Del libro:
La Globalización de la Cojudencia
Pascua de 2005
EL MUNDO GLOBALIZADO
Con la idea ya concebida de escribir el libro “La globalización de la cojudencia”, participo en el seminario de prospectiva tecnológica organizado por el Consejo Nacional de Ciencias y Tecnología “CONACYT” a través del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes de Bolivia, realizado en la ciudad de La Paz en noviembre 2002 y dictado por el profesor Francisco José Mojica (Director del Centro de Pensamiento Estratégico y Prospectiva de la Facultad de Administración en la Universidad Externado de Bogotá - Colombia); como nunca, me pongo feliz de asistir a un seminario porque me doy cuenta que la información brindada me permitirá desarrollar este capítulo de mi libro, al que nos introducimos en estos momentos.
El profesor Mojica, en la parte introductoria de la memoria del seminario, puntualiza: “Gastón Berger, el padre de la prospectiva, dice que todo lo que está sucediendo en el presente tiene explicación en el pasado. Es decir, se gestó y se urdió en el pasado. De la misma manera: lo que va a ocurrir en el futuro se está tramando y decidiendo en el presente”. Por esta razón el papel de la prospectiva es tomar las decisiones más acertadas en el presente para construir el futuro. Pero no a ciegas. Y para no tomar decisiones a ciegas, es necesario analizar los posibles futuros, escoger uno de ellos y comenzar a construirlo desde ahora. En otras palabras, permitir que la luz del futuro ilumine las acciones del presente.
Reflexiono y digo -la frase popular- “que sea lo que Dios quiera”, que tomada o inspirada en lo que dijo Jesús cuando oraba en Getsemaní “Padre mío, si es posible, líbrame de este trago amargo; pero que no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú”, está en contradicción con la prospectiva del profesor Berger de construir el futuro y no tomar como venga el desenlace de los acontecimientos (destino). Claro que también no es atribuible a Dios lo que sucede en nuestro mundo.
Continúa el Prof. Mojica indicando que a finales de los años setenta la economía neoliberal se ensaya por primera vez en Gran Bretaña con la privatización de las empresas del estado en el gobierno de la primera ministra Margaret Thatcher. Casi enseguida este modelo económico fue implementado en Estados Unidos de Norte América por el presidente Ronald Reagan y se lo exportó al mundo a partir del año 1985.
Luego define la globalización como la interdependencia de las actividades de los seres humanos que pueblan este mundo y explica el renacimiento de la economía liberal planteada por Adam Smith, filósofo y economista escocés (1723), cuyo principio se sustenta en que todas las actividades del bienestar humano deben ser regidas por las leyes del mercado (oferta y demanda), dándole al mercado el valor de sabio ordenador del desarrollo de las actividades del ser humano, con la metáfora de ser la “mano invisible”, que pone todo en su lugar e induce a la enorme competitividad mundial, que el “Institute of Management Development” (IMD) de Lausanne-Suiza y el “World Economic Forum”, desde la ciudad de Ginebra, definen con estas palabras: “Es la habilidad de un país, región, ciudad o empresa para generar, proporcionalmente, más riqueza que sus competidores en los mercados mundiales”.
Con la información recibida, a continuación presentamos un cuadro de la carrera desbocada para ocupar exitosamente los primeros puestos en competitividad entre países (según el “World Economic Forum”, febrero 2002) y entre empresas transnacionales (según “Fortune Américas”, agosto 2001); el detalle es el siguiente:
* Puesto del país por competitividad y de la empresa por ingresos.
** Puesto del país según su competitividad tecnológica, fuente: World Economic Forum.
*** Producto Interno Bruto del año 1998 y en billones de dólares, fuente: Banco Mundial (2002).
**** Ingresos en billones de dólares, fuente. Fortune Americas (agosto 2001).
La clasificación de países competitivos, seguramente está regida por varios criterios agrupados en factores como: economía doméstica, internacionalización, gobierno, finanzas, infraestructura, administración, ciencia y tecnología, talento humano y otros. El puesto de los países según su competitividad tecnológica está en función a las innovaciones científicas y tecnológicas. La clasificación de empresas transnacionales más competitivas, está en función al monto de su ingreso.
De los números del cuadro de competitividad podemos inferir:
- Los países latinoamericanos tienen baja calificación en competitividad; solamente Chile, Argentina y Brasil pueden ser considerados medianamente competitivos.
- La cifra de negocios de Exxon Mobil (empresa No. 1), es más de una y media vez el ingreso de Finlandia (país No. 1) y veintidós veces superior al producto nacional bruto de Paraguay (país No. 71).
- La facturación de la transnacional norteamericana fabricadora de automóviles, Daimler Chrysler (empresa No. 5), es aproximadamente equivalente al ingreso de Polonia (país No. 40); Toyota, la japonesa fabricante de autos (empresa No. 10), mantiene un volumen de ventas equivalente al producto interno bruto de Grecia (país No. 36).
- Las ventas de Exxon (el gran magnate mundial del petróleo) son superiores a la riqueza que producen juntos Colombia y Venezuela; pueden equivaler a la riqueza que generan Ecuador, Guatemala, República Dominicana, Uruguay y Costa Rica y pueden corresponder a veintiséis veces el ingreso de Bolivia (país No. 66).
- En contrapartida, las cinco primeras empresas (que son norteamericanas) generan alrededor del once por ciento del ingreso de los Estados Unidos (país No. 2). La facturación de las cuarenta y tres empresas más importantes del mundo es aproximadamente lo que produce Japón (país No. 21); la suma de los ingresos de las setenta y cuatro transnacionales es equivalente al setenta por ciento del producto nacional de Estados Unidos de Norte América.
Debido a esta situación (afirma el Prof. Mojica), el mundo se debate entre partidarios y opositores del neoliberalismo:
- Los partidarios que se han visto favorecidos por la lógica del mercado y están convencidos de las bondades de la competitividad, son: las empresas transnacionales porque pueden presentarse en el mercado con bastantes ventajas comparativas, los países con “alto desarrollo” porque mejoran sus ingresos y los organismos internacionales porque mantienen la burocracia y protegen los intereses de los dos anteriores. Los primeros representados por los magnates empresarios, los segundos por el grupo de los siete países más poderosos del mundo y los últimos, por la Organización de Naciones Unidas con sus dos agencias especializadas, el Banco Mundial y el Fondo Monetario.
- Los opositores que sostienen que si bien la competitividad abre el camino a la superación, la falacia está en que los países y las empresas del Sur han sido puestos a competir en situaciones desiguales con los países y empresas del Norte y, que esta situación inequitativa ha generado mayor pobreza y miseria en el planeta.
Estas afirmaciones son argumentadas, ampliadas y dadas a conocer por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en el informe sobre Desarrollo Humano 1997, donde se llega a la conclusión que en los últimos treinta años la economía del mundo tiende a polarizarse de manera más radical; es así que los países más ricos de poseer el 70 % del PIB en 1960 pasan al 86 % en 1994, mientras que las naciones más pobres del 2,3 % descendieron al 1,1 %.
También indica que los síntomas del “apartheid” (segregación económica-política) mundial se ponen de manifiesto en el informe del Banco Mundial (World Development Report 1999/2000), el que muestra que de los 28.8 trillones de dólares que representaba el producto interno bruto (PIB) mundial en 1998, 22.5 trillones (78 %) generaban los países industrializados que contaban con el 15 % de la población mundial, mientras que 1.8 trillones (6 %) provenían de las naciones pobres que cobijan el 60 % de la población mundial.
Sobre las exportaciones e importaciones mundiales 1998 (Banco Mundial 2002), los países ricos copaban el 76 % de las exportaciones y en importaciones llegaban al 75 %; mientras que los países pobres y medianos, sólo alcanzaban el 24 % y el 25 % respectivamente.
América latina también presenta señales del “apartheid” y los efectos de este fenómeno se pueden constatar en las tres categorías de países: naciones con pobreza aguda (Centroamérica), con pobreza media (países andinos y del caribe) y con pobreza baja (países del cono sur). Ver siguiente cuadro, fuente: Banco Mundial 2002.
Con la información hasta aquí presentada se puede tener una visión más o menos clara de los resultados de la globalización de la economía neoliberal. El barón John Maynard Keynes en los años cuarenta, había advertido que si bien era importante preservar los principios del liberalismo, también era necesaria la intervención del Estado para regular los efectos, a veces nocivos, del mercado y evitar la polarización de las desigualdades. Por lo que los estados asumieron su papel “benefactor”, que consistía en procurar el bienestar de los ciudadanos brindando servicios que elevaran la calidad de vida como educación, salud, seguridad, agua, energía, y otros.
Con la instauración del neoliberalismo (en los años ochenta) presenciamos progresivamente el cambio de roles; el Estado abandona su papel de “proveedor de bienestar” y lo deja en manos del mercado, entregando a privados los servicios que él debería proporcionar.
El investigador canadiense Kimon Valaskakis sostiene que la globalización se instauró de tal manera en el planeta, que ha permitido una enorme movilidad de los llamados “factores de producción” que son: el desempeño de las multinacionales, el movimiento constante del capital financiero, mano de obra y tecnología. Entonces la producción mundial se realiza buscando siempre precio y calidad en aras de la competitividad; de tal manera que es evidente la rapidez con que se desplazan los capitales de inversiones atraídos por mejores rendimientos y la rapidez con que emigran cuando las condiciones de rentabilidad y seguridad descienden. Esto ha ocasionado que los estados ofrezcan una serie de ventajas a las transnacionales, cerrando muchas veces los ojos ante situaciones de contaminación cultural y ambiental, como también desacato a sus propias normas laborales.
Si las empresas transnacionales y los países con alto desarrollo se encuentran a gusto con la economía liberal, es evidente que los países pobres la cuestionan y la impugnen. Entre los opositores hay que situar a América Latina (clase media, profesionales, obreros, campesinos, etnias, etc.) y supuestamente a un nuevo actor social, igualmente mundializado, que es la “nueva comunidad civil internacional” compuesta por tres grandes grupos: las organizaciones no gubernamentales (ONG), los partidos verdes y los grupos de defensa de los derechos humanos; a la que nadie fiscaliza la procedencia de sus recursos ni la calidad de sus actos.
Ana Lucena en su análisis visión crítica de las ONGs, indica: “que éstas sirven más que nada para legitimar el sistema neoliberal, puesto que le ayuda de dos maneras: inmovilizando políticamente a las sociedades desarrolladas y, desactivando políticamente a las sociedades que dicen ayudar. Las ONGs son la coartada del sistema para apagar los fuegos que él provoca, para reparar los desperfectos ocasionados por sus políticas económicas, para correr una cortina de humo sobre la dejación y abandono que están haciendo las autoridades públicas de sus obligaciones básicas”.
Entonces no es difícil constatar que la globalización está llevando al mundo a una articulación en su economía; pero a costa de problemas culturales, sociales y ambientales que impactan más en los países más pobres.
Por lo anotado líneas arriba, se puede concluir que mientras la “globalización” está llevando a la humanidad a una “separación” de ricos, pobres y miserables, la competitividad desenfrenada, propia del capitalismo, lleva a la aplicación de una especie de “darwinismo social” donde “las especies mejor dotadas sobreviven y las menos dotadas perecen”; por lo que los organismos internacionales, a través de los países ricos, están preocupados de paliar esta situación con ayudas condicionadas (“asistencialismo humanitario”) que no hacen otra cosa que profundizar la dependencia y no resuelven los sufrimientos de la población. Karl Marx propuso abolir el capitalismo a favor de lo social; mientras que los neoliberales proponen abolir el estado social a favor de la “competitividad”.
E. Galeano en su mundo “Patas Arriba” y en otras de sus obras con mucha precisión dice: “en el mundo sin alma que se nos obliga a aceptar como único mundo posible, no hay pueblos, sino mercados, no hay ciudadanos, sino empresas; no hay ciudades, sino aglomeraciones; no hay relaciones humanas, sino competencias mercantiles...”.
El P. Gregorio Iriarte O.M.I. en su obra “Post-Modernidad, Neo-Liberalismo, Globalización”, escribe: “La globalización lo abarca todo.
Una de las características de la nueva era que estamos viviendo es lo que se ha dado en llamar PROCESO DE GLOBALIZACIÓN O MUNDIALIZACIÓN. Este proceso se está dando en el área económica, en la política, en la estrategia militar, en la tecnología, en la informática, en la ingeniería genética, en las comunicaciones. Estos procesos han nacido con la marca de fábrica del signo capitalista y es en el área económica donde con mayor fuerza y contundencia se ha instalado la globalización, donde el mercado trata de crear empleos solo en la medida en que permita al capital reproducirse con las máximas tasas de ganancia y en el menor costo y tiempo posible”; esto se puede interpretar como una postura neoliberal del mínimo esfuerzo y máxima rentabilidad.
Asimismo escribe: “LA NUEVA SOCIEDAD que soñamos y por la que luchamos desde nuestra visión cristiana del mundo y de la economía y desde una opción clara y solidaridad por los derechos humanos y por los más pobres, se caracteriza por las siguientes primacías:
• Primacía de la vida sobre cualquier otro valor.
• Primacía de la persona sobre todo poder.
• Primacía de la ética sobre la técnica.
• Primacía del trabajo sobre el capital.
• Primacía de la justicia sobre el orden.”
No nos olvidemos de lo que decía al mundo el Papa Juan Pablo II: “El desarrollo sin ética se convierte en un desarrollo salvaje”.
En mi visita a Bélgica (año dos mil uno) quedé impresionado al conocer el viejo mundo. En la ciudad de Amberes, conversando con un amigo del lugar sobre las principales actividades económicas de esa ciudad, me dijo que son la refinería del petróleo y los diamantes; lo que me sorprendió es saber que Bélgica no tiene yacimientos de petróleo ni diamantes y comparando las economías y potencialidades con Bolivia, pienso que la riqueza no es del que la tiene sino del que la trabaja. En otras palabras, la globalización de la economía en este mundo beneficia a las sociedades que tienen el capital financiero y el conocimiento.
Considerando que nuestro planeta cuenta con increíbles potencialidades y una vasta diversidad etnográfica, ecológica y cultural, deberíamos ser capaces de construir un puente sincero entre el neoliberalismo y una realidad más equitativa y próspera en el mundo, como lo plantean las luchas sociales de los más desposeídos; porque en definitiva, todos habitamos el mismo planeta; caso contrario seguiremos clasificando a empresas y países en ricos, pobres y miserables.





