Del libro: RECUERDOS DE MI TIERRA de Tomás O’Connor d’Arlach. 1917
La feria de San Roque
Campanitas de San Roque,
como el alma nos alegran
vuestros sonoros repiques
en los días de la feria,
cuando principia Septiembre
y llega la Primavera,
en esas blancas mañanas
tan hermosas de mi tierra,
en que vierte el Sol sus oros
sobre las verdes praderas
que están ya llenas de rosas,
de claveles y verbenas.
Campanitas de San Roque,
¡qué alegres llamáis a fiesta!
¡Cómo se llena de gentes
todo el atrio de la Iglesia!
Ya ondean los estandartes,
revientan las camaretas
y se esparcen por el aire
los sones de la trompeta;
de ese instrumento suigéneris
que solo se oye en mi tierra,
que el corazón nos conmueve
hasta el alma nos penetra.
Al oírlo llora el vivo
y el muerto su tumba deja:
tal es la impresión que causa
en el alma tarijeña.
Campanitas de San Roque,
ya se acabó la novena;
vuestros alegres repiques
hoy día anuncian la fiesta.
Revestido sale el cura,
ya San Roque está a la puerta
y parte la procesión
entre flores y banderas
y músicas y repiques.
Hay allí cientos de alféreces
y otros cientos de trompetas.
Está cubierta de gentes
y de toldos la plazuela;
allí exquisitas alojas
se venden y chicha espléndida;
chunchos, negros trenzadores
a bailar en la plazuela
llegan y entre ellos el Diablo,
tipo el mejor de la fiesta.
Vienen luego de caballos
las concurridas carreras,
y ¡qué caballos tan lindos!
y ¡qué yeguas tan soberbias!
Se gasta allí mucha plata,
se hacen fuertes apuestas,
y las corridas de toros
ponen el sello a la feria.
Campanitas de San Roque,
mañanas de Primavera,
azules y rojos partes,
verdes y alegres praderas,
melancólicos y tiernos
acentos de la trompeta,
¡con nostalgia el alma mía
desde lejos os recuerda!


