Del libro: RECUERDOS DE MI TIERRA de Tomás O’Connor d’Arlach. 1917
La siembra
Bajo de un cielo azul y un sol ardiente,
surco abriendo en la tierra endurecida,
va el arado; los bueyes lentamente
al yugo uncidos. Es labor la vida.
La yunta marcha, el sembrador cantando
se apoya en la mancera, y la picana
lleva en la diestra; la semilla echando
va en el surco la joven aldeana.
Del sol el rayo abrasador calcina
la tierra; ni una nube en el espacio!
y lentamente el sembrador camina
y caminan los bueyes más despacio.
El sembrador se para un breve instante,
a los bueyes de nuevo el yugó amarra;
el calor de Diciembre es sofocante
y chilla en la hojarasca la cigarra.
En el aire se ven las brillazones
que en los ardientes días de Verano
la vista ofuscan, rojas vibraciones
son de la luz en el inmenso llano.
En azul horizonte se dilata
la espléndida campiña tarijeña;
como una cinta de bruñida plata
a lo lejos el río se diseña.
No se siente una brisa que mitigue
el calor excesivo de este día;
el pobre sembrador tranquilo sigue
en su ruda labor. ¡Cuánta energía,
cuanta paciencia ese hombre representa!
A la cansada yunta al fin desata.
Cuando del campo de sembrar se ausenta,
la luna vierte su fulgor de plata.


