohammed Mostajo, auguraron en abril que el país llegaría a hacer 1.300 pruebas al día. Hoy por hoy se encuentra en esos promedios. Pero con esos promedios, ni aunque todos los días salgan el 100% de pruebas positivas se llegará a 100.000 casos en julio. Cabe advertirlo ahora, sea cosa que en julio alguien crea que se han hecho tan bien las cosas que no se ha alcanzado la famosa cifra.

La Ministra vino a insistir en que la evolución de la enfermedad no está en sus manos sino en la de los Gobiernos Municipales y Departamentales. Curiosamente, mientras estos piden más recursos para ello y Áñez opta por “ahorrar”, ella crea tres nuevos viceministerios

a Ministra eludió de todas las formas posibles hacer compromisos sobre el equipamiento que se requiere en los hospitales. No dijo nada sobre los famosos 500 respiradores que según Mostajo no eran los españoles y que ya van casi tres meses de su promesa y nunca llegan. La cifra a tomar en cuenta hasta julio no será tanto la de positivos sino la de fallecidos, y aquí cabe tomar muchas precauciones sobre lo que va a pasar en los cementerios comunales y otros espacios.

La falta de liderazgo del Ministerio ha sido una constante desde el comienzo de la crisis, y se ha alargado ya con tres ministros. Es conocido que la cuarentena total con 27 infectados la impusieron los políticos, que veían mucha presión en las redes sociales por tomar medidas. El resultado es conocido: la gente se ha agotado y la economía también, y de nuevo los políticos han decidido sacar a la gente a la calle – mini buses y aviones incluidos – mientras los médicos callan y cruzan los dedos.

La Ministra llegó a pedir a los especialistas que “vayan a las zonas de conflicto” asegurando que se les contratará, y también llegó a rogar a los pacientes recuperados - en hospitales públicos y con recursos públicos - que donen como si de caridad se tratara. En ambos casos se extraña un liderazgo que movilice los recursos suficientes, y sobre todo en el tema de donaciones, que se establezca un sistema serio supervisado médicamente que garantice que el plasma llegue a los pacientes más necesitados y con más posibilidades y no a quienes puedan pagar por él. Cuestión de enfoques.

En cualquier caso, la Ministra vino a insistir en que la evolución de la enfermedad no está en sus manos sino en la de los Gobiernos Municipales y Departamentales. Curiosamente, mientras estos piden más recursos para ello y Áñez opta por “ahorrar”, ella crea tres nuevos viceministerios. Seguramente muy útiles, no “absurdos”.

El sálvese quien pueda no debería ser una opción, pero los responsables llamados por Ley a marcar la pauta parecen más desnortados que nunca.


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