CONFERENCIA LEÍDA EN EL SALÓN DE LA UNIVERSIDAD “TOMAS FRÍAS” DE POTOSÍ EL 15 DE ABRIL DE 1937
Hombres de Tarija (Cuarta parte)
Aniceto Arce.—He aquí uno de los hombres más discutidos de su tiempo, como político y como mandatario. Su actuación era motivo de las más acres censuras aún por aquellos hechos en que mostraba visión de porvenir. Posteriormente, la crítica histórica ha ido pronunciándose en un sentido admirativo en relación a sus obras de trascendencia para la nación toda. Que hizo de la intolerancia para los adversarios un principal procedimiento político; que fue suspicaz y tirano, inflexible en el castigo y venganza, hasta dar de bofetadas en Sucre a un estudiante que no lo saludó, pero sus propios sufrimientos, la escuela de la vida, le enseñaron a ser tenaz en todo, en lo bueno y en lo malo, con la diferencia de que lo bueno que hizo, perdura, y el recuerdo del «tirano de la Florida» será eterno, ya que a diario cantan la canción del esfuerzo y del trabajo los pitos de las locomotoras y las volutas de humo de sus máquinas trazan caprichosos dibujos en el aire: el ensueño, la obsesión más cara del Presidente Arce, que tuvo, para cumplirla, que hacer el esfuerzo más grande de perseverancia en relación a las más vivas y continuas protestas de su época por esa obra.
La vida y labor de este maestro de energía ha sido objeto, como la de Campero, del estudio de grandes plumas, siendo de las últimas, la del malogrado intelectual don Ignacio Prudencio Bustillos. Aquí en el punto de vista que nos hemos trazado sólo haremos una revisión rápida.
Nacido el 17 de Abril de 1824 en Tarija, pasa su niñez en Charaja, propiedad de su familia, educándose en Padcaya, capital de la provincia que lleva su nombre. De aquí continúa humanidades en el «San Luis» de Tarija, terminando sus estudios en Sucre a través de grandes sacrificios, hasta recibirse de abogado.
Al notarse sus cualidades, llega a ser tomado en cuenta para los destinos públicos. Bajo el gobierno de Belzu es nombrado Diputado por Tarija; por incidencias políticas de oposición, llega a ser confinado al Guanay, de donde escapa con sus compañeros diputados como él y atravesando lugares aún desconocidos por la planta humana, huye al Perú. Es con este motivo, al buscar trabajo, que llega a conocer la industria que más tarde intensificaría en Bolivia y que le tornaría de pobre en millonario. Vuelve a su patria y se radica en Potosí, siendo Prefecto de este Departamento en 1862, luego Ministro de Hacienda. Desempeñó la Plenipotenciaria ante la Argentina y Paraguay, donde planteó por primera vez el arreglo territorial del Chaco Boreal. De regreso al país y estando bajo la tiranía de Melgarejo, dedícase a la minería, llegando a organizar la «Compañía Huanchaca de Bolivia» donde, según Prudencio Bustilios, «fué director, ingeniero, barretero, peón y carretonero, multiplicándose y atendiéndolo todo personalmente». Estando en esta situación, ya piensa en la construcción de un ferrocarril que viniese desde Mejillones hasta La Paz, Ante la posibilidad de la guerra con Chile, refiere el Dr. Luis Paz, que Arce dirigió un oficio al General Daza, en sentido de evitarla, pero no se tomó en cuenta su indicación. Estando de representante nacional en la Convención del 80, fue designado Primer Vice-Presidente, habiéndole tocado por sus ideas pacifistas, como ya dijimos, el ser desterrado del país, permaneciendo en Europa donde iba estudiando diferentes aspectos sociales. A su regreso y llamado por el Senado, presidió el Congreso de 1882.
Hablamos, al referirnos a Campero, de la campaña política para la renovación del Ejecutivo que debía suceder al indicado General. Arce, conforme a los acuerdos tomados con Pacheco, debía suceder a éste en el mando, del que llegó a posesionarse el 15 de Agosto 1888.
Como demostración de su espíritu metódico, cita Arguedas que el Presidente Arce hace publicar un horario de trabajo para sus propias labores.
A las 7 de la mañana, trabajo en su escritorio privado, paseo o inspección de cuarteles u obras públicas. A las 10 a.m., una hora de audiencia pública; de 11 a 12, desayuno; a las 12, recepción a los Ministros, continuando el trabajo de despacho hasta las 5 p.m., de 6 a 7 p.m., comida; a las 8, tertulia con sus amigos, con alguna prolongación los domingos.
No pasó ni un mes de su investidura y el 8 de Septiembre tuvo, con motivo de una fiesta religiosa, que ser víctima de una revuelta señalada para su verificativo en el momento de la elevación de la Hostia, con descargas de fusilería dadas entre dos cuerpos del Ejército que asistieron a la ceremonia, y en la plaza. Refiere Arguedas que «Arce se mostró aturdido y aún miedolento en los primeros instantes; pero, pasada la impresión de la sorpresa y sin atender consejos ni dejarse ganar por el pánico que cundiera en sus filas, huyo del templo por una puerta excusada, disfrazado de fraile y auxiliado por don Atanasio Urioste, adversario suyo en política; y esa misma noche se puso en marcha solo, a Cochabamba donde sabía que iba a encontrar apoyo y desde donde impartió órdenes al resto de la República para acudir en defensa del orden alterado»....mostrándose duro e inclemente con los revolucionarios, llegando hasta la flagelación y la muerte....»
Al hablar de Campero, nos referimos al programa de los candidatos de entonces, indicando que Arce prometía la intensificación industrial y caminera. Era el momento ya de cumplir con lo ofrecido al país. Ya en su viaje a la Argentina propuso la continuación del F. C. C. N. A., hasta Bolivia, pero no tomaron en cuenta sus indicaciones. Posteriormente, refiere el Dr. Luis Paz, la «Compañía Huanchaca compró su línea férrea de la Compañía de Salitres, de Antofagasta a Pampa Central, lo que sirvió para la organización de la Compañía inglesa del F. C. La Compañía Huanchaca hipotecó sus intereses, garantizó con el 6 % el capital que se llegara a invertir en la prolongación de la línea y la tomó en arrendamiento por el interés garantizado y por el espacio de 20 años. El año 89 la línea llegó a Ollagüe y una vez que hubo tocado la frontera de la ocupación chilena, la Compañía Huanchaca no esperó apoyo ni garantía del Gobierno del que solicitó simple permiso para la prolongación de Ollagüe a Uyuni, y del ramal Pulacayo, llegando el F. C. a Uyuni el año 90». Todo esto, sin que cueste ni un centavo al Erario Nacional.
Pero esta no era toda la mira de Arce, como ya dijimos. En el Congreso del 89 reunido en La Paz, se presenta un proyecto para la continuación del F. C. de Uyuni a Oruro, considerándose en grande la propuesta de la Compañía Huanchaca. Para esto se presenta la más enconada oposición, pero llega a aprobarse. Mientras tanto el Presidente tiene que hacer frente a la virulenta campaña de oposición. Todo lo desafía. Se le llenó de adjetivos. Calumniado, incomprendido, tuvo que soportar no sin acciones violentas de su parte los ataques. Pero la obra se hizo y el F. C. se inauguró en Oruro el 15 de Mayo de 1892. Refiere Baptista, citado por Arguedas, que al remachar el clavo de oro en los ríeles, Arce, profudamente emocionado, dirigió unas palabras a su auditorio y arrodillándose el anciano, junto con el choque de la persecución, resonaban con un sollozo estas palabras suyas: “muera yo; mátenme; llenada está mi tarea ”
Esto, que significaba mucho para su tiempo y que fue el punto de partida de todos los caminos de hierro de Bolivia, no es toda la obra de Arce. Conocido es el sistema que regía en su tiempo en el ejército con la existencia de las “rabonas” que atendían a los soldados, pues no existía el servicio del rancho, motivando el escándalo y la corrupción, vistos como algo común. Arce se enfrenta a esto, no obstante la más viva oposición y organiza el sistema que rige en nuestros días. Funda un Colegio Militar en Sucre y establece la enseñanza educativa en los cuarteles. Su preocupación caminera le hace impulsar la construcción de vías accesibles en Chuquisaca, La Paz. Cochabamba, Beni y Santa Cruz. Inaugura el Puente que lleva su nombre en el río Guapay e inicia el "Puente Sucre” que reúne en un abrazo a dos Departamentos. Funda Uyuni con un trazo en el que se nota su previsión—desgraciadamente no cumplida—de que resulta: á una gran ciudad. Todo esto, en medio de la violenta campaña política de oposición, motivada y recrudecida también por la inflexibilidad de su brazo férreo.
Conclusiones
He aquí un diseño de los “Hombres de Tarija”, a través de las actividades que han desenvuelto y desenvuelven, tanto en su campan rio como en las actuaciones trascendentales para la República toda. En esta ligera revisión, han cruzado militares, hombres de letras, maestros, políticos, mandatarios, que han trazado su vida en un sentido de supervivencia, de un ansia inefable de eternidad al decir de Unamuno y que tenemos que juzgarlos en relación al ambiente boliviano y a su tiempo.
Tarija ha dado estos hombres que la han representado en el concurso histórico. Verdad que en artes ha dado poco. Pero es necesario tomar en cuenta su estado de alejamiento, de su falta de convivencia continua en el juego de la nación en el primer tiempo de existencia como Departamento y en la ninguna importancia que se daba a esa parte de territorio. Sus hijos han actuado conjuntamente cuando en su capital había Facultades de Derecho, Medicina y Escuela Experimental de Agricultura. En esa época hasta hubo diarios, revistas, periódicos que desarrollaban una labor cultural apreciable en relación a sus medios. Realmente entonces el «espíritu de la tierra» gritaba a pulmón lleno sus ansias de superación. Clausuradas sus Facultades, sus estudiantes tenían y tienen que ir en peregrinación hacía otros centros de la República a continuar sus estudios profesionales, quedando sin este elemento que es el que constituye la verdadera médula de un pueblo.
Por otra parte, no hay que perder de vista que el pensamiento en el mundo actual gira alrededor del pragmatismo, o sea del sistema filosófico cuyo postulado es que todo lo útil es verdad interpretándose como el sojuzgamiento y vasallaje de los principios de suma verdad, suma belleza y sumo bien a lo eminentemente práctico, como si la utilidad y beneficio, viendo con criterio más amplio, no fueran en realidad más que uno de los resultados de la verdad. Esto va socavando su ansia de perfeccionamiento único en los centros civilizados, con mayor razón aún en nuestros ambientes sin cultura sólida y los soñadores que reaccionan contra esta tendencia netamente utilitaria, tienen que luchar contra el indiferentismo general.
Con poner en evidencia que la tierra de Luis de Fuentes no es ajena a las inquietudes de la República y que sus hijos han actuado en diferentes esferas, en contra de lo que hace poco se afirmó como verdad lo contrario, no queremos decir que seamos enemigos del análisis de nuestras flaquezas, de nuestras fallas. Sería hablar perogrullescamente si dijéramos que los males se corrigen a fuerza de conocerlos. Entendemos que Bolivia, nación aún desarticulada, necesita conocérsela en sus más íntimas realidades. Pero, entiéndase bien, es necesario el análisis sereno, sociológico, serio, del ambiente, hecho con elevación espiritual al elegir su destino. Porque, también hay que, decirlo ningún Departamento boliviano ha corrido la suerte del tarijeño que, contrariando al Libertador, a las autoridades argentinas que reclamaban este territorio en el cual ya ejercían su autoridad, y a los mismos políticos alto-peruanos, manifestóse bolivianista.
Habría que analizar en esos hombres algunos actos que son verdaderas lecciones. Siempre la Historia es una lección viva y un traje de experiencias. Habría que aprender de los guerrilleros esa ansia infinita y esfuerzos por verse libres; de los escritores el quijotismo de predicar en desierto y perseverar aún a sabiendas de los resultados; de Luis Paz su labor intelectual y fecunda; de Saracho su obsesión educacional; de Campero, el ser caballero en todo acto de la vida y su integridad como militar y mandatario; de Arce, el tesón en cumplir a través de todo, su ideal, cuando se lo sabe sano y que ha de proporcionar riqueza y prosperidad a su patria.
Por esto hemos buscado esta ocasión para hablarles, queridos alumnos del «Pichincha». Es necesario crear el espíritu de investigación científica a base de la observación de documentos. Es educar el corazón a base del análisis y observación de las obras bellas. Vale reflexionar. Muchos de los que hoy llenan las aulas de este Colegio han de ir a grandes situaciones desde su calidad de ciudadanos. Muchos escribirán. Cuando lo hagan, que sea desde una Biblioteca y no desde la mesa de una cantina.
Hay que buscar el éxito, pero a base de fuerzas morales que lo eleven más alto, sin peligro de caer con las alas despegadas como el Ícaro de la leyenda helénica. «El triunfo —nos dice Saracho— es cuestión de honradez, de concentración e inteligencia y no de formulismos ni de ficciones extrañas a toda labor seria».
Potosí, 15 de Abril de 1937.
APÉNDICE
SÍNTESIS DEL FOLKLORE TARIJEÑO
(De la Revista del Círculode Bellas Artes de Potosí)
El estudio del folklore tarijeño, en todas sus manifestaciones, daría oportunidad para efectuar una investigación profunda, muy provechosa por cierto, para conocer el espíritu que anima a aquella región del territorio patrio. Me ocuparé en este ligero ensayo, de publicar algo del folklore en dos aspectos típicos: las coplas «chapacas» y la musa «popular» que ya hice conocer por la prensa de La Paz.
Lo que significa el “Chapaco”
El «chapaco», es el campesino tarijeño de tez blanca o ligeramente morena, de contextura robusta. Habla el español antiguo heredado de los conquistadores que poblaron ese lugar, y como ellos, son cristianos y caballeros». La influencia de quichuas y aimaras ha hecho que en su léxico se mezclen palabras pertenecientes a ambos idiomas, empleándolas en su lenguaje familiar sin importarles su origen y sin dar la correcta pronunciación autóctona. Es el labrador que al cultivar la tierra, siéntese lleno de una inquietud interna, movido por la naturaleza ubérrima de bellezas ideales incitándole a objetivarlas mediante coplas que entre la faena diaria compone en la «inevitable y bella enemiga», y procurando vencer a los rivales que se la disputan.
En cuanto al «teatro» de acción, cuenta sólo con el campo abierto y su albergue o el de su amada. Su inspiración es espontánea; la letra de sus coplas tiene un sabor característico, según la época del año. El cantor con su «caja», golpeando al compás, pergeña las coplas según las circunstancias del ambiente. O tomando el camino solo, hace vibrar su voz en medio del boscaje ante el solemne silencio cósmico. La copla «chapaca» se la aprecia inmediatamente, se conoce al autor, pues se lo escucha, nace en un momento dado; en respuesta, provocación o insinuación amorosa, Veamos sus reacciones:
El Chapaco amoroso
Hereda de sus antepasados ese fuego interno, esa dirección hacía los amores trascendentales que eleva a la amada a regiones del más puro romanticismo.
Y la naturaleza, cuyo encanto agranda la ilusión, invita al amor fogoso, grande y desinteresado. Así canta.
Tu querer y mi querer,
tu pensamiento y el miyo
son como el agua del riyo
que p’atrás nua de volver.
Figuraos ese amor, El agua del río busca su declive y pasa en peregrinación perpétua, pero no vuelve atrás. Así el «querer», en igual forma, irá armónico, pero nunca retrocederá.
Las ansias del dulce coloquio pastoril le agitan. Colocado en el cerco de ramas que rodea la choza de la amada, le dice:
Salí, lucero, salí,
salí que te quiero ver;
aunque las nubes te tapen
salí si sabes querer.
El demonio de los celos enturbia la corriente cristalina del amor campestre. Primero viene una queja insinuativa:
Arribita, yo sé adónde
juega una paja en el viento
como juegan los amores
dentro de tu pensamiento.
Pero luego brota una reacción defensiva:
Vení registra mi pecho,
dá güelta mi corazón.
En él nuas de hallar venganza
ni menos una traición.
Y el individuo que así exterioriza la pasión noble y natural, arroja su lira luchando con entereza de hombre, cuando es oportuno. En la guerra de la independencia, en la campaña del Pacífico, se ha vertido a raudales la sangre del chapaco. Los hechos de «Boquerón» y «Mariscal López», son también harto elocuentes. Acordémonos de los sargentos Tejerina, Tarraga y Villanueva, dignos ejemplares de su estirpe.
El Chapaco se burla de la mujer
Pero así como sabe cantar a la copla con que engrandece el valor de ésta, sabe también «sacarse el clavo», cuando ocurre algún desvío. Respetuoso dice:
A querer naide m’iguala
cuando hallo correspondencia
pero cuando no la encuentro,
soy la misma indiferencia.
Sin embargo ya molestado, la trata mal:
El amor de las mujeres
es como el de las gallinas,
cuando jalta el gallo grande
cualquier pollo las domina.
Las mujeres d’este tiempo
son como la culebrilla,
no se contentan con uno,
vamos formando cuadrilla.
Saben responder en debida forma al desdén o «galletazo», como diríamos:
Miren aquella mocita
con sombrerito alentau,
busca maridu sin duda,
blando, zonzo y bien pagau.
Huasquiate. Huasquiate
como «quirusilla»,
si vos tienes tu muchacho,
yo también tengo m'imilla.
El Chapaco irónico
La sal andaluza hierve en su cerebro y sólo espera ocasión para manifestarse. Algunas veces nuestro tipo se empequeñece para hacerse más simpático.
Yo teniya una camisa
pa salirme a campiar,
una tira por los lomos
otra por el costillar,
Cuando se siente invitado:
Voy a cantar las coplas
Que mi han mandau,
que no quiero que digan
«malo y rogau».
Escuchen señores miyos,
jorastero es el que canta.
Con el polvo del camino
se le seca la garganta.
Si se le insiste demasiado, recuerda la insinuación de los juglares, pero en forma especial:
Mi garganta núes de palo
ni jechura y carpintero,
si quieren que se los cante
«denme chichita primero».
La doble intención se nota en muchos de sus cantares:
A mí me gusta comer
choclitos de chacra ajena
comerme lo güeno, güeno,
dejar la «chala» p’al dueño.
Cachazudo, como él solo, también a veces se preocupa del misterio del más allá. Pero reacciona en forma típica:
Cada vez que considero
que me tengo que morir,
tiendo mi poncho en el suelo
y me jarto de dormir.
Frente al rival
Agresivo con el que quiere disputarle su dicho, no tiene miramientos. Y en la «fiesta» como llaman a su reunión social, lo desafía al «contrapunto», resultando el victorioso en ese torneo, agraciado con la mirada amorosa de la «Dulcinea».
A veces esta provocación trata de herir fieramente la dignidad del contendor:
Estas son las rosas
del «Rancho» pa abajo.
Yo no vivo de los otros,
yo vivo de mi trabajo.
Este es el espíritu del poblador de la campiña tarijeña cuya poesía es muy elocuente. Arraigado como se encuentra en él el amor al terruño, la necesidad pecuniaria le obliga a abandonarlo para buscar trabajo en la república Argentina, encontrándolo solamente en los peores lugares, como son los ingenios azucareros. Allí también él canta, añorando su tierra, y sus coplas se mezclan a las de los gauchos llegándose a confundir.
La musa popular
El pueblo, como en todas partes de Bolivia, tiene sus reuniones sociales, se. divierte con los «bailecitos», «cuecas», «kaluyos», o bien da cabida a los «tristes». El «arma» para esta lid es la guitarra, hermosa herencia española, cuyas cuerdas bien tocadas, hacen profunda impresión en las serenatas con orquesta efectuadas en noche plenilunar.
La letra de las coplas populares, interrumpe con la música de un nuevo «bailecito», «kaluyo» o «triste». El compositor anónimo tiene como compensación la alegría de ver impuesta su pieza musical con letra propia. Que conozcan o no quien es el autor, poco importa. Y para éste, hasta es mejor que nadie sepa. Se tiene mayor cuidado en la versificación, llegando muchas veces a componer coplas perfectas literariamente.
Puede hacerse a grosso modo la siguiente clasificación de los cantares populares tarijeños:
I.—Coplas elegiacas
El amor, suprema musa de todos los tiempos y lugares, gobierna el corazón de los compositores. Cantan, porque tienen necesidad de exteriorizar el fuego interno que los devora originado por el constante pensar en la dulce dueña de sus pensamientos. La sublimidad de un espíritu enamorado da margen a diferentes motivos poéticos, llevando a la meditación en el ideal y el contraste con la grosera realidad de la vida, a lo triste, reinando la alegría:
¡Ay del que vive llevando
la muerte en el corazón!
¡Ay del que en su pecho encierra
las cenizas de su amor!
Muchas veces me pregunto
sin conseguir acertarlo:
¿por qué cuando más nos quieren
es cuando más olvidamos?....
La protesta de una pasión inmensa, de un amor como único fin de la vida surge en muchos cantares:
He de mandar que m’ entierren
sentado, cuando me muera,
para que diga la gente:
«se murió, pero la espera».
Aquí estoy aquí me tienes,
aquí me verás morir.
Con la sangre de mis venas
tus puertas se han de teñir.
La convicción del vencimiento arranca a la pasión, notas perfectas de expresión amorosa:
Vengo a pedirte perdón,
no puedo luchar contigo
porque el mayor enemigo
es mi propio corazón.
Pero el amor es necesario. Es la existencia misma, su única razón de ser y urge amar, clama el espíritu romántico de la tierra.
El querer sin ser querido
es una pena muy grande.
Pero es más pena morirse
sin haber querido a nadie.
II—Los cantos del desengaño
La consabida desilusión, que es la muerte para el corazón amante, hace reaccionar en forma diferente al chapaco y al poblano. .Mientras el chapaco ríe, aunque fingiendo, aquél derrama lágrimas francas:
No te creas de la rosa
ni del fragante alhelí,
porque te han de dar el pago
como me lo han dado a mí
Amarillos son los gustos,
colorados los placeres,
¡Qué ingratas son las mujeres!
¡Qué constantes son los hombres!
Entonces vienen ansias grandes de renunciamiento
No quiero querer a nadie
ni que me quieran a mí.
No quiero pasar trabajos
ni que los pasen por mí.
II—Musa festiva
El pueblo, como el chapaco, también ríe con toda su alma y en sus carcajadas, fruto de la ironía, explota lo cómico de la existencia:
El demonio son los hombres
dicen siempre las mujeres
y luego están deseando
que el demonio se las lleve.
Me dice el padre cura
que no te quiera.
Y yo le digo: Padre,
¡si usted la viera!
La segunda intensión se manifiesta con gracia, habilidad y gusto:
Desde lejos voy mirando
la punta de tu enagüita,
el corazón me palpita,
la boca se me hace «agüita».
Quién dice que no se goza
con gusto lo que es ajeno.
Sabiendo sobrellevar
se goza mejor que el dueño.
Venga la interpretación de la alegría del borracho, buen amigo nuestro, para terminar este párrafo:
A mí me gusta «tunar»
y amanecerme «tunando»,
y recogerme a mi casa
cuando a misa estén llamando.
¡Qué bonito canta el gallo,
más bonito canto yó!
Porque cuando el gallo canta
para mí ya amaneció.
Conclusión
En estos dichosos tiempos, en que asqueamos conocer lo nuestro y gritamos a voz en cuello letras y músicas exóticas, este artículo casi está fuera de lugar. Pero felizmente el buen criterio va imponiéndose. La primera Convención de Maestros, en una de sus conclusiones sugiere al Consejo Nacional de Educación, el desterrar de los planteles educacionales los tangos y couplets, cuya letra hecha a perder el difícil castellano que se logra hablar y cuya música deprime.
Es necesario mejorar lo nuestro, y, para efectuar esto, hay que conocerlo bien. Solo así llegaremos a formar el alma nacional.
Coplas populares—todos lo saben—son como las golondrinas. Vuelan de un lado a otro buscando vida y calor. He tratado de escoger lo más típico, aquello que transparenta todo el sentir de la tierra tarijeña. Eso se canta allí como algo propio, nacido de lo íntimo del corazón del valle. Por eso lo presento.
Víctor VARAS REYES.


