¿Una cuarentena infinita?
El 10 de marzo aparecieron los dos primeros casos de coronavirus en Bolivia. El asunto era esperado, pues el virus chino corría país por país haciendo estragos en pocas semanas y poniendo a prueba todos los sistemas médicos. La primera reacción popular fue de pánico y el Gobierno dudó....
El 10 de marzo aparecieron los dos primeros casos de coronavirus en Bolivia. El asunto era esperado, pues el virus chino corría país por país haciendo estragos en pocas semanas y poniendo a prueba todos los sistemas médicos.
La primera reacción popular fue de pánico y el Gobierno dudó. Primero trató de negar las medidas de Oruro, que rápidamente suspendió clases, para después adoptar la misma medida tres días después. De ahí se vino la media cuarentena, la cuarentena completa el 22 de marzo y el estado de alerta unos días después.
La opinión pública en general apoyó la rápida intervención ante la evidente debilidad de nuestro sistema de salud, y se plegó a una cuarentena que tenía muchas incógnitas. El voto de confianza otorgado al Gobierno en ese momento fue enorme. En sus manos quedó definir tanto la estrategia económica como la estrategia médica.
El Gobierno, pese a su precaria legitimidad y su aventura electoral, optó por encarar en solitario el reto, echando mano fundamentalmente a las Fuerzas Armadas y a la Policía para hacer cumplir la cuarentena y al Tesoro General de la Nación para implementar una política de bonos/canasta.
Sin otra política activa que la de esperar a que los sospechosos muestren síntomas y se porten bien en sus casas y no saluden ni a sus familias convivientes, el propio Ministro de Salud parece darle el visto bueno a un “relajamiento” de la cuarentena
Un tiempo después surgieron algunas voces que le recomendaron apoyarse en las Gobernaciones, en los municipios, en la Asamblea Plurinacional, y por último, convocar un gran diálogo nacional con todos los sectores para poder salir de la cuarentena fortalecidos.
Nada de eso pasó y al más puro estilo populista, las políticas económicas acabaron convirtiéndose en “bonos para todos”, rompiendo cualquier principio de equidad o de apoyo preferente a los más necesitados; pero además, penalizando a las empresas reduciendo el apoyo al tejido productivo a incrementar su endeudamiento a mediano plazo sin ninguna medida de alivio real.
La cuestión es que la cuarentena acaba el 30 de abril, justo cuando los casos se empiezan a multiplicar exponencialmente aun a pesar de la inexistente estrategia médica. Sin otra política activa que la de esperar a que los sospechosos muestren síntomas y se porten bien en sus casas y no saluden ni a sus familias convivientes, el propio Ministro de Salud parece darle el visto bueno a un “relajamiento” de la cuarentena que en ningún otro lugar del mundo se daría por bueno ante el ridículo número de pruebas que se realiza.
Pesa, evidentemente, la incapacidad de haber gestionado posiciones con los sectores sociales y gremiales, y la constatación de que el bono único de 500 bolivianos no puede estirarse hasta junio. Pesa también que es más fácil culpar a “la gente” por no respetar la cuarentena o la distancia social que asumir la responsabilidad de no tener cuerpo suficiente para enfrentar al virus.
El Ministro de Salud insiste, otra vez, en que la única salvación es que todos estemos infectados e inmunizados – algo que no está demostrado científicamente – y que mientras tanto hay que cuidar que el sistema de salud PÚBLICO no colapse. El gabinete definirá estos días qué hacer con la cuarentena, en cualquier caso, todo parece estar decidido para riesgo de la población.
La primera reacción popular fue de pánico y el Gobierno dudó. Primero trató de negar las medidas de Oruro, que rápidamente suspendió clases, para después adoptar la misma medida tres días después. De ahí se vino la media cuarentena, la cuarentena completa el 22 de marzo y el estado de alerta unos días después.
La opinión pública en general apoyó la rápida intervención ante la evidente debilidad de nuestro sistema de salud, y se plegó a una cuarentena que tenía muchas incógnitas. El voto de confianza otorgado al Gobierno en ese momento fue enorme. En sus manos quedó definir tanto la estrategia económica como la estrategia médica.
El Gobierno, pese a su precaria legitimidad y su aventura electoral, optó por encarar en solitario el reto, echando mano fundamentalmente a las Fuerzas Armadas y a la Policía para hacer cumplir la cuarentena y al Tesoro General de la Nación para implementar una política de bonos/canasta.
Sin otra política activa que la de esperar a que los sospechosos muestren síntomas y se porten bien en sus casas y no saluden ni a sus familias convivientes, el propio Ministro de Salud parece darle el visto bueno a un “relajamiento” de la cuarentena
Un tiempo después surgieron algunas voces que le recomendaron apoyarse en las Gobernaciones, en los municipios, en la Asamblea Plurinacional, y por último, convocar un gran diálogo nacional con todos los sectores para poder salir de la cuarentena fortalecidos.
Nada de eso pasó y al más puro estilo populista, las políticas económicas acabaron convirtiéndose en “bonos para todos”, rompiendo cualquier principio de equidad o de apoyo preferente a los más necesitados; pero además, penalizando a las empresas reduciendo el apoyo al tejido productivo a incrementar su endeudamiento a mediano plazo sin ninguna medida de alivio real.
La cuestión es que la cuarentena acaba el 30 de abril, justo cuando los casos se empiezan a multiplicar exponencialmente aun a pesar de la inexistente estrategia médica. Sin otra política activa que la de esperar a que los sospechosos muestren síntomas y se porten bien en sus casas y no saluden ni a sus familias convivientes, el propio Ministro de Salud parece darle el visto bueno a un “relajamiento” de la cuarentena que en ningún otro lugar del mundo se daría por bueno ante el ridículo número de pruebas que se realiza.
Pesa, evidentemente, la incapacidad de haber gestionado posiciones con los sectores sociales y gremiales, y la constatación de que el bono único de 500 bolivianos no puede estirarse hasta junio. Pesa también que es más fácil culpar a “la gente” por no respetar la cuarentena o la distancia social que asumir la responsabilidad de no tener cuerpo suficiente para enfrentar al virus.
El Ministro de Salud insiste, otra vez, en que la única salvación es que todos estemos infectados e inmunizados – algo que no está demostrado científicamente – y que mientras tanto hay que cuidar que el sistema de salud PÚBLICO no colapse. El gabinete definirá estos días qué hacer con la cuarentena, en cualquier caso, todo parece estar decidido para riesgo de la población.


