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ASÍ ME CONTO MI ABUELO SUS MEMORIAS -Autopsia de una agonía- (Tercera Parte)

Luis Carrasco Salinas Tarija, Agosto. 2000

Cántaro
  • Luis Carrasco Salinas
  • 19/10/2025 00:00
Portada ASÍ ME CONTO MI ABUELO SUS MEMORIAS

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La repatriación, se dijo que sería por riguroso turno de llegada al Jardín Botánico de todos los acantonamientos. No quise esperar más y escape rumbo al lugar señalado para poder salir en el primer contingente. Llegado a este gigante muestrario ecológico obra del dictador Carlos Antonio López en el año 1852. Lo demás, hijo, no fue espuma Tú como profesional conoces la historia contemporánea, tanto en la pre-guerra como en la post-guerra, donde después del conflicto bélico, el abuso y la explotación del indio; la ignominia política; la entrega del estaño y otros minerales al capitalismo americano-inglés so pretexto de ayuda a la Segunda Guerra Mundial y combatir al comunismo ruso, se entregó generosamente nuestros minerales. Sobrevinieron los gobiernos militares, cayendo en manos del gobierno de Peñaranda; Germán Busch que fue traicionado; Quintanilla y el más falaz David Toro, cuyo gobierno fue llamado irónicamente socialista, que para librarse del juicio de responsabilidades en la guerra, dictó la nacionalización del petróleo, que en fin de cuentas fue idea y acción de la juventud intelectualizada que salió de las trincheras del Chaco y sobre todo del patriota Dionisio Foyanine que fue el verdadero centinela del petróleo. Pero lo más vergonzante y que Bolivia no puede olvidar ni perdonar, fue el criminal “corralito de Villamontes” para que los entregadores de prisioneros sacaron tropas y artillería que estaba frente al enemigo, para apresar al presidente constitucional Daniel Salamanca y de este modo imponer un gobierno liberal presidido por el masón Luis Tejada Sorzano. Con esta acción infame, truncaron, también, la orden del presidente Salamanca, de cambiar al Coman-Chaco Enrique Peñaranda, personaje que junto con Toro seguía arrastrando la cadena de derrotas, que en la última etapa de la guerra comenzó con el desastre de “Carmen”. Otro de los motivos del viaje del presidente a Villamontes fue el cambió del General Peñaranda con el patriota General José Luis Lanza, quien cuando fue apresado junto con los ministros que acompañaban al presidente, al ver la cobardía que empañaba al ejército nacional, se arrancó las presillas y las arrojó al suelo exclamando: ¡Me da vergüenza ser general boliviano! El coronel Víctor Serrano, había intervenido con un atrevido calificativo a lo que el general Lanza le respondió: El peor chancho rompe el chiquero, el chancho es usted. Al oír esto el inculto Gral. Peñaranda le había respondido: Así vas a hablar cuando te agujereemos la panza ¡carajo!. Concluyó con amargura mi abuelo diciéndome- Todo esto te lo digo con el derecho que me asiste como soldado de la patria en una guerra internacional, que no fue como dijo el escritor Luis Azurduy, lamentablemente autor de la biografía del Capitán del Chaco Germán Busch, que la guerra del Chaco fue una “champa” guerra. Somos los excombatientes los auténticos depositarios de la verdad de los que cayeron besando la tierra en bosques picadas y pajonales de angustia ; agonía. Todo lo que te estoy diciendo, hijo, podría decírtelo: un Marzana, un Bilbao Rioja, Un Armando Ichazó, un Uruchari o un cabo Juan, porque también ellos fueron testigos de lo que fue el Infierno Verde.

Al oír todo lo que me contaba mi cariñoso abuelito no solo se me hizo un nudo en mi garganta, sino que corrió por mis mejillas una lágrima furtiva de dolor e indignación, porque el énfasis que puso en su narración, mi awoki sufrido, lo estaba, también, sintiendo yo. Así continuó mi abuelo: Tres años de engaño y mistificación, tanto de la prensa como de los responsables comandantes que habían sido becados en Italia y Alemania para especializarse en estrategia de guerra y que retomaron como expertos en el arte de tocar piano, estos fueron a la guerra, no ha vencer, sino a perder y capitalizar méritos para seguir mangoneando en el gobierno de la post-guerra, como que así fue. Treinta años de atraso y manoseo de la Constitución Política del Estado que con métodos poco ortodoxos se perpetuaron en el poder, hasta que por fin, se llegó a comprender por donde debíamos haber comenzado: la alfabetización de los campesinos; la liberación de las tierras a favor de los indios; la supresión del pongueaje; la Nacionalización de la minas; el voto universal y la diversificación económica. En esto estaba la clave y no en lo que pensaba la oligarquía minero-feudal. ¿No te parece hijo?.

-Tantos otros hechos, mas, me contó mi abuelo, que ya no los puedo seguir anotando, porque en un año de guerra y dos de cautiverio, habían hecho de él un guiñapo humano a capricho del destino y juguete de la maldad de los esbirros “estrellados”. Naturalmente hechas las honrosas excepciones. Acostados en los arenales del Chaco; tendidos en la isla del hambre de puerto Casado, otrora Puerto Pacheco y desollándonos los pies en las canteras de Tacumbú y en la carretera asfaltada de Cancha Guaraní. -Continúo mi abuelo-

Parece que te estoy amargando con estas verdades. Seguiré con el tema de mi salida de Tembetarí y mi llegada al Jardín Botánico. Allí tuve la alegría de encontrarlo a mi primo hermano Germán Cabrera, estaba acompañado de mi cordial amigo Carlos Pozo Trigo procedente de una familia blasonada de La Paz. Junto con ellos tuve la suerte de salir en el primer contingente. En el trayecto de Formosa a Pocitos argentino, tuvimos que aguantar las viarazas de los simpatizantes del Paraguay y enemigos de Bolivia, quienes nos insultaban con calificativos groseros, culpándonos de haber provocado la guerra, solo por apoderamos de las tierras petrolíferas del heroico pueblo paraguayo. Llegamos a la frontera de Pocitos bolivianos y el corazón golpeó con fuerza al ver nuestra enseña nacional flameando bajo el cielo de Bolivia. Continuamos a Yacuiba donde la euforia de la población chaqueña, se convirtió en vítores y aplausos a los que retomaban del cruel cautiverio. Los camiones continuaron sin parar hasta llegar a la heroica capital chaqueña de Villamontes, donde nuevamente tuvimos que soportar el despotismo del virrey de aquella guarnición militar David Toro, quien había ordenado que se quemen todas nuestras prendas y ropa que llevábamos, pretextando que podíamos ser portadores de infecciones y de consignas del comunismo soviético. Allí perdí mi maletín con el retrato que me hizo en la prisión de Piribebuy el que fue después consagrado pintor Miguel Alandia Pantoja, quien se salvó justamente con Ely Céspedes Toro de ser asesinado gracias a su intrepidez de haber huido al monte, querido hijo, existe una narrativa con un mayor detalle en una separata que se publicó en la prensa del Norte y el “País” de Tarija. En aquella acción criminal, perdí un riquísimo mantel de “ñanduí” de dos metros y medio con los colores de la bandera del Paraguay, que uno de mis compañeros obtuvo en el saqueo de la residencia veraniega del ex presidente José Guggiari cuando la revolución del coronel Rafael Franco contra el Partido Colorado del presidente Ayala y del comandante del ejército Mariscal Félix Estigarribia. Además se quemaron cuatro libros: “En Ambos Frentes”, del traidor criminal tanto en la guerra como en la paz, Carlos Meyer Aragón. El libro “Bajo las Botas de una Bestia Rubia” de Amaldo Baldovinos, uno del escritor y poeta Juan O'Leary con una dedicatoria a mi persona, otro de los libros quemados fue el del coronel R. Franco. Después de cumplida la abusiva orden, se nos entregó un terno de jerga gris más 20 pesos bolivianos como socorro. Hubo una filiación y revisión sanitaria, se entregó a todos los ex prisioneros un certificado para canjear en Sucre con la libreta de desmovilización. En el certificado del barchilón que oficiaba de médico, solo figuraba una acción de guerra y en la casilla de conducta había marcado el infeliz con una raya. Al observarme y ver una cicatriz detrás de mi rodilla dijo: ¿de qué es este “chupo”? Le respondí con sorna: es de una carcasa de estoque “ doc...tor” obtenida en la batalla de Nanawa. El escribano emboscado que servía de escribiente, no consigno mi declaración de herido de guerra ni mi actuación en Bullo y Rancho Ocho. Lo cierto es que, ya, nada me importaba, más que verme libre y llegar cuanto antes al lado de mis padres y hermanos. Ya en el periodo de paz, lamentablemente seguimos en las mismas condiciones de antes de la guerra, presenciando, las bellaquerías y episodios bochornosos, asaltos y crímenes. Pese a la experiencia de la guerra, nada había cambiado, por el contrario la Constitución Política fue arrastrada a diestra y siniestra por los sátrapas de turno. Sin embargo se vieron acciones de rebeldía de algunos valientes que salieron de las trincheras donde juraron denunciar ante el pueblo, todo lo que habían visto en la guerra Así fue como el mayor Rafael Taborga, en ocasión en el que ofrecían una cena los amigazos de taba, farra y etairas al célebre héroe de Picuiba David Toro, el mayor que había asistido con intención de sentar una precedente moral, levantándose de su silla y antes que se haga el ofrecimiento dijo: Perdón señores pero yo no puedo estar en la mesa donde está el responsable de la muerte de tres mil camaradas en la retirada de Picuiba. A usted señor general Peñaranda le consta: que este señor festejaba su cumpleaños con meretrices y enfermeras que obligadamente asistían al agazajo en Timboy, los paraguayos tomaban los pozos de agua de Irindague y La Rosa. Se habían levantado algunas voces para acallar al que no tenía pelos en la lengua; pero éste no dio lugar y abandono el Club Social, haciendo con los dedos de la mano una señal de deprecio, dejando la desazón en los sumisos adulones, mientras Toro con una leve sonrisa en los labios, trataba de demostrar tolerancia. Hubo una voz que dijo: es un loco fasistoide que se entregó con su avión a los paraguayos.

Otro caso es el protagonizado por su sobrino Ely Céspedes T., ya estando en La Paz. En una quinta de obrajes, donde se encontraba Ely Céspedes jugando “sapo”. Ingresó Toro con una patota de consuetudinarios bebedores. Al verlo Ely con voz ostentosa dijo: yo me retiro porque no puedo estar con mi famoso tío, por quien sufrí la meca y la seca en el Paraguay. Mientras los acompañantes apresuraron la entrada a un reservado y evitar un mal momento porque Ely era capaz de todo.

Hijo no es demás que conozcas otro caso, entre los muchos que existen sobre el mayor Taborga, cuya vida es un mito ejemplarizador. Cuando estaba en la prisión de Paraguari. Los oficiales cautivos eran obligados a salir todos los domingos hasta las alambradas, para que las damiselas y curiosos que visitaban aquel campamento, los vieran y charlaran. Taborga les dijo a los guardias: Si quieren verme estas guapísimas “chotas”, que vean primero mi culo y se bajó el pantalón pijama ..Esta acción dio lugar para que se suspendan las visitas. Después de la guerra estando ya en La Paz fue acusado por el gobierne militar de nazi y traidor a Bolivia, siendo desterrado. Después de varios años y del cambió de gobierno, la justicia lo declaró inocente. Retornó a su patria y se le devolvió su grado. Volviendo a mi relato sobre nuestra ensangrentada Bolivia, por suerte desde 1952, alumbra a nuestra tierra un nuevo sol de liberación. Esta nueva alborada es también para el indio que fue esclavizado; así como para la clase media postergada, pero que ya está saliendo adelante con los actuales gobernantes demócratas, porque la marcha revolucionaria, no se detiene. Este nuevo cambió o movimiento, comenzó el 23 de diciembre de 1943 en el que se confirmó el ideal de redención de una nueva razón de fe en los destinos de la patria, ideal que fue planteado en las trincheras del Chaco y confirmada en la tesis de la “universidad alambrada” de cambió grande en el Paraguay. La oligarquía maltrecha calificó aquel movimiento augural surgido en diciembre, como una revuelta nazifascista. Fue con este falso slogan que engañó al gran pueblo de Murillo en 1946, consiguiendo el colgamiento en un farol del presidente Gualberto Villarroel y los héroes de la guerra del Chaco que lo acompañaron y que todavía tenían frescas las cicatrices de las últimas batallas por la defensa del petróleo que hoy disfruta nuestro país. Nada se pudo en aquella tarde del crimen, ni siquiera el clamoroso pedido del bisnieto de doña Vicenta Juaristi de Eguino quien clamorosamente había solicitado el plazo de 24 horas para presentar las pruebas de los verdaderos traidores a Bolivia. Y sin oír mas razones procedieron al colgamiento del mártir en el que estuvo entre los protagonistas que estiraron el cordel, el traidor en la guerra de Chaco Carlos Meyer Aragón cuyo seudónimo era “Gastón del mar”

El pueblo y los historiadores que fueron testigos de aquel cruel holocausto, manifestaron que aquella tarde el cielo se cubrió de negros nubarrones, semejantes a lo que pasó aquella tarde de la crucifixión de Cristo en la cumbre del Gólgota.

- Así fue narrando mi abuelo con un dejo de amargura e indignación - Yo después de haber sido encarcelado en las tétricas mazmorras de la cárcel de los López por el delito de buscar mi libertad huyendo al seno de mi patria, estando ya en mi propia tierra fui calumniado como comunista enemigo del pueblo y el 21 de julio de 1946, estando ejerciendo el cargo de director de la Normal de Maestros de Canasmoro volví a caer preso en las manos de los llamados ' Libertadores de Bolivia. Conducido como delincuente primero hasta San Lorenzo tierra del glorioso coronel Eustaquio Méndez, quien desde su tumba, posiblemente, se estremeció al ver lo que estaba sucediendo en la tierra que él defendió. Allí fui humillado y encerrado en una cocina humosa, pasando al día siguiente a Tarija en momentos en que los verdugos festejaban aquella victoria pírrica obtenida al preció de colgamientos y engaño. El camión que me condujo dio vuelta la plaza, mientras un sayón gritaba -señalándome - este es otro asesino que cae en manos del ejército de la liberación. Y las puertas de la cárcel situada en la plaza Luis de Fuentes se abrieron para darme pasó, allí encontré el primer abrazo de la inolvidable valiente chola “Flor de Tiesto”. Don Roque Moreno que fue prefecto hasta esa fecha; al dandy Hernán Morales Avila, bisnieto del coronel Lino Morales, héroe de la batalla de Canchas Blancas en la guerra de Pacífico. Después de haber sido brutamente golpeado, fue conducido inconciente desde su propiedad de Lajas. Conducido en un camión tendido sobre una plataforma canaleteada, había perdido la razón, hoy continua inhábil en el hospital psiquiátrico de Sucre. En la cárcel compartíamos, también, en el dolor, con José Catáldi, el profesor Lució Gonzáles, el cariñoso “largo” Ugarte y Tristán Morales. Permanecí en aquel tugurio hasta el 27 de julio que por gestiones del cónsul de Chile Adolfo Piñeiro y del jefe del distrito Escolar Octavio O'Connor Darlach, quienes expusieron ante las autoridades de facto la situación delicada de mi esposa que esperaba el nacimiento de mi segundo hijo y sobre todo de encontrarse sola, consiguieron mi salida de la cárcel pero a condición de guardar arresto domiciliario. Al día siguiente el médico recomendó una receta de urgencia, la sirviente era una niña y como ya era entrada la noche, tuve que salir hasta la farmacia del popular don Justino López . Al salir de aquella botica con los remedios y los periódicos prestados, fui nuevamente apresado por los esbirros que me seguían, quienes decían que los periódicos eran la prueba de que seguía conspirando contra el gobierno del “salvador? Monte Ortiz. Dejé las medicinas en mi casa y fui conducido nuevamente a la cárcel oscura. El 29 de julio nació mi hijo el que ahora es tú padre. En los días siguientes suplique la visita del profesor Jorge Piñeiro a quien le pedí que me represente como padrino en la pila bautismal y le ponga a su ahijado el nombre de aquel inolvidable mes de julio que es también el nombre de mi padre. No hubo ninguna consideración ni respeto, ni siquiera el hecho de ser ex combatiente en una guerra internacional, y el pago a mi sacrificio fue el exilio al Palmar del Gran Chaco, junto con el laureado poeta, también ex combatiente Franz Ávila del Carpió, que había huido de su. Prisión fría de la Puna de Potosí. Pero antes de mi salida rumbo al exilio, pedí al jefe del comando clandestino Madaleno Jurado, me inscriba en los cuadros del Movimiento Nacionalista Revolucionario y me hice, recién movimientista. En 1949 estalló la guerra civil contra el gobierno oligárquico y despótico de Mamerto Urriolagoitia. Hasta ese momento el pueblo había venido observando la falta de civismo y el dominio de la politiquería del feudalismo civil-militar implantado en Bolivia desde los lejanos tiempos de los gobernantes criollos y los “militares bárbaros” que tomaron el control del país, iniciando una era de caciquismo que se dividió entre los partidarios del visionario Mariscal Andrés de Santa Cruz, el incomprendido, como lo fue Bolívar y Sucre en el ideal de la confederación Perú-Boliviana Continuaron los dictadores civiles y bárbaros prontuariados con justeza por el escritor Alcides Arguedas, que pese a su filiación liberal dijo la verdad: Melgarejo, Morales, Daza, Camacho, Pando y Montes, hasta llegar a los gobiernos demócratos, contemporáneos, exceptuando a algunos ya condenados por el pueblo y la ley.

Hoy la patria se halla dividida, políticamente en una veintena de mini partidos de ubicuidad pragmática, cada uno con bandera de ambiciones arribistas. Nada ha cambiado y los bolivianos seguimos fragmentados en absurdas y corruptas coaliciones de cupo y opositores neoliberales y anarquistas “rompe huellas” que se oponen a los sanos propósitos de quienes quieren salvar a Bolivia.

Pero existe otro motivo, hijo, que quiero que conozcas aunque sea en síntesis porque está ligado a mi lucha, mejor dicho a mi agonía política...

En la década de 1940 di mis primeros pasos en el partido de izquierda revolucionaria (PIR) cuyo creador fue el insigne político José Antonio Arze, que desde un comienzo fue perseguido por los sumisos obedientes sirvientes de la oligarquía gamonal, quedando inutilizado para continuar en su lucha en pro de la concientización democrática de su pueblo a raíz de haber recibido un balazo en el pulmón. El PIR fue un desprendimiento ideológico del partido comunista boliviano que estaba integrado por la flor y nata de pensadores y teóricos marxistas de alto nivel como: Sergio Almaraz, Néstor Taboada Terán, Joselin Pereira, el orureño Mendizábal y otros. Pero como aquella hora no necesitaba hombres de elite que seguía a José Antonio Arze, sino aquellos que querían someterse sumisos y obedientes a la tropa de los colgadores: el partido comunista dispuso el alejamiento del político analista Sergio Almaraz aduciendo causas pueriles e infantilismo político, desviacionismo doctrinal, “heterodoxia” etc. y procedió ipsofacto a la expulsión del mejor de los políticos analistas, quien acabó sus días como Oficial Mayor de Minas y Petróleo del MNR. Joselín Pereira que fue mi amigo íntimo en los días de la Reforma Educativa, se vio obligado a un exilio voluntario en Venezuela, donde dio jerarquía al Ministerio de Educación como asesor de aquel despacho. Néstor Taboada Terán se refugió en las letras hasta llegar a la cumbre de los laureles y sobre todo ser una excelencia como escritor boliviano; en tanto que Mendizábal, lamentablemente, quedó enyuntado al servilismo minero-militar. Esta fue la carrera de los pioneros piristas que lamentablemente desaparecieron con la muerte de su creador José Antonio Arze.

-Querido hijo fue en este partido en el que comencé mi lucha que terminó después de la guerra civil de 1948, cuando pedí desde la cárcel al jefe de comando Madaleno Jurado quien se encontraba en la clandestinidad, para que me inscriba en los cuadros del Movimiento Nacionalista Revolucionario.

Otra de las razones para el estallido de la Guerra Civil contra el gobierno títere de Mamerto Urriolagoitia quien en cumplimiento de órdenes del imperialismo del tío Sam, dados a los criollos militares, obedientes, para desconocer el triunfo del MIR en las elecciones de 1951 que justificaron el estallido de la Guerra Civil contra el gobierno de Urriolagoitia, fue que este cumpla con las órdenes dadas por el imperialismo Norteamericano. Así mismo asilarlo a la fuerza al presidente de facto Enrique Hertzog.

El asilo fue en el sanatorio psiquiátrico de Chulumani.

Después de un año de exilio en El Palmar, donde los cuatro últimos meses, el comando militar del ecuánime y plural coronel Oscar Pantoja, llamado “cachorro” tanto en su acción heroica en la guerra, como por su carácter festivo y sincero, fui designado profesor ad-honorem en la escuela fiscal de aquella localidad donde regenté el sexto curso por ausencia del profesor normalista Rufino Salazar Escuela que hoy a iniciativa mía, lleva su nombre.

Allí tuve alumnos que han descollado en la política, ganadería, pedagogía, artes y en la administración pública suficiente citar a dos quebrachos brillantes el que fue magnífico Rector de la Universidad de San Andrés, Pablo Ramos Sánchez y Julio Ramos Sánchez, cuyo currículum de servicio en educación está entre las excelencias de Bolivia.

Abandoné El Palmar del Gran Chaco, gracias a las gestiones del Vocal de Educación Toribio Claure, del director del Servicio ínteramericano de Educación-SCIDE- de Vicente Lema Pizarroso y Guido Villagomez. Quienes en sendos memoriales, dirigidos al Ministro y Director General de Educación, pidieron mi restitución a mis funciones en el distrito de Tarija. Estas autoridades expusieron ante el Ministro militar de ese entonces, que mi destitución de Canasmoro y mi posterior exilio fue debido más que a una mala información a un equívoco del oficial Mayor del Ministerio de Educación Ernesto Ríos Zambrana, personaje que hidalgamente declaró ante el director del SCIDE Thomas Hart mi situación de independencia política. Ya en Tarija se me designo como director del Núcleo Escolar Campesino de Rosillas, donde después de ocho meses de positiva labor de educación fundamental dando prioritaria preferencia al servicio de la comunidad y la arborización. Ante problemas administrativos y pedagógicos que se presentaron en la Escuela Normal de Canasmoro, fui designado nuevamente a la escuela de mis primeros ensueños carismáticos, en la que juntamente con los magníficos educacionistas: Misael Laguna Quiroga, Julio Vargas Moscoso, Lidia Reinoso de Campos, Julio Sucre, Luis Aguilar Rosado, Saúl Herbas, Oscar Gonzáles Alfaro, José Colodro y Justino Jaldín: afianzamos las bases de aquella “Catedral Verde” donde ambula el espíritu de: Octavio Campero Echazú, Alberto Rodo Pantoja, Elisa Galván de Carrasco y Angélica Aparicio Segovia.

¡ Querido hijo y mis nietos y bisnietos del alma. Esta fue la vida del abuelo, que antes de ser maestro y soldado fue un HOMBRE...!!!

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