Cartografía Mundialista
La trompada de Zidane; el Mundial de Curazao
Como el Erick, soy del Napoli de toda la vida, o de cualquiera que se enfrente a la Juve o al Milán. O a River o a Boca. O al Madrid o al Barça. En las competiciones de clubes antes alguna vez había sorpresas y el Zaragoza le ganaba al Arsenal o el Steaua al Barça; en los Mundiales nunca
Queridos
Tengo un amigo que se enamoró como un loco en el mismo momento en el que Zidane le partía el esternón a Materazzi con su cabeza pelada en la final de 2006, era su último partido de la vida. Qué final épico el del argelino francés y madridista. Soñó con despedirse levantando de nuevo la Copa y lo hizo defendiendo a su hermana. Valores. Qué trompada.
Zidane había destruido a aquella Brasil que los jóvenes confunden con la del Jogo Bonito por la acumulación de balones de oro y “highligths” en TikToks, y que efectivamente era bastante más vistosa que la del 94 con Dunga y Mauro Silva de mediocentros y amarrete Parreira a los mandos, pero que no se acercaba a esa que ustedes, estimados cartógrafos vejetes, por lo que cuentan, llegaron a ver.
Cuatro años después, Francia cayó eliminada con ignominia: un gol, un punto y última del Grupo A, y mi amigo, el mismo día del primer Inglaterra – Estados Unidos con sustancia en la historia de los Mundiales (1-1 con Gerrard, Lampard y Rooney pero sin Beckham en el 11), constató que aquello iba a costar, como a Francia sin Zidane, pero que había que intentarlo.
Dos Mundiales después Francia volvió a salir campeón y él no, pero esa ya es otra historia. En cualquier caso, da fe de que la vida se mide en Mundiales, como bien escribía Rafa en la carta del martes, y que en la vida, a veces se gana y a veces se pierde.
Volviendo al tema que nos ocupa, favorito racionalmente hablando aun no tengo, porque como el Erick, soy del Napoli de toda la vida, o de cualquiera que se enfrente a la Juve o al Milán. O a River o a Boca. O al Madrid o al Barça. En las competiciones de clubes antes alguna vez había sorpresas y el Zaragoza le ganaba al Arsenal; el Schalke 04 al Bayern o el Steaua de Bucarest al Barcelona, pero en los Mundiales nunca.
Hay sorpresas, sí. Como la Bulgaria de Stoichkov y la Rumanía de Gica Hagi en el 94; la Turquía de 2002 o Uruguay en 2010. ¿Acaso alguien no iba con Croacia en la final de 2018? El mito de David y Goliat está grabado a fuego en el imaginario colectivo, pero lo cierto es que siempre gana alguno de los favoritos, que además suelen ser los ricos.
España, Francia, Argentina, Inglaterra, Alemania (Italia no) o Brasil, con Holanda que ahora se llama Países Bajos, Bélgica y Portugal suman casi el 90% de las posibilidades de ganar la Copa, por lo que se hace más apetecible apostar por el equipo revelación que al menos llegue a semifinales.
A barajar en el ránking “sorpresivo” estaría Marruecos, que de sorpresa tendría poco: semifinalista en 2022 y campeona del mundo sub 20 en 2025 e hipermotivados por demostrar que Lamine Yamal es uno más de la cuadrilla, pero que juega para España por desarraigo, mal que le pese a VOX.
México le debe demasiado a su afición, por lo que llegar a semis sería apenas una compensación; Uruguay tiene tremendo equipo, y a Bielsa, por lo que todo huele a tragedia anunciada, ergo, descartable para apostadores; en Croacia supongo apostarán por despedir a Modric con el honor de la victoria, y los asiáticos, Tanto monta, monta tanto.
Así en pequeño apuesto por Senegal –¿qué tan lindo sería coronar campeón a un país tras años y años de “expolio humano” denominado “migración ilegal”? – y por Estados Unidos – ¿quién no querría ver a Trump levantando la Copa del Mundo rodeado de “negritos y latinitos” perreando con Benito? -.
Me despido, amigos, a las puertas de un fin de semana sin fútbol de competición, pero varios amistosos en los que nadie mete la pierna por si acaso se pierden lo que viene - Infumable – dejándoles dos preguntas. ¿Cómo con mil y pico millones de personas no clasifican? ¿Dónde está Curazao?








