Cartografía Mundialista
Pata Pila de mi vida
Penales. De un lado Neuer, considerado de los mejores arqueros del mundo (aunque un poco mayorcete); del otro, el arquero se llamaba Gill, con dos ll pero g fuerte. Risas en el mercado cada vez que lo nombraban. Y vaya que lo nombraron
Hace casi cien años nos sacamos la mugre hasta que no se pudo más. Pero hace un ratito en el Mercado Central de Tarija nadie dudaba que los “pilas” le iban a doblar la mano a la todopoderosa selección alemana, que ya no es aquella plagada de rubios de ojos azules, pero que sigue teniendo en la disciplina y la fe su principal arma. O eso se suponía, porque al final Paraguay jugó con la misma, y ganó.
El ambiente era espectacular. Lástima del frío. La pantalla gigante del patio es un reclamo permanente en estos días de Mundial, más cuando juega uno de los nuestros.
Lo normal era que los alemanes pusieran la marcha topadora y apisonara a una selección que debutó con un mal pie, siendo vapuleada por los “gringos” sembrando todas las dudas posibles no solo sobre ellos, sino sobre todo el fútbol Conmebol. Poco a poco le dieron vuelta con su triunfo marcial sobre Turquía y su empate meloso con Australia, aun sabiendo que les tocaba la más fea.
El partido fue lo que se esperaba. Como escribía Lupe Cajías el viernes, Salamanca creyó que los paraguayos no serían rival luego de perder dos generaciones de hombres en aquella brutalidad de guerra contra la “Triple Alianza”. Algo así debió pensar el técnico alemán Julián Nagelsmann, que dispuso un partido timorato jugando de lado a lado esperando su oportunidad mientras los paraguayos hacían lo que hacen, defenderse y buscar con precisión guaraní su oportunidad.
Enciso la mandó a la jaula en el 42 (ahora sí valió aquel golazo en El Alto) y mandó al vestuario a la “Die Mannschaft" con el miedo en el cuerpo. Havertz, finalista Champions y campeón de la premier, puso el empate ni bien arrancaba la segunda parte, pero no bastó.
Le había pasado en la fase de grupos contra Costa de Marfil, que se deshizo como azucarillo en el tramo final, pero obviamente eso no le pasa a los pilas. Aguantaron férreos, tuvieron alguna oportunidad y, por una vez, el VAR cayó de este lado.
Penales. De un lado Neuer, considerado de los mejores arqueros del mundo (aunque un poco mayorcete); del otro, el arquero se llamaba Gill, con dos ll pero g fuerte. Risas en el mercado cada vez que lo nombraban. Y vaya que lo nombraron.
El primero, paradón. Esa carrerita rara de Havertz nos dio pistas a todos. Como el cuarto, otro paradón. Paraguay tenía tres oportunidades para sentenciar la serie: lanzamiento, arquero y lanzamiento. Tres. Desaprovechó las tres por si no había demasiado drama ya en el Estadio de Boston.
Algún alemán seguramente se abrió una Paulaner para brindar por el triunfo más sufrido, pues parecía que les temblaban las piernas. Ni modo Salamanca. El Gill volvió a hacer de las suyas para jolgorio de la platea y Canales, ojos demasiado juntos, cuadrado, heredero de Valdez, puso el sexto al fondo de la red.
La Paraguay de Alfaro y el exzaragocista Toro Acuña (ahí está) se mete en octavos luego de firmar una de esas gestas que se cuentan con los años por mucho que Alemania ya no sea aquella Alemania. Grandísima victoria.
Qué bien que se firmó el armisticio.
En medio de la vorágine noticiosa del país, más crispado que de costumbre, tres de las mejores plumas del país se unen para ofrecer una crónica mundialista distinta. Desde este martes y hasta la final del 19 de julio, Erik Ortega, Alfonso Cortez y Rafael Sagárnaga, coordinados por el director de El País Jesús Cantín, compartirán reflexiones, emociones y expresiones del “evento futbolístico más grande del planeta” y todo lo que mueve a su alrededor, porque “el fútbol nunca fue solo fútbol”, sino una excelente metáfora a través de la que se explica la vida, el mundo y sí, también el propio fútbol.
De momento se han sumado Karina Vargas, Mariana Ruíz, Marcelo Suárez y Pablo Carbone ¿Quieres sumarte? Escríbenos a [email protected]








