Bolivia y los responsables de su “nueva normalidad”
Mientras el “caso respiradores” se enreda entre “testigos clave” y supuestas estafas, la pandemia en el país se sigue extendiendo por el oriente del país mientras que los datos en occidente se siguen entregando con cuentagotas. En esas, llegamos a otro viernes en el que se determinará...
Mientras el “caso respiradores” se enreda entre “testigos clave” y supuestas estafas, la pandemia en el país se sigue extendiendo por el oriente del país mientras que los datos en occidente se siguen entregando con cuentagotas. En esas, llegamos a otro viernes en el que se determinará la severidad de las cuarentenas en cada municipio, pero que vistos los antecedentes, ya ha quedado claro que el decreto y orden de la llamada cuarentena dinámica ha quedado en papel mojado.
En abril, el Gobierno renunció a su responsabilidad y diluyó entre municipios y gobernaciones la decisión fundamental sobre el parón de las actividades. En ese sentido, la proximidad de los alcaldes con los afectados ha llevado a la situación actual, donde la cuarentena es en sí un recuerdo lejano durante la parte central del día, si bien todavía se evitan concentraciones masivas y actividades nocturnas.
Resulta preocupante la disociación de ideas y acciones, pues los responsables dicen una cosa mientras en la práctica se permite todo lo contrario. En el fondo se trata de presentar una noción de madurez como sociedad, en la que la responsabilidad queda en manos de la población, sin embargo, hay una perversión que tiene que ver con la negligencia gubernamental.
A la fecha, salvo contadas excepciones, no hay una mejor infraestructura hospitalaria en el país ni más ítems disponibles. Al menos en Tarija, cuyas autoridades han tenido que batírselas en solitario para los aspectos clave. Al iniciar la pandemia, en Tarija había 11 camas de terapia intensiva para estrenar; se improvisó un centro centinela en San Antonio del que poco se sabe; hay disponible un hospital de campaña por si se desatara la crisis en alguna provincia y se ha ido implementando el centro de monitoreo y seguimiento de casos, con todas sus debilidades. Todo esto con recursos departamentales, a lo que se añade el impulso de las pruebas rápidas, que ya mostraron su utilidad sobre asintomáticos e incluso se tuvo que implementar un propio laboratorio PCR ante las dudas del Gobierno. También se van a pagar los propios reactivos.
Y es que mientras tanto, el Gobierno tardó dos meses en implementar un laboratorio prometido en 48 horas; trajo una docena de respiradores sin software ni complementos – los de la polémica -, y apenas pagó unos cuantos vuelos con un puñado de muestras hacia los laboratorios centrales. Ítems había prometido 200 y dobló a 400 el 15 de abril. Este lunes el director del Sedes señalaba que no se había entregado ninguno.
Lo que sí hace el Gobierno es alentar la vuelta a la normalidad, autorizando incluso la circulación del servicio de transporte en La Paz, cuando no está incluido ni en su propio decreto, y distraerse en otros negociados poco ortodoxos.
Brasil va hacia los 300.000 casos, Perú ya saltó los 100.000 y Chile, que decretó el retorno a la normalidad con 20.000 casos, tuvo que dar marcha atrás dos semanas después y ya va por los 60.000.
La cuarentena, que arrancó con 27 casos, no ha servido para que el Gobierno mejore sus capacidades de atención ni se ha desplegado una estrategia médica ni social que contuviera la expansión. Ni siquiera se ha logrado llegar a las 1.300 pruebas diarias comprometidas hace mes y medio, justo cuando renunciaba el ex ministro Aníbal Cruz.
Bolivia se encamina hacia su propia “nueva normalidad” sin haber mejorado prácticamente nada de lo que tenía hace dos meses y con mucha incertidumbre. Los responsables deben estar claramente identificados.
DESTACADOS.- Brasil va hacia los 300.000 casos, Perú ya saltó los 100.000 y Chile, que decretó el retorno a la normalidad con 20.000 casos, tuvo que dar marcha atrás dos semanas después y ya va por los 60.000.
En abril, el Gobierno renunció a su responsabilidad y diluyó entre municipios y gobernaciones la decisión fundamental sobre el parón de las actividades. En ese sentido, la proximidad de los alcaldes con los afectados ha llevado a la situación actual, donde la cuarentena es en sí un recuerdo lejano durante la parte central del día, si bien todavía se evitan concentraciones masivas y actividades nocturnas.
Resulta preocupante la disociación de ideas y acciones, pues los responsables dicen una cosa mientras en la práctica se permite todo lo contrario. En el fondo se trata de presentar una noción de madurez como sociedad, en la que la responsabilidad queda en manos de la población, sin embargo, hay una perversión que tiene que ver con la negligencia gubernamental.
A la fecha, salvo contadas excepciones, no hay una mejor infraestructura hospitalaria en el país ni más ítems disponibles. Al menos en Tarija, cuyas autoridades han tenido que batírselas en solitario para los aspectos clave. Al iniciar la pandemia, en Tarija había 11 camas de terapia intensiva para estrenar; se improvisó un centro centinela en San Antonio del que poco se sabe; hay disponible un hospital de campaña por si se desatara la crisis en alguna provincia y se ha ido implementando el centro de monitoreo y seguimiento de casos, con todas sus debilidades. Todo esto con recursos departamentales, a lo que se añade el impulso de las pruebas rápidas, que ya mostraron su utilidad sobre asintomáticos e incluso se tuvo que implementar un propio laboratorio PCR ante las dudas del Gobierno. También se van a pagar los propios reactivos.
Y es que mientras tanto, el Gobierno tardó dos meses en implementar un laboratorio prometido en 48 horas; trajo una docena de respiradores sin software ni complementos – los de la polémica -, y apenas pagó unos cuantos vuelos con un puñado de muestras hacia los laboratorios centrales. Ítems había prometido 200 y dobló a 400 el 15 de abril. Este lunes el director del Sedes señalaba que no se había entregado ninguno.
Lo que sí hace el Gobierno es alentar la vuelta a la normalidad, autorizando incluso la circulación del servicio de transporte en La Paz, cuando no está incluido ni en su propio decreto, y distraerse en otros negociados poco ortodoxos.
Brasil va hacia los 300.000 casos, Perú ya saltó los 100.000 y Chile, que decretó el retorno a la normalidad con 20.000 casos, tuvo que dar marcha atrás dos semanas después y ya va por los 60.000.
La cuarentena, que arrancó con 27 casos, no ha servido para que el Gobierno mejore sus capacidades de atención ni se ha desplegado una estrategia médica ni social que contuviera la expansión. Ni siquiera se ha logrado llegar a las 1.300 pruebas diarias comprometidas hace mes y medio, justo cuando renunciaba el ex ministro Aníbal Cruz.
Bolivia se encamina hacia su propia “nueva normalidad” sin haber mejorado prácticamente nada de lo que tenía hace dos meses y con mucha incertidumbre. Los responsables deben estar claramente identificados.
DESTACADOS.- Brasil va hacia los 300.000 casos, Perú ya saltó los 100.000 y Chile, que decretó el retorno a la normalidad con 20.000 casos, tuvo que dar marcha atrás dos semanas después y ya va por los 60.000.


