Tarija, Bolivia y los precios mínimos del petróleo

El precio del petróleo está en mínimos anuales. Concretamente, hace 14 meses que no caía hasta los 45 dólares con los que cerró la semana pasada, y por el momento, las perspectivas a futuro, no son buenas. El barril West Texas Intermediate (WTI), de referencia para América, nunca...

El precio del petróleo está en mínimos anuales. Concretamente, hace 14 meses que no caía hasta los 45 dólares con los que cerró la semana pasada, y por el momento, las perspectivas a futuro, no son buenas.

El barril West Texas Intermediate (WTI), de referencia para América, nunca volvió a los precios de 2013 y 2014, cuando superaba los 100 dólares. Cayó estrepitosamente desde ahí hasta los 30 dólares en enero de 2016, para empezar un lento retorno hacia los 55-65 dólares que los expertos consideran que es un buen margen para mantener esa suerte de paz social entre países productores y demandantes.

La crisis de 2014 tuvo que ver con la irrupción del shale gas (fracking), o más precisamente, con técnicas eficientes de fracking que permitían en Estados Unidos obtener barriles de petróleo a 10 dólares, un rendimiento a la altura de los viejos y amortizadísimos pozos petroleros del golfo Pérsico.
La coyuntura esconde riesgos y oportunidades: Que el precio del WTI esté por el suelo no quiere decir que haya otras fórmulas que sean más adecuadas para sacar el mayor rendimiento de nuestro gas de exportación.
Las connotaciones ecológicas, las restricciones a las técnicas en Europa y la voluntad norteamericana de ser siempre reserva – hasta el shale se puede agotar – devolvió a esa suerte de status quo con los países de la OPEP. Venezuela resistió el golpe, Rusia sudó en el mar del Norte, y EEUU exhibió sus armas.

La caída actual tiene que ver más con las viejas mañas en ese sentido; las crisis recurrentes de Oriente Medio, en este caso Irán, y los efectos de ese pánico global al coronavirus, que ha frenado algunos eventos como el Mobile y por tanto, ha tenido ya un impacto en la economía, aunque seguramente será menor de lo que han descontado las bolsas.

En estas, Bolivia se encuentra de nuevo con un barril de petróleo – a cuyo precio se indexan los precios del gas - por debajo de lo contemplado en su Presupuesto General del Estado y sin alternativas para su exportación. Es sin duda una mala noticia para el país y particularmente para Tarija, que ya se ha tenido que ajustar a la recurrente caída de volúmenes producidos y exportados, en medio de la negociación con Brasil, que nadie sabe bien en qué andará y cómo acabará.

La coyuntura esconde riesgos y oportunidades: Que el precio del WTI esté por el suelo no quiere decir que haya otras fórmulas que sean más adecuadas para sacar el mayor rendimiento de nuestro gas de exportación.

Que el precio esté por el suelo puede servir para justificarlo casi todo: fracking, Tariquía, etc., si el planteamiento prioritario sigue siendo la exportación por encima de todo, a pesar de que una vez más se evidencia que solo la transformación de la materia prima en producto no perecedero acabado, cuya cotización no depende de las fluctuaciones de un mercado en el que no influyes, es lo que te da soberanía.

Por mucho o poco peso que la actividad petrolera tenga en el PIB – argumento recurrente de este y el anterior gobierno para eludir el problema -, la exportación de gas sigue reportando los mejores ingresos para el Estado, cada vez más improductivo. Los efectos son inminentes, pero las soluciones, probablemente, requieren enfoques a más largo plazo.

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