La paciencia con la cuarentena, clave en la lucha contra el Covid
En Tarija llevamos 80 días de sacrificio como para tirarlos por la borda por no esperar unas semanas más justo cuando los casos empiezan a subir en todo el departamento
A estas alturas del mes de junio, dos meses y 20 días después, el Gobierno no ha sido capaz de articular una estrategia común para hacer frente al coronavirus. Ensayó una cuarentena precoz, cuando apenas había 27 casos en el país, pero no vino acompañada de las acciones médicas suficientes – tampoco económicas – que permitieran atajar el virus en sus inicios.
Lo que sí ha hecho, en plena subida de casos, es levantar las manos de la cuarentena, dejando toda la responsabilidad a alcaldes y gobernadores a quienes les exige “planes de mitigación” sin acompañar de un presupuesto o tan siquiera una promesa del mismo, mientras que el Gobierno sí ha captado donaciones y utilizado otros mecanismos cuestionables para proceder a algunas compras, pocas, pues la más sonada de todas es la de los fallidos respiradores españoles por los que quisieron pagar cuatro veces más de lo que costaban.
La levantada de manos se podía haber encajado si no fuera porque de verdad, parece que el Gobierno en sí se ha propuesto llevar el riesgo al límite, como si Bolivia fuera Suecia y pudiéramos vender como éxito 3.000 muertos “porque salvamos nuestra economía”, que es lo que los escandinavos están haciendo sirviendo de ejemplo a aquellos que hablan de “cuidarse cada uno”.
El Ministerio de Obras Públicas es quien ha impulsado personalmente el retorno de los minibuses a las calles de La Paz y El Alto, y también el retorno de los vuelos departamentales, dándose el lujo, además, de cuestionar a los Servicios Departamentales de Salud por no prever las medidas de seguridad que de todas las maneras deberían cubrir las aerolíneas.
El decreto que rige en junio, en su artículo 2, da por concluida la emergencia sanitaria para dar paso a una fase de mitigación y otros eufemismos, lo que tiene implicaciones en el pago de servicios y otras medidas sociales
Además, el decreto que rige en junio, en su artículo 2, da por concluida la emergencia sanitaria para dar paso a una fase de mitigación y otros eufemismos. La redacción es violenta, pues mientras se firmaba, “la curva” seguía en crecimiento exponencial como para dar por terminada la emergencia, pero además tiene una serie de aplicaciones prácticas que perjudican al ciudadano, por ejemplo, en lo que se refiere al pago de créditos, aplazamiento de pago de servicios básicos o la prohibición del corte del servicio. En la propia Asamblea Plurinacional se discute pausar la confiscación del 12% de los recursos de IDH a Alcaldías y Gobernaciones mientras dure la emergencia médica, emergencia que sin embargo, ha terminado.
Los resultados ya son elocuentes, y todo parece que se va a poner peor. En Cochabamba los casos ya rondan el centenar diario y en La Paz van por el camino, pero con una diferencia sustancial: mientras en Santa Cruz y Beni hay muchos identificados preventivamente, mediante el seguimiento de contactos, en las otras grandes capitales los casos “aparecen” en los hospitales porque ya están en estados graves. De ahí las tasas de mortalidad elevadas.
En este contexto, a Tarija no le queda otra que tomar sus propias precauciones y ser muy proactivos en la búsqueda de los casos. Cerrar las fronteras, prohibir los vuelos, evitar las aglomeraciones, etc., son elementos básicos. La Gobernación ha tomado decisiones adecuadas y también los alcaldes, no es tiempo de cálculos sino de apoyar. Llevamos 80 días de sacrificio como para tirarlos por la borda por no esperar unas semanas más justo cuando los casos empiezan a subir.


