Cartografía Mundialista
“¡¿Qué quién gana?! ¡¿No vijte lo que son, pibe?!”
Cuando Camerún clasificó al Mundial de Italia, el presidente le llamó y pidió que juegue (…) Milla ingresaba sólo en los segundos tiempos, y en cuatro de las cinco veces que lo hizo marcó los goles que inclinarían los partidos
Queridos epistológrafos con corazón agitado corazón albiceleste, unos detallitos de mi parte.
Día del debut de la Argentina, la campeona, aquella donde juega el considerado mejor jugador del planeta. Euforia en los medios bonaerenses que multiplican sus sondeos y encuestas en las calles. Una respuesta me ha quedado marcada a fuego futbolero y algo más. “¿Quién gana hoy?”, preguntaba el reportero en las calles y una voz arrogante y más altanera que el obelisco de la 9 de julio respondía: “¡¿Qué quién gana?! ¿No vijte lo que son, pibe?”…
Y añadía: “…son negros, viejo, son neee-gros (así silabeado y cortado), ¿pensás que son rival?”. Sucedió el 8 de junio de 1990. Y esa noche, aquel racista, sin nombre, pero con cara, se tuvo que tragar sus palabras. Por mi parte, hice barra, como pocas veces, contra un equipo sudamericano. Esa noche, “los leones indomables” de Camerún, con gol de François Omam Biyik a los 65 minutos, derrotaron a la favorita.
Ese equipo era una joya. Ganó su grupo, luego eliminó a la más célebre Colombia (la de Valderrama, Higuita y Rincón) en octavos de final. Y casi, casi, casi llega a la semifinal, pero perdió en tiempo de alargue frente a Inglaterra 2 x 3, luego de ir ganando 2x1. Seguramente, junto a Omam-Biyik y su hermano André, millones de aficionados recordamos a Emanuell Kundé y, sobre todo los bolivianos, a dos emblemas africanos: Roger Milla y Thomas N´Kono.
A Milla lo recordé durante la polémica que generaron Marcelo Martins y Oscar Villegas antes del repechaje de marzo. Milla se había retirado del fútbol, tenía 38 años y hacía dos que no jugaba, cuando Camerún clasificó al Mundial de Italia. Entonces el presidente de Camerún, Paul Biya, le llamó y pidió que juegue en la selección porque faltaba un centro delantero. En el Mundial, Milla ingresaba sólo en los segundos tiempos, y en cuatro de las cinco veces que lo hizo marcó los goles que inclinarían los partidos. Más de una voz y clasificación lo consideran el mejor futbolista africano de la historia.
Profe Villegas, lo respeto y apoyo, pero pienso que Martins, y algún experimentado más, merecían una chance para el repechaje. Desafortunadamente, ni el fútbol boliviano se libra de una idiosincrasia de terquedades, bloqueos, incomprensibles y muy costosos. Pero volviendo a aquel Camerún, la otra estrella memorable hasta hizo historia en Bolivia. Thomas N´Kono llegó al país en 1996, cuanto tenía 40 años, como empresario y trayendo un futbolista para el Bolívar.
En un entrenamiento, de puro gusto, se puso a pichanguear y, al verlo, la dirigencia bolivarista se animó a tentarlo a retornar a las canchas. Arquerazo. Le causó problemas a mi corazón atigrado porque su Camerún se me quedó por ahí también para siempre. Jugó aquí algo más de un año y continuó en otros países hasta cumplir los 45.
Inolvidables aquellos “leones indomables” que derrumbaron a la mejor Argentina de todos los tiempos, la de Maradona, campeona el 86 y subcampeona ese 90. Y fue la primera de dos veces que el espíritu afro me impulsó a celebrar una de sus derrotas. La segunda se produjo en La Paz, el año 1997, durante las eliminatorias para el Mundial Francia 98. En el momento más apasionante, cuando Bolivia estaba bordeaba la victoria, minuto 71, ingresó “el bombón” Demetrio Angola. A su izquierda quedaba, en la delantera, Iván Castillo, y repartía balones, su célebre hermano, “el chocolatín” Ramiro Castillo.
La Argentina de Pasarela empezó a desesperarse ante los tres morenos que la arrinconaban con su habilidad. La barra boliviana dejó los clásicos estribillos nacionales y todos nos llenamos del alma afroboliviana de los Yungas y cantamos: “Negra, zamba; negra, zamba; negra zamba”, a ritmo de saya. No dudo que los tres sonreían y aguaban sus ojos colmados de emoción. Los argentinos llegaron a desatar un escándalo internacional para evitar una goleada. Finalmente perdieron 2x1. ¿Volverá el fútbol boliviano a vivir un momento tan particular, tan singularmente lindo?
¿Volverá a haber un Camerún como el del 90 o una Argentina como la de Diego? Al menos de esto último tengo cada vez más dudas. En unas horas debuta en el Mundial 2026 la Argentina campeona mundial “messianica” frente a Argelia. Pero, frente a Diego, Messi es un “mejor del mundo” descafeinado y deslactosado. Le falta calle, gesto, frases, humanidad, la falta alma de potrero, como a seguramente tantos de los que compiten hoy.
Pese a todo la apoyaré, pero, muy en el fondo, creo que sigo a la espera de un campeón del mundo africano. A ver si con el tiempo surge un súper VAR contra Infantino y demás mafias dirigenciales y el juego se pone parejo ahí también. O, mejor aún, llegan tiempos con una humanidad mejor, sin trampas, preferencias, negocios turbios ni racismo en funciones.
En medio de la vorágine noticiosa del país, más crispado que de costumbre, tres de las mejores plumas del país se unen para ofrecer una crónica mundialista distinta. Desde este martes y hasta la final del 19 de julio, Erik Ortega, Alfonso Cortez y Rafael Sagárnaga, coordinados por el director de El País Jesús Cantín, compartirán reflexiones, emociones y expresiones del “evento futbolístico más grande del planeta” y todo lo que mueve a su alrededor, porque “el fútbol nunca fue solo fútbol”, sino una excelente metáfora a través de la que se explica la vida, el mundo y sí, también el propio fútbol.
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