Del libro “ESTAMPAS CHAPACAS. Visiones y Versiones sobre la ciudad de Tarija” FAUTAPO, Casa de la Cultura de Tarija, Editorial El cuervo, 2013. ”
Sobre Tarija Tomás O’Connor D’Arlach,



En una descripción del reino del Perú, escrita en 1580 y publicada en 1592, por el Padre Baltazar Ramírez y dedicada al virrey don Gaspar de Zúñiga y Acevedo, conde de Monterrey, se lee este párrafo:
“ Tarija.- El valle de Tarixa que está a cincuenta leguas de Potosí y Chuquisaca, hacia el Tucumán, es una villa que hizo fundar don Francisco de Toledo, de españoles; es frontera de los Chiriguannes; tiene cincuenta españoles vecinos, labradores; críanse muchos ganados, y aún no tiene cosa notable de que tratar. Es lo último del obispado de la Plata y parte términos con el obispado de Tucumán”[1].
Como se ve por esta descripción escrita en 1580, a los seis años de la fundación de Tarija, que tuvo lugar en 1574, en que sólo había veintiséis vecinos españoles, tenía ya ésta cincuenta; y si aún no tenía cosa notable de que tratar, como dice el Padre Ramírez, esto es natural, puesto que empezaba a formarse la nueva población.
En la descripción de Tarija hecha por el Padre Antonio de Calancha, medio siglo después de su fundación, dice:
“Tarija.- en lo último que han conquistado los españoles en esta Monarquía y está sujeto a nuestros reyes católicos por aquella parte que viene a ser el postre de estos reinos por lo más Austral y llegado del Sur, es la villa y valle de Tarija; está según la tabla de Diego Méndez, en 21 grados y 30 minutos de altura austral, con junto al trópico de Capricornio; y digo que está de la otra parte del trópico en más de 24 grados; y la razón es evidente, porque Chuquisaca está en 20 grados y medio, y hay más de setenta leguas de un pueblo al otro, y están Norte-Sur, y cada diecisiete leguas y media, es un grado.
“El Gobernador Juan Pórcel de Padilla, vecino de Chuquisaca, entró conquistando la tierra adentro, por asientos que con Su Majestad hizo y le dio investidura de conquistar las tierras de los indios Tacurus y Cuyambayes, belicosos, crueles y bárbaros, con premio de que si fundase pueblos, quedase por perpetuo Gobernador de Tarija y otros títulos. Pobló la ciudad de las Salinas y la fortaleció con torres, por lo cual otros llaman al pueblo: la ciudad de las torres, en un valle fortísimo, caliente para ser Andes, donde llueve lo más del año, y abunda en pinos, alisos y diferencias de palmas. Este pueblo no tiene permanencia porque se va despoblando. Así viene a ser Tarija lo último del Perú. Es tierra fértil, montuosa, de razonable temple; país regalado, dánse muchas comidas, trigo, maíz y ganados grandes y menores, muchos de cerda, todos muy pingues, por ser los pastos excelentes. Dos ríos que cogen en medio a Tarija, tienen el conocimiento en su comarca, juntánse poco adelante y entran con nombre de río Bermejo en el Paraguay, y éste con otros muchos dan cuerpo al río de la Plata. Cría el de Tarija y el de las Salinas, sábalos, dorados, dentones y armados. Está Tarija al Sur de Chuquisaca y tiene al Oeste a Potosí, setenta leguas y más; está en frontera, aunque pocas veces salen los indios a dañar, pero la vez que hacen malón, destruyan las estancias y heredades. Tienen por estrellas verticales la que está debajo del viento de la Liebre; es de tercera magnitud y de naturaleza de Mercurio-, llega al meridiano de Tarija con 18 grados, 59 minutos de Géminis. Otra estrella es la del pie extremo del Cuervo; es de tercera magnitud y de naturaleza de Marte, y pasa por el meridiano de Tarija con 4 grados de Libra. Tendrá por antípoda, (si está a 21 grados y algunos minutos como dice el presbítero Diego Méndez en la Corografía que dedicó al conde de Lernus), al paraje de Picholda, en la India Oriental; y según lo más cierto de que está en 24 grados, será su antípoda el pueblo de Laor, tierra de Bengala en la India Oriental, país rico y comercio provechoso”[2].
En otro informe, del siglo XVIII, publicado en Lima, en el Mercurio Peruano, se dice: “Solo diremos que en todo lo que hemos visto, oído y leído de ambas Américas no hay otra Provincia comparable a esta de Tarija, y solo el fértil reino de Granada tiene con ella alguna semejanza”.
El doctor Dalenú dice: “Todo el territorio de Tarija es feracísimo, su temple benigno y su cielo sereno.”[3]
El viajero inglés Sir. C. Wells Blundell que estuvo en Tarija por los años de 1870, decía en una carta: “La ciudad es bonita, su campiña fértil y su cielo es el de Nápoles”.[4]
El doctor Nicolás Avellaneda, que fue Presidente de la República Argentina, dice en uno de sus brillantes escritos: “La antigua ciudad de Tarija, que podríamos comprender con justo título, dentro del dominio argentino[5], se halla situada al pie de la montaña altísima de las que descienden las primeras comentes del Bermejo y en los confines de la vasta y pavorosa región que se mostró inaccesible a la conquista: el Chaco”.[6]
Podríamos citar las palabras igualmente autorizadas de muchos viajeros y escritores extranjeros que se han ocupado de Tarija; pero sería larga la enumeración, y bástenos manifestar que, como los que hemos citado, todos han coincidido en lo justiciero y halagüeño de sus juicios respecto a este país.
En: O’Connor D’Arlach, Tomás, Bosquejo Histórico, Imprenta Atenea, La Paz, 1932.
[1] MS. del Archivo de Indias.
[2] Crónica de la Orden de San Agustín en el Perú, por el Padre Antonio de Calancha. Año de 1637.
[3] Citado por J. Nicolás reyes en la revista Mundo Americano de Buenos Aires. 1916.
[4] M. S.
[5] Sabido es que la República Argentina alegaba derechos sobre la provincia de Tarija, por haber sido ésta incorporada a la Gobernación de Salta por real cédula en 1807, que no obedeció el Cabildo Tarijeño, como se verá en el lugar correspondiente de este Bosquejo Histórico.
[6] N. Avellaneda. Escritos Literarios. El Padre Esquiu.