Covid: Asumir el fracaso, planificar la crisis

El análisis de datos de hace tres semanas e incluso el del último fin de semana indicaban que difícilmente se iba a acabar mayo con 10.000 infectados, una cifra que lanzó en la cámara de Diputados a principios de mes el exministro de Salud Marcelo Navajas y que no dejó indiferente a...

El análisis de datos de hace tres semanas e incluso el del último fin de semana indicaban que difícilmente se iba a acabar mayo con 10.000 infectados, una cifra que lanzó en la cámara de Diputados a principios de mes el exministro de Salud Marcelo Navajas y que no dejó indiferente a nadie.

A tres días de fin de mes, nos vamos a quedar mucho más cerca de lo que se estimaba básicamente porque se han aumentado las pruebas: de las 300 que se hacían a principios de mes a un promedio de 800 diarias en la última semana, y porque se ha elevado el porcentaje de positivos que son identificados entre el total de pruebas.

Ni un dato ni el otro es bueno, y no llegar a 10.000 positivos no tiene que ver con que “nos ha ido bien”, como quiso decir Navajas de forma optimista en aquella alocución. Básicamente no llegaremos porque no se están realizando las 1.300 pruebas diarias que el Gobierno ha comprometido en varias ocasiones sin que realmente se logre esa cifra.

1.300 pruebas diarias es una cantidad minúscula en comparación con lo que maneja Perú, Chile o Brasil, y también Argentina. Con todo, hubiera servido para estabilizar y poder hacer proyecciones sobre datos estándar y no intuiciones.
En mayo hemos pasado de 1.229 casos a los 7.500, es decir, un crecimiento del 600% en casos positivos. Sin embargo, hemos pasado de realizar 424 pruebas diarias el 1 de mayo a las 866 del martes
Aun así, en mayo hemos pasado de 1.229 casos a los más de 7.500, es decir, un crecimiento del 600% en casos positivos. Sin embargo, hemos pasado de realizar 424 pruebas diarias el 1 de mayo a las 866 del martes, es decir, poco más del doble. Los lugares más afectados como el Beni y Santa Cruz, prácticamente obtienen positivos en el 60 o 70 por ciento de los casos, algo que la OMS considera preocupante.

Cualquier estudiante de medicina puede explicar que la lucha contra el coronavirus en Bolivia no va bien, y que obviamente eso no tiene que ver ni con las comparaciones de números en bruto con países del entorno, ni con la excusa fácil de que “ningún Estado ha podido con la pandemia”.

Del fracaso de la estrategia médica nadie se quiere hacer cargo. De la económica tampoco. Ambas están íntimamente relacionadas, por lo que corresponde exigirlas al más alto nivel. Después de dos meses y medio de cuarentena asfixiante los casos no paran de crecer, pero además, al Gobierno no se le está ocurriendo otra cosa que alentar la flexibilización incluso en el transporte público y analizar una nueva modalidad a partir del 1 de junio.

El sacrificio de los ciudadanos no ha servido para nada, básicamente porque mientras unos aguardaban en casa los otros rechazaban pruebas rápidas y otros métodos urgentes, y se dedicaban a planificar negocios más o menos turbios como las contrataciones de hoteles y las compras de respiradores, sobre lo que no vale la pena extenderse.

Ahora, en pleno crecimiento exponencial y cuando los datos de casi todos los departamentos despiertan recelos, sobre todo de Cochabamba y La Paz, muy concentrados en que todo esté bien, Bolivia se encamina hacia una apertura sin tomar en cuenta ningún indicador de la OMS – número de camas, de médicos, de pruebas diarias, etc., - para que así se haga. El Gobierno debe asumir las riendas y dejar de escudarse en Gobiernos Municipales por intereses de otra índole. Es el momento de la verdad. Es el momento de evitar los “muchos muertos”.

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