Cartografía Mundialista
Nuestro juramento
En Latinoamérica gritamos gol como un desahogo. Entra la pelota a la red y sacamos toda nuestra bronca contra las injusticias. A veces no podemos con la vida misma porque vivimos en posición adelantada y nuestros triunfos no son válidos
¿Qué es lo más recordado de México 86? Los golazos de Maradona. ¿Alemania 2006? El cabezazo histórico de Zinedine Zidane a Materazzi. Y los bolivianos ¿Por qué recordamos Estados Unidos 94? Por la expulsión del Diablo Etcheverry. A veces los detalles lo son todo o como diría Alfonso Cortez, Las pequeñas pasiones inútiles… y sí. Yo, del Mundial 2026, me acordaré de la Tri.
Cuando la rubia Tori Penso dio por finalizado el partido Ecuador – Alemania, con triunfo para el team del centro del mundo, comenzó a sonar Nuestro juramento de Julio Jaramillo. El New York Stadium se convirtió de pronto en un bar antiguo de Guayaquil; ay, qué tierra más linda, calientita y con gente que sonríe al hablar. El templo del fútbol yankee fue testigo de un coro de ecuatorianos cantando y llorando. Es que el fútbol no es un deporte, es la vida misma… y los latinos hemos jurado amar a la pelota hasta la muerte. Queremos que todos se enteren de nuestro querer. Pasión pura, pues.
Acá no escribimos nuestra historia con tinta, sino con sangre del corazón. En Latinoamérica gritamos gol como un desahogo. Entra la pelota a la red y sacamos toda nuestra bronca contra las injusticias. A veces no podemos con la vida misma porque vivimos en posición adelantada y nuestros triunfos no son válidos. Aún así, somos felices con todo lo que nos rodea en una cancha.
Los argentinos hacen de cada anécdota una canción eterna porque hablan de la guerra de las Malvinas o del Diego a quien le robaron la copa en el 94… es tan envidiable que los perfectos japoneses copian a las barras sudamericanas. ¿Escucharon a la barra estadounidense? Son tan creativos e ingeniosos como los perfectos e implacables jóvenes alemanes del 2014. Es que en esta parte del mundo somos muy “exquisitos”.
Cabalmente un alemán, Alexander von Humboldt, dicen que escribió sobre Ecuador: “Los ecuatorianos son seres raros y únicos: duermen tranquilos en medio de crujientes volcanes, viven pobres en medio de incomparables riquezas y se alegran con música triste”. Tenemos pues algo en común, esa ¿tristeza alegre?, qué sé yo.
Desde el corazón del mapa sudamericano, yo creo que nosotros los bolivianos también amamos sufriendo. Abro un paréntesis y hago una confesión: el soundtrack de mi vida es la Morenada al corazón. La canción dice que el día de mi despedida quiero irme agachado y dejando todas mis penas, con mi corazón en la mano latiendo por un amor. Y sí, cuando escucho esa canción se me hace ras la piel y cierro el paréntesis.
Y también me emocioné bastante cuando vi a los ecuatorianos llorar y abrazarse por haberle ganado a la poderosa Alemania, cuatro veces coronada con la copa del mundo. Escucharlos cantar Nuestro Juramento con el alma llena de sentimiento ya es un logro más grande que cualquier copa mundial.
En medio de la vorágine noticiosa del país, más crispado que de costumbre, tres de las mejores plumas del país se unen para ofrecer una crónica mundialista distinta. Desde este martes y hasta la final del 19 de julio, Erik Ortega, Alfonso Cortez y Rafael Sagárnaga, coordinados por el director de El País Jesús Cantín, compartirán reflexiones, emociones y expresiones del “evento futbolístico más grande del planeta” y todo lo que mueve a su alrededor, porque “el fútbol nunca fue solo fútbol”, sino una excelente metáfora a través de la que se explica la vida, el mundo y sí, también el propio fútbol.
De momento se han sumado Karina Vargas, Mariana Ruíz, Marcelo Suárez y Pablo Carbone ¿Quieres sumarte? Escríbenos a [email protected]








