"Nos hace falta el helicóptero": el pedido desde la primera línea del incendio en Sama
Mientras el humo cubre los cerros de la Reserva Biológica de la Cordillera de Sama, la batalla contra el fuego se libra a pie. Bomberos, guardaparques, militares, voluntarios y comunarios avanzan durante horas por senderos escarpados para intentar contener incendios que siguen activos en zonas donde un vehículo no puede ingresar y donde cada minuto perdido permite que las llamas ganen terreno.
Desde el puesto de comando instalado en Rincón de la Victoria, el pedido se repite una y otra vez: hacen falta helicópteros. No solo para descargar agua sobre los focos más intensos, sino también para trasladar brigadistas, alimentos, herramientas y equipos hasta sectores donde llegar caminando puede tomar entre dos y tres horas.
"Nos hace falta el helicóptero", resume el sentir de quienes permanecen en la zona de emergencia. Los comunarios explican que existen laderas con una pendiente tan pronunciada y una vegetación tan densa que combatir el fuego únicamente desde tierra resulta insuficiente. Mientras tanto, los brigadistas deben cargar agua, herramientas y equipos por caminos peligrosos, exponiéndose a cambios repentinos del viento que pueden atraparlos entre las llamas.
La situación obliga a multiplicar esfuerzos. Un recorrido de dos horas y media para llegar a un foco activo significa otras tres horas de retorno, tiempo en el que el cansancio, la falta de agua y el desgaste físico comienzan a pasar factura. Quienes trabajan en la emergencia aseguran que un helicóptero permitiría reducir esos tiempos, reforzar los frentes de combate y aumentar las posibilidades de controlar el incendio antes de que vuelva a expandirse.
Una cocina que no deja de funcionar
Mientras unos enfrentan el fuego en los cerros, otros sostienen la emergencia desde abajo.
En el tinglado de Rincón de la Victoria funciona una olla común que comienza a trabajar desde las cinco de la mañana. Vecinas de la comunidad preparan alimentos para cerca de 300 personas entre bomberos, voluntarios, policías, militares y comunarios que regresan exhaustos después de varias horas de combate contra el incendio.
El menú cambia según las donaciones. Un día fue ají de arroz; otro, guiso de fideo; ahora preparan pollo para servir rápidamente a quienes apenas tienen tiempo de comer antes de volver al cerro. Además de los almuerzos, también organizan bebidas calientes y envían agua, alimentos y provisiones hasta los distintos frentes de trabajo.
Por eso, el llamado a la solidaridad continúa. Los comunarios piden donaciones de arroz, fideos, pollo, carne, verduras, papa, agua embotellada y otros víveres que permitan mantener funcionando la cocina mientras dure la emergencia. Todo el apoyo se concentra en el centro de acopio instalado en el tinglado de Rincón de la Victoria.
Combatir el fuego también exige organización
Aunque la necesidad de ayuda es evidente, las autoridades insisten en que la población no debe ingresar por cuenta propia a las zonas afectadas.
Desde el puesto de comando se coordina el despliegue de cada brigada, se registra el ingreso y la salida del personal y se determina quiénes cuentan con las condiciones necesarias para participar en el combate al fuego. La regla es clara: quienes suben a la montaña deben estar plenamente identificados para garantizar su seguridad.
Los bomberos recuerdan que un brigadista forestal trabaja con casco, botas, guantes, equipo de protección, botiquín, herramientas y agua suficiente para toda la jornada, una carga que puede superar los 30 kilogramos. En un terreno montañoso, cada ascenso representa un enorme desgaste físico antes incluso de comenzar a combatir las llamas.
El objetivo sigue siendo proteger la fuente de agua
Pese al cansancio, las brigadas mantienen su prioridad: evitar que el incendio vuelva a acercarse a la toma de agua que abastece a gran parte de la ciudad de Tarija.
El Servicio Nacional de Áreas Protegidas (Sernap), que encabeza las operaciones en la Reserva de Sama, informó que el fuego fue controlado en el entorno inmediato de esa infraestructura y que actualmente se realizan trabajos de liquidación para impedir una reactivación. Sin embargo, todavía existen focos activos en otros sectores, como Coimata y Erquis, donde continúan desplegadas las brigadas.
En la montaña, la jornada aún está lejos de terminar. Mientras unos siguen abriendo brechas y apagando brasas, abajo la cocina continúa encendida, llegan nuevas donaciones y el pedido permanece intacto: que el apoyo aéreo llegue antes de que el fuego vuelva a tomar ventaja.
Con información de TNT Tarija





