La violencia sexual intramuros
Si hablamos de la pandemia, la frase “Quédate en casa” expresa lo más seguro que podemos hacer para mantenernos protegidos. Más aún, lo lamentable es que para muchos menores la casa no es un refugio sino todo lo contrario “un lugar de tormento, donde algunos padres, padrastros, tíos,...
Si hablamos de la pandemia, la frase “Quédate en casa” expresa lo más seguro que podemos hacer para mantenernos protegidos. Más aún, lo lamentable es que para muchos menores la casa no es un refugio sino todo lo contrario “un lugar de tormento, donde algunos padres, padrastros, tíos, primos y otros abusan de ellos”.
Ya antes del encierro cientos de estadísticas revelaban que los abusos sexuales a menores ocurrían en el ámbito privado y no en el público, pero esos niños tenían canales para denunciarlos como la escuela, los centros de cuidado o alguna persona cercana a la familia que de pronto llegaba de visita y notaba algo extraño.
Más aún, hoy estos canales han desaparecido. Los niños están en sus “hogares” y en algunos casos encerrados con sus agresores. ¿Cuántos denuncian el hecho?
En la primera quincena de abril se denunciaron 4 casos de abusos sexual a menores, sin embargo, un dato revela que muchas de las denuncias se hacen meses e incluso años después, cuando el niño por fin encuentra un canal o una forma de contar el hecho.
Un último caso que estremeció a Tarija, da cuenta que un asambleísta regional de la provincia Gran Chaco fue denunciado por haber abusado a cuatro menores de edad, tres niñas y un niño, quienes serían hijastros del agresor.
Tuvo que ser la abuela materna, quien notó algo extraño y quien después de muchos días logró el testimonio de los pequeños. Hoy el asambleísta fue enviado a la carceleta de Villa Montes con detención preventiva. Pero las secuelas psicológicas ya nadie las remedia.
Se han hecho muchas campañas al respecto para promover las denuncias, pero también para evitar este tipo de abusos. Hoy mismo se cuenta con grupos de Whatsapp y plataformas virtuales para ello. Más aún, a pesar de los esfuerzos los abusos continúan. Hay muchas fallas en esto.
Es preciso que las autoridades y legisladores revisen las leyes, vean cuáles no se aplican, terminen con la burocracia y finalmente endurezcan las sanciones, lo último es determinante.
Es fundamental también que los padres nos concienticemos en la importancia de cuidar a nuestros hijos, dejando la necesidad de ser hombres o mujeres primero, y prioricemos ante todo el ser padres. También es preciso que miremos más allá, que desconfiemos y que seamos cariñosos para abrir canales de comunicación con ellos.
Pero también es primordial el rol del vecino, de quien de pronto estando en casa escucha un grito extraño, un llanto o ve por la ventana una situación irregular. Ése es el momento cuando su acción puede cambiar una realidad. De la misma manera es determinante el rol de los maestros y cuidadores de centros infantiles, pues son muchos los casos en los que los menores prefieren contárselo a ellos.
Otra de las características que como país tenemos es la falta de estadísticas que brinden un panorama claro y concreto sobre los abusos y maltratos en la infancia, para poder con ellas elaborar políticas públicas serias.
La violencia y el abuso sexual traen consecuencias complicadas en los niños y ahí deben apuntar las políticas públicas. Quienes son abusados tienen un desarrollo integral que se ve alterado, tanto desde lo cognitivo como desde lo físico y lo emocional. Además, van incorporando estas formas de relacionarse como algo natural, generando un círculo vicioso, pues no está demás recordar que los niños son las mujeres y hombres del mañana.
Ya antes del encierro cientos de estadísticas revelaban que los abusos sexuales a menores ocurrían en el ámbito privado y no en el público, pero esos niños tenían canales para denunciarlos como la escuela, los centros de cuidado o alguna persona cercana a la familia que de pronto llegaba de visita y notaba algo extraño.
Más aún, hoy estos canales han desaparecido. Los niños están en sus “hogares” y en algunos casos encerrados con sus agresores. ¿Cuántos denuncian el hecho?
En la primera quincena de abril se denunciaron 4 casos de abusos sexual a menores, sin embargo, un dato revela que muchas de las denuncias se hacen meses e incluso años después, cuando el niño por fin encuentra un canal o una forma de contar el hecho.
Un último caso que estremeció a Tarija, da cuenta que un asambleísta regional de la provincia Gran Chaco fue denunciado por haber abusado a cuatro menores de edad, tres niñas y un niño, quienes serían hijastros del agresor.
Tuvo que ser la abuela materna, quien notó algo extraño y quien después de muchos días logró el testimonio de los pequeños. Hoy el asambleísta fue enviado a la carceleta de Villa Montes con detención preventiva. Pero las secuelas psicológicas ya nadie las remedia.
Se han hecho muchas campañas al respecto para promover las denuncias, pero también para evitar este tipo de abusos. Hoy mismo se cuenta con grupos de Whatsapp y plataformas virtuales para ello. Más aún, a pesar de los esfuerzos los abusos continúan. Hay muchas fallas en esto.
Es preciso que las autoridades y legisladores revisen las leyes, vean cuáles no se aplican, terminen con la burocracia y finalmente endurezcan las sanciones, lo último es determinante.
Es fundamental también que los padres nos concienticemos en la importancia de cuidar a nuestros hijos, dejando la necesidad de ser hombres o mujeres primero, y prioricemos ante todo el ser padres. También es preciso que miremos más allá, que desconfiemos y que seamos cariñosos para abrir canales de comunicación con ellos.
Pero también es primordial el rol del vecino, de quien de pronto estando en casa escucha un grito extraño, un llanto o ve por la ventana una situación irregular. Ése es el momento cuando su acción puede cambiar una realidad. De la misma manera es determinante el rol de los maestros y cuidadores de centros infantiles, pues son muchos los casos en los que los menores prefieren contárselo a ellos.
Otra de las características que como país tenemos es la falta de estadísticas que brinden un panorama claro y concreto sobre los abusos y maltratos en la infancia, para poder con ellas elaborar políticas públicas serias.
La violencia y el abuso sexual traen consecuencias complicadas en los niños y ahí deben apuntar las políticas públicas. Quienes son abusados tienen un desarrollo integral que se ve alterado, tanto desde lo cognitivo como desde lo físico y lo emocional. Además, van incorporando estas formas de relacionarse como algo natural, generando un círculo vicioso, pues no está demás recordar que los niños son las mujeres y hombres del mañana.


