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Del libro: ”Conversaciones con VÍCTOR PAZ ESTENSSORO

XVII - SILES Y LA CUARTA PRESIDENCIA DE PAZ

Cántaro
  • Eduardo Trigo O’Connor d’Arlac
  • 20/07/2025 00:00
Portada Conversaciones con VÍCTOR PAZ ESTENSSORO

Portada Conversaciones con VÍCTOR PAZ ESTENSSORO

Contra Portada Conversaciones con VÍCTOR PAZ ESTENSSORO

Contra Portada Conversaciones con VÍCTOR PAZ ESTENSSORO

Presidencia Victor Paz

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Presidencia Victor Paz

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Presidencia Victor Paz

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Portada Conversaciones con VÍCTOR PAZ ESTENSSORO
Contra Portada Conversaciones con VÍCTOR PAZ ESTENSSORO
Presidencia Victor Paz
Presidencia Victor Paz
Presidencia Victor Paz
Presidencia Victor Paz
Presidencia Victor Paz

«La situación política y económica iba en creciente deterioro. No cabían dilaciones en la adopción de correctivos porque ella tenía un carácter perentorio. Transcurrida la parte ceremonial de mi posesión, me aboqué al montaje de una comisión especial de expertos para que proyectara, en el menor tiempo posible, las medidas que se requerían urgentemente»

Víctor Paz Estenssoro sobre la cuarta vez que ejerció la presidencia de la República, comienza diciendo:

«De acuerdo con los resultados de las elecciones del 29 de junio de 1980 reconocidos por el gobierno del general Vildoso, el congreso eligió Presidente Constitucional de la República a Hernán Siles Suazo; su ascensión despertó gran expectativa y se exteriorizó un extraordinario apoyo popular. Contaba, en consecuencia, con un considerable poder de decisión. Sin embargo, detrás de esa aparente fortaleza, existían factores de debilidad en la coalición de la Unidad Democrática y Popular. Como hechos extremos pueden citarse las entradas y salidas del MIR del gobierno y el abandono que, en el último tiempo, hizo el Partido Comunista.

Otro aspecto negativo fue la carencia de un plan realista y comprensivo de todos los factores en juego para hacer frente a la situación económica que al final de cierto período de auge que se dio en el gobierno de Banzer, había seguido un curso de constante deterioro.

Sin percibir el cambio que se había operado en el mundo en cuanto a la economía y a la política internacional y en ausencia de un proyecto propio, la UDP se aferró al esquema de economía mixta con la acción protagónica del Estado que estuvo vigente en la primera época de la Revolución Nacional.

En el desfile de equipos ministeriales, se aprobaron seis paquetes económicos sin lograr que se dé cumplida ejecución a ninguno de ellos. Cabe mencionar el decreto de desdolarización, que tuvo resultados contraproducentes. El proceso inflacionario recibió un fuerte impulso y fue acelerándose cada vez más.

La Central Obrera Boliviana adoptó una posición radical demandando el control estatal de la banca y de la economía en general. La actitud más exigente fue la del Sindicato del Banco Central de Bolivia con una prolongada huelga y la resolución de no acatar ningún convenio en el que participara el Fondo Monetario Internacional. La labor sindical hizo una escalada más en su acción desestabilizadora con la llegada a La Paz, en marzo de 1985, de 12.000 mineros que ocuparon la ciudad.

Ya para entonces -añade- la inflación había alcanzado suma gravedad como lo mostraron las cifras comparativas del valor del peso boliviano; en octubre de 1982, fue de 230 pesos bolivianos por dólar, en enero del 83, 390 pesos, en enero del 84, 1.900 pesos, en enero del 85, 68.229 pesos y en agosto del 85, 1.149.354 pesos.

Frente a esos hechos adversos en el desempeño de la primera magistratura, Hernán Siles Zuazo tuvo méritos indiscutibles: el respeto a los derechos humanos y la vigencia integral de los preceptos de la Constitución Política del Estado. Su gobierno marcó un avance significativo en la práctica democrática».

Sobre el curso que tomó la situación, Paz manifiesta:

«Ante la imposibilidad de dar solución a la crisis económica y al empantanamiento político, el presidente Siles optó por un recurso desesperado: la huelga de hambre, pero como ésta no viabilizó la solución de los problemas fundamentales, la Iglesia Católica medió para la suspensión de la actitud presidencial abriendo un nuevo camino: la negociación del gobierno con todos los partidos políticos con representación parlamentaria. En esa oportunidad, se llegó a un acuerdo, cuyos puntos básicos eran el acortamiento del período presidencial en un año y la convocatoria a elecciones generales para mediados de 1985».

Sobre el desarrollo de las elecciones, el ex Presidente dice:

«De conformidad con el acuerdo celebrado entre el oficialismo y la oposición, las elecciones tuvieron lugar el 14 de junio de 1985 con la presencia de un número singularmente alto de fórmulas. Su realización con el voto universal vigente, se desarrolló en un marco de libertad y absoluta corrección. Los resultados dieron el triunfo a la candidatura de Acción Democrática Nacionalista con el general Hugo Banzer para la presidencia, que obtuvo el 28,57 por ciento de los sufragios. La candidatura del Movimiento Nacionalista Revolucionario con Víctor Paz Estenssoro a la presidencia y Julio Garret Ayllón a la vicepresidencia, con el 26,42 por ciento. La candidatura de Jaime Paz del MIR alcanzó el 8,86 por ciento y Roberto Jordán del MNRI el 4,77 por ciento. Los demás candidatos llegaron a cifras menores».

Al referirse a su elección en el Congreso como Presidente Constitucional, Paz señala:

«Como ninguno de los candidatos tuvo la mayoría absoluta, fue llevado el caso al Congreso, para que allí se eligiera Presidente y Vicepresidente de entre los candidatos que tuvieron las cifras más altas. Me puse en campaña para lograr los votos que se requería. Busqué a Hernán Siles Zuazo en la residencia presidencial con el fin de solicitarle el apoyo del MNRI; mi argumento se fundamentaba que había más afinidad entre el MNR y su partido que entre el MNRI y ADN. Siles accedió a mi pedido. Posteriormente hablé con Jaime Paz con relación a los votos del MIR. También se comprometió a brindarme su apoyo.

En el Congreso obtuve 94 votos frente a la candidatura de Banzer, que obtuvo 51. De esta manera fui elegido, por cuarta vez, Presidente de la República.

La transmisión del mando, el 6 de agosto de 1985, tuvo una singularidad en la democracia boliviana: el Presidente entregó el gobierno a la fórmula opositora que yo encabezaba. A ello se añadía que en los escrutinios ocupé el segundo lugar resultando que, por primera vez en la historia, el Congreso no elegía a quien había alcanzado el más alto número de sufragios. Estas características, unidas a la gravedad de la situación económica, implicaban una gran responsabilidad al constituirme en la esperanza puesta por un pueblo».

Sobre los correctivos sociales y económicos que se debían tomar; Víctor Paz refiere:

«La situación política y económica iba en creciente deterioro. No cabían dilaciones en la adopción de correctivos porque ella tenía un carácter perentorio. Transcurrida la parte ceremonial de mi posesión que contó con la presencia de mandatarios extranjeros, me aboqué al montaje de una comisión especial de expertos para que proyectara, en el menor tiempo posible, las medidas que se requerían urgentemente. Dicha comisión estuvo compuesta por el Presidente del Senado Nacional Gonzalo Sánchez de Lozada; el ministro de Planeamiento Guillermo Bedregal Gutiérrez, los economistas Juan Cariaga, Fernando Romero, Raúl España, Francisco Muñoz y Fernando Prado y por el abogado Eduardo Quintanilla.

Las líneas generales que debía poner en práctica mi gobierno estaban determinadas, en gran medida, por la situación que confrontaba el país por una parte y, por otra, por el contexto internacional en el que estaba inserta Bolivia.

Hay un antecedente concreto en la materia -refiere-, es el discurso que pronuncié en la XIV Convención del Movimiento Nacionalista Revolucionario, realizada el 29 de marzo de 1985. En dicha oportunidad, dije que había una prioridad de prioridades para la gestión del siguiente gobierno, que era el enfrentamiento a la crisis. No podíamos permitir que el pueblo siguiera sufriendo cada vez más con mayor agudeza; debíamos tener -al enfrentarnos con la crisis- la conciencia de su gravedad y lo difícil que iba a ser darle solución. Pero esa toma de conciencia no era para que nos desanimemos, sino para que estemos dispuestos a hacer todo el esfuerzo que la situación requería. Paradójicamente, lo que nos daba fe para enfrentar la crisis era precisamente su gravedad. El pueblo sabía que estaba sufriendo y cada vez más, pero sufría inútilmente, sin esperanza de salir de esa situación.

Al exponer un plan integral y coherente, expresé que habrían sacrificios pero que no serían estériles».

Al referirse a las disposiciones que cambiarían la faz de Bolivia, Paz Estenssoro expresa:

«La comisión había proyectado la disposición legal que luego se conocería como el Decreto Supremo 21060, en una forma más o menos de código, al comprender los varios y complejos factores que incidían como determinantes de la situación económica por la que atravesaba el país.

Entre las múltiples disposiciones que contiene el Decreto cabe mencionar, en una sucinta relación, algunas de ellas. En materia del valor de la moneda boliviana se dispuso el establecimiento de un tipo de cambio real y flexible, tomando en cuenta la oferta y la demanda de moneda extranjera y estableciendo, a la vez, regulaciones que aseguren la provisión normal de divisas y eviten las bruscas fluctuaciones; en esa materia fueron incluidas ciertas disposiciones complementarias que contemplaban los diferentes casos relacionados con el signo monetario.

En materia de comercio exterior, se estableció la libre importación de bienes, con el señalamiento de los gravámenes que debían cumplirse. Para las exportaciones se dispuso que podían hacerse sin necesidad de licencias previas. Las exportaciones mineras pagarían las regalías como impuesto único.

Se creó un régimen de incentivos y disuasivos tendentes a evitar la existencia de mano de obra excedente.

Los precios de bienes y servicios debían ser convenidos libremente. Por el carácter monopólico u oligopólico se estableció un régimen especial para la fijación de tarifas en determinados servicios.

Se descentralizó la Corporación Minera de Bolivia, creando empresas subsidiarias y se disolvió la Corporación Boliviana de Fomento siendo su patrimonio transferido, libre de costo, a las corporaciones departamentales de desarrollo».

A continuación el ex Presidente señala algunas precisiones más sobre la promulgación del Decreto Supremo 21060:

«El Decreto Supremo 21060 fue promulgado el 29 de agosto de 1985, tras un consejo de gabinete que se prolongó por cerca de 24 horas.

El gabinete, que había designado el día de mi posesión, estaba constituido por los ministros Gastón Aráoz, Roberto Gisbert, Enrique Ipiña, Wálter Costas Badani, Orlando Donoso, Reynaldo Peters, Fernando Barthelemy, Guillermo Bedregal, Néstor Dalenz, Sinforoso Cabrera, Carlos Aliaga, Fernando Cáceres, Fernando Valle, Douglas Ascarrunz, Hugo Rodríguez, Mauricio Mamani, Guillermo Riveros y Antonio Tovar. Asistieron además a la reunión el Presidente del Senado, Gonzalo Sánchez de Lozada, el general Simón Sejas Tordoya, comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas y los miembros del comité ejecutivo del MNR, Ñuño Chávez Ortiz, José Luis Harb y Javier Campero Paz.

El mencionado Decreto -prosigue- piedra miliar para el saneamiento de la economía, tuvo resistencia del sector laboral, el cual siguiendo la línea que había adoptado con relación al gobierno de Hernán Siles Zuazo, se opuso abiertamente a las medidas económicas, declarando su máxima dirigencia una huelga. El Sindicato del Banco Central de Bolivia cerró las puertas de la institución y anunció públicamente que no cumpliría el Decreto.

Como el conjunto de disposiciones del Decreto 21060 había sido proyectado responsablemente, atacando las causas reales de la situación económica que sufría el país y adquiría cada día mayor gravedad, no había alternativas. Además la inflación, de un ritmo galopante, sacrificaba más a los trabajadores cuyos ingresos eran fijos.

Con la necesidad de salvar al país de la bancarrota con la aplicación de las disposiciones del 21060, decidí hacer uso de la facultad de excepción prevista por la Constitución Política del Estado. Con el dictamen favorable del Consejo de Ministros decreté el Estado de sitio. Debo confesar que, en la aplicación de la medida tuve ciertas dudas acerca de los alcances de ella, especialmente si incluía a Juan Lechín Oquendo, que era la figura principal de la COB. En la ponderación que hice del tema y teniendo en cuenta que la suerte de Bolivia no podía depender del mito de una sola persona por importante que fuera, consideré que era indispensable la inclusión de Lechín entre los enviados a Puerto Rico (departamento de Pando), junto con los demás dirigentes que habían sido detenidos.

Cuando tenía residuos de mis pasadas cavilaciones en torno al Estado de sitio, me ocurrió, pocos días después, un hecho muy significativo: Subía al Palacio de Gobierno por la avenida Saavedra; dos grupos de personas emergieron a la vía haciendo señas para que me detuviera, mi primera reacción fue de cautela pensando que podrían ser gentes disconformes con las medidas de excepción pero luego decidí detener el vehículo y atender a esas personas.

Me dijeron que en las últimas elecciones no habían votado por mí pero que frente a las medidas que adopté se habían convertido en mis partidarios.

Cuando dábamos los primeros pasos en la aplicación de las medidas correctivas, se produjo en la Bolsa de Londres una honda caída de la cotización del estaño que era nuestro principal producto de exportación.

De otro lado, dirigentes sindicales organizaron una caminata de mineros y sus familiares, de Oruro a La Paz, con el propósito de ocupar la sede del gobierno. La televisión dramatizó el gesto que fue denominado Marcha por la Vida. El Ejecutivo no podía permitir el nuevo desafío a las autoridades y ordenó que tropas de las Fuerzas Armadas detuvieran la columna de caminantes en Patacamaya pero, al mismo tiempo, con la memoria de la masacre de Catavi, teníamos el temor de que se produjera un enfrentamiento. El general Vélez tuvo un comportamiento excepcional en el despliegue pacífico de las tropas que comandaba con ese objetivo. Los mineros y sus familias fueron embarcados en vehículos para que retornen a sus lugares de origen.

Por no disponer de suficientes fuentes de consulta, puede ser que en nuestro relato no haya una estricta secuencia cronológica».

Paz, en torno a las medidas económicas, añade:

«Sobre los antecedentes de la Nueva Política Económica que se concretaron principalmente en el Decreto 21060, se ha dicho que el proyectista de ella fue el profesor Jeffrey Sachs. Lo que realmente hubo en esta materia fue una carta de carilla y media dirigida por él a Ronny MacLean en la que mencionaba la necesidad de que el nuevo gobierno de Bolivia encare con sentido realista la situación económica, en el supuesto de que ese gobierno estaría presidido por el general Banzer que había tenido la primera mayoría en la elección. MacLean militaba en las filas de ADN y había realizado estudios universitarios en Harvard. El profesor Sachs dio buenos consejos y puso todo su prestigio en respaldo de la Nueva Política Económica una vez aprobado el Decreto.

Las pautas de la Nueva Política Económica que por la materia introducían reformas, debían tener carácter de ley, en consecuencia, se necesitaba disponer de una mayoría en el Congreso. Por suerte había una actitud objetiva en la dirección de Acción Democrática Nacionalista. Pese a las diferencias que habíamos tenido anteriormente, llegamos con el general Banzer Suárez al acuerdo que se llamó Pacto por la Democracia, viabilizándose así el trámite parlamentario».

Víctor Paz Estenssoro continúa el relato sobre las medidas económicas que adoptó en su cuarta presidencia, de la manera siguiente:

«Al no estar sometido a ninguna ortodoxia, el Movimiento Nacionalista Revolucionario pudo percibir a tiempo los cambios que se estaban operando en el mundo con su globalización en cuanto a doctrinas económicas, concepciones políticas y prácticas para su aplicación. Ya no tenían validez predominante el proteccionismo cerrado, la sustitución de importaciones o planes quinquenales rígidos y se redujo la participación del Estado en actividades productivas. El mercado, movido por el interés privado, cumplía mejor el papel de la asignación de recursos.

La reducida magnitud de la economía boliviana y la dependencia del financiamiento externo por la vía de préstamos e inversiones, hicieron necesaria la adopción de la Nueva Política Económica, dentro del programa apremiante de la lucha antiinflacionaria. No teníamos disyuntiva dado el contexto internacional del que formamos parte.

Es cierto que al situar a la economía en su nivel realista, los procesos de reajuste tienen una parte inicial negativa, la cual significa un sacrificio que desaparece con la reactivación y desarrollo subsiguientes. Después de las disposiciones básicas del Decreto Supremo 21060, era indispensable la adopción de medidas de transición con procedimientos de ejecución inmediata para paliar los efectos de la fase desfavorable.

En diciembre de 1985 se fundó el Fondo Social de Emergencia con la finalidad de impulsar el aparato productivo, la creación de empleos y la calificación de los recursos humanos, a financiarse con la contribución de los segmentos sociales con mayor capacidad tributaria y aportes externos. Pese a los nobles fines que perseguía, hubo dificultades en la obtención de recursos por lo que, en noviembre de 1986, se reformuló su concepción institucional como entidad de derecho público con capacidad para utilizar la estructura de la administración estatal en el cumplimiento de sus actividades, propias de la captación de dineros y su pronta asignación al financiamiento de proyectos de alta rentabilidad social. Para que tenga la mayor autoridad en las máximas instancias, se lo situó como dependiente de la presidencia de la República.

El Fondo, bajo la dirección imaginativa y acertada de Fernando Romero Moreno, cumplió una extraordinaria labor que vino a aliviar el sacrificio que, inevitablemente, ocasionaba el ordenamiento económico y el atajo al proceso inflacionario. Contribuyó, asimismo, a introducir cierta dinámica en las economías regionales o locales deprimidas, haciendo más fácil la aceptación integral de la Nueva Política Económica».

En torno a las reformas introducidas en materia económica Paz Estenssoro dice:

«Para que el gobierno no sea tentado por la facilidad de echar mano del recurso inflacionario, se dictó la ley de Reforma Tributaria el 5 de mayo de 1986 que establece, simplifica, refunde y suprime gravámenes. El régimen impositivo boliviano comprendía un gran número de cargas lo que daba lugar a frecuentes casos de evasión y molestias a los contribuyentes, provocando insuficiencia de disponibilidades en el Tesoro General de la Nación. La formulación del proyecto de esta Ley y la reglamentación correspondiente, estuvo bajo la dirección de Ramiro Cabezas».

Sobre otras acciones de carácter económico, el ex Presidente relata:

«En julio de 1987 promulgué el Decreto Supremo 21660 en procura de sistematizar los pasos tendentes a lograr la reactivación económica, habiendo señalado una considerable inversión a dividirse entre los sectores público y privado en el trienio 1987-89.

Dada la reducida magnitud del ahorro interno, la mayor cantidad de recursos provenía del extranjero en forma de créditos e inversiones. Se estableció medidas de estímulo para las exportaciones y la regulación de gravámenes de importación. El Decreto contiene, además, una serie de otras normas e iniciativas entre ellas las referentes al establecimiento de enclaves denominados ‘Zona Franca Industrial’ y las relativas a la creación del Fondo Nacional de Vivienda (FONVI) que, pese a la insuficiencia de recursos financieros, logró construir un apreciable número de viviendas de interés social.

Consolidada la Nueva Política Económica, se promulgó la ley de 28 de noviembre de 1988 que creó el boliviano como unidad del sistema monetario de la República, con la equivalencia de un millón de pesos bolivianos, que era la moneda en vigencia hasta entonces.

En la adopción de medidas de saneamiento del signo monetario -prosíguese negoció la recompra de la deuda externa de préstamos otorgados por la banca privada internacional. La diferencia entre el valor del crédito original y su cotización fluctuaba entre ocho y diez centavos por dólar».

Por otra parte, se dio estricto cumplimiento a disposiciones nominalmente vigentes y que habían sido olvidadas por más de cuarenta años: la obligación del Poder Ejecutivo de presentar anualmente a consideración del Congreso el proyecto de Presupuesto General de la Nación».

Víctor Paz Estenssoro explica sobre otros aspectos relacionados con el manejo del Estado:

«Aunque el énfasis de la acción gubernamental había sido puesto en el saneamiento monetario, el gobierno también se preocupó del desarrollo y la diversificación de la economía, dentro de la idea que sólo se lograría un mejoramiento real del nivel de vida, con el crecimiento del producto interno bruto, vale decir con la creación de más bienes y servicios; esto es más riqueza. Esta preferencia por lo económico no significó el abandono de otras funciones propias del Estado como ser los servicios sociales de salud, educación, cultura y saneamiento básico urbano».

En cuanto a los temas sectoriales, Paz manifiesta:

«Sobre la importancia asignada a la producción de hidrocarburos, debo mencionar algunas medidas que tuvieron singular significación como la apertura a la participación privada mediante las operaciones de riesgo compartido: la fijación de precios reales para los productos hidrocarburíferos dentro del propósito de hacer que el ente estatal pueda disponer de recursos para perforar más pozos de explotación y realizar labores de prospección para aumentar las reservas probadas, además era una forma de fácil recaudación de fondos para el Tesoro General de la Nación. Como realizaciones trascendentes, por el valor que tiene el transporte, se construyó ductos como: el tendido al altiplano; los de Villa Montes - Tarija - El Puente; Cochabamba - Puerto Villarroel; y Yapacaní - Suárez Roca - Caranda.

En materia de minería -añade- también se concedió importancia a las tareas de exploración, para cuyo efecto se levantaron las reservas. La producción de oro tuvo un repunte apreciable. En la Corporación Minera de Bolivia se facilitó la conversión de las minas productores de estaño, habilitándolas para la explotación de plata, plomo y zinc. Un tema que merece ser estudiado -dice Paz- es el de las reservas de plata existentes en el Cerro Rico de Potosí que, según técnicos ingleses, tienen una magnitud similar a la cantidad del metal argentífero que explotaron los españoles durante la Colonia.

Como consecuencia de la política que estableció el tipo de cambio realista y de facilidades crediticias, el 60 por ciento de las exportaciones no tradicionales, estuvo constituido por productos de origen agropecuario.

Se convino la concesión de un crédito italiano por 20 millones de dólares para la conclusión de la segunda fase del Proyecto Múltiple de San Jacinto en Tarija y se ejecutaron obras de irrigación de menor magnitud en los departamentos de La Paz y Cochabamba.

En la infraestructura vial fueron construidos algunos tramos asfaltados.

En energía eléctrica se concretó la instalación de plantas térmicas a gas natural en Santa Cruz, Cochabamba y Tarija y se conectó la red central con la oriental mediante una línea de 330 kilómetros, lo que significó un gran avance para la satisfacción de los consumos en horas pico.

Por la importancia que tiene para la vida humana, en cuanto a las generaciones presentes y futuras, se reconoció a la conservación del medio ambiente como una de las labores trascendentales que debe cumplir el Estado. A tal efecto, y como un paso inicial, se estableció la Reserva Nacional de Fauna y Flora de Tariquía, en el departamento de Tarija».

En torno a los programas de carácter social, Paz Estenssoro menciona:

«En relación a la infraestructura educacional, ésta fue mejorada con la construcción de locales escolares y la dotación de mobiliario en todos los departamentos del país.

Preferente atención se prestó al sector de la salud, tanto preventiva como asistencial. Con relación a esta última se llevaron a cabo esfuerzos para la edificación de modernas instalaciones hospitalarias dependientes del Ministerio de Salud y de la Caja Nacional de Seguridad Social.

El gobierno realizó una labor importante para mejorar el suministro de agua potable en todas las capitales departamentales y en los principales centros urbanos, gracias a la cooperación de naciones amigas y de instituciones internacionales de crédito.

Se puso empeño en facilitar el acceso de la mujer a la educación, en especial a la alfabetización por el papel que ella puede desempeñar como paso inicial de un proceso fecundo de realizaciones que comprendan avances en las prácticas democráticas y el incremento de los ingresos con el consiguiente mejoramiento de los niveles de vida de los sectores mayoritarios de la población».

En lo que se refiere al problema del narcotráfico y a las medidas para enfrentarlo, Víctor Paz expresa:

«En su decisión de una lucha integral y sistemática contra la elaboración, tráfico y consumo de estupefacientes, el gobierno sometió al Congreso Nacional el proyecto de ley del régimen de la coca y sustancias controladas que, el 18 de julio de 1988, fue aprobado como la Ley 1008; un procedimiento expeditivo en el marco judicial con normas orgánicas para enfrentar el flagelo, señalando las acciones legales que debe llevar a cabo el Estado.

Esta disposición respondió a premiosas necesidades como ser la falta de una eficiente y moderna normatividad sobre el cultivo de la coca, elaboración, tráfico y consumo de narcóticos; la carencia de preceptos referentes a la educación, prevención, tratamiento y rehabilitación de los drogadictos.

La ley estimula el desarrollo alternativo en las zonas productoras de coca para eliminar su economía dependiente. Sistematiza y endurece la tipificación y sanción de los delitos del narcotráfico y regula la reinserción social de los narcodependientes».

En cuanto a las relaciones internacionales de Bolivia, Paz sostiene:

«Las relaciones internacionales tuvieron un nivel de cordialidad con los países amigos que se hicieron extensivas a otros continentes como Asia y África. La particularidad contraria se dio con Chile. Cuando pensamos que se abría la posibilidad de un diálogo que significara un avance en la búsqueda de una solución a nuestro enclaustramiento geográfico, hicimos un planteamiento, pero una actitud de prepotencia de parte del gobierno de Santiago, motivó que se frustrara el intento».

Con relación a visitas que recibió de destacadas figuras extranjeras, recuerda:

«Tuve la satisfacción de recibir la visita pastoral del Papa Juan Pablo II. Su presencia en varias ciudades de Bolivia no sólo reavivó la fe católica de nuestro pueblo, sino que demostró la autoridad moral de la Iglesia.

También recibí -prosigue- al Presidente de la República Federal de Alemania, Richard von Weizaker, al de la República Federativa del Brasil, José Sarney y a los Reyes de España Juan Carlos y Sofía, estrechando los lazos de amistad y cooperación con esos países».

En torno a la finalización de su período gubernamental, Víctor Paz expresa:

«En cuanto al último año de mi gestión, como es habitual, estuvo dominado por el signo de la campaña electoral. Por un lado restó tiempo y energías para la atención de los asuntos del Estado y, por otro, marcó un afianzamiento de las prácticas democráticas en la República. Los comicios se desarrollaron en un ambiente de absoluta libertad, sin ninguna circunstancia que los ensombrecieran.

Dada la naturaleza de coloquios de las entrevistas que hemos sostenido, no se entró en el detalle de todas las disposiciones dictadas por el gobierno en la implementación de la Nueva Política Económica. Puede, por tanto, haberse omitido involuntariamente algunos casos. Nuestra esperanza es que, con el texto empleado, se hubiese dado una idea de lo que significó el esfuerzo de sacar al país del estado en que se encontraba sumido».

Doctor Paz, ¿cuál es la visión que usted tiene sobre su último gobierno?

«No pude realizar todo lo que quería o debía pero por incompleto que sea lo que hice, tiene un valor: haber detenido el alud inflacionario y colocado al país en el camino de la modernidad.

Es cierto que hice un viraje con referencia al año 1952 en cuanto al quehacer estatal pero la Bolivia que entregué al fin de mi gestión era también diametralmente distinta a la que recibí. Un índice elocuente lo proporciona la tasa de inflación al reducirse entre 1985 y 1989 del 25.000 por ciento al 20 por ciento. Creo que actúe con realismo de acuerdo con las condiciones objetivas de cada período histórico».

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