Del libro: RECUERDOS DE MI TIERRA de Tomás O’Connor d’Arlach
Al Pueblo Tarijeño
De los muchos pobres versos que he escrito en los largos años que de vos he estado ausente, he reunido todos aquellos que son recuerdos de la amada tierra natal y que son una prueba de que nunca la olvidé y de que ella vive en mi memoria y en mi corazón.
Y hoy publico esas sencillas rimas en este pequeño tomo que lo dedico a vos, pueblo querido, donde se meció mi cuna, como muy humilde pero muy sincero testimonio de filial amor y del constante recuerdo de vuestro hijo
Tomas O’Connor d’Arlach.
La Paz, Marzo de 1917.
TARIJA
De la colina de San Juan, florida,
en la ancha, verde, cultivada falda,
que semeja un gran campo de esmeralda,
alzase la ciudad llena de vida
y de sol y de encantos y de aromas;
la ciudad que fundó Luis de Fuentes,
con sus vegas tranquilas, sonrientes,
y con sus verdes y floridas lomas.
Los días pasó allí del coloniaje
soñando de sus palmas a la sombra,
teniendo el verde césped por alfombra,
admirando un espléndido paisaje.
Sus hijos conquistaron la llanura
y los bosques del Chaco misteriosos;
los frailes misioneros, animosos,
llenos de fe, llevaron la cultura
y la cristiana religión a aquellas
ignoradas comarcas dó el salvaje
habitaba tan solo, entre el boscaje
de tierras tan incultas como bellas.
Tierras feraces de verdor eterno,
campiñas de perpetua Primavera
donde crecen el cedro y la palmera
y el rigor no se siente del Invierno.
Claros ríos y bosques de espadañas,
de duraznos, naranjos y granados.
¡Qué tranquilos los años ya pasados
allá en tiempo del rey de las Españas!
Después la independencia; en esa guerra,
un nido de patriotas abnegados
y de gallardos y ágiles soldados,
era esta bella y generosa tierra.
Méndez con sus famosos escuadrones
combatió por la Patria y sus banderas
llevó en triunfo por llanos y laderas,
destruyendo enemigos batallones.
Hoy, bajo la república; que bella
la ciudad de Tarija se presenta!
Luce, como pasada la tormenta,
en un cielo sin nubes blanca estrella.
Al rumor de sus cedros y sus palmas,
de su rio al murmullo cadencioso,
en un clima templado, delicioso,
viven de paz y amor las nobles almas.


