Recuerdos y anécdotas
En la época de colegial los libros tuvieron un atractivo especial para mi persona



En la época de colegial los libros tuvieron un atractivo especial para mi persona, leyendo en los momentos libres y llevándolos con mucho orgullo a pasear calles y plazas, a sabiendas de que no abriría sus páginas; pero, en fin, la emoción seguía incólume al simple contacto de mi brazo y la obra impresa.
Recuerdo que la profesora de literatura nos dio la tarea de escribir sobre la vida de Napoleón, por lo que busqué la biografía y, habiéndola encontrado, la leí con detenimiento; circunstancia que me permitió redactar unas carillas para la presentación de mi trabajo y la de tres de mis cercanos amigos, a pedido suyo, que dicho sea de paso ninguno de ellos buscó el libro y peor aún tener que pensar en redactar. Desde entonces me atrajo la vida del Gran Corso, de inteligencia brillante y bajito de estatura física. Y nunca olvidé el nombre de su madre: Leticia Ramolino.
En mi calendario se alternaban las horas de clases, juegos y salidas junto a los amigos, y de por medio despertó la pasión que todavía me domina y conmueve mi espíritu, a pesar de las marcadas deficiencias visuales que hoy me aquejan. Leer, leer y escribir, escribir.
Isabel Allende, consagrada novelista a nivel mundial con traducciones de sus libros a cuarenta idiomas, ha confesado que al primero que toca el timbre de su casa le obsequia un libro de su autoría. He aquí un excelente aporte al hábito de la lectura.
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Más tarde lo mejor que pudo brindarme la facultad de Derecho de la ciudad de Sucre, en mi época de estudiante, aparte de la concesión del título de abogado y el de doctorado, fue sin duda la biblioteca anexa a las aulas donde pasaba clases y al bello patio que se abre cual abanico, provisto de una pétrea pileta central. Recinto al que con frecuencia devotamente concurría a prestarme obras en materia literaria y filosófica, para llevar a mi domicilio previa presentación del carnet de universitario. ¡Qué tiempos aquellos!
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La vida ya vivida pasa como una centella en el firmamento azul, hoy amenazado el mundo entero por sombras siniestras. Sin embargo, en la memoria queda el recuerdo de otras épocas diáfanas que evocan al entorno familiar, padres y hermanos principalmente, y al grupo de condiscípulos de colegio.
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Patria es la tierra que eliges para vivir bajo un cielo de paz, trabajo, equidad y justicia, sin sometimiento de odio ni rencor.
Patria es el techo que Dios nos brindó y nos permite construir nuestros ideales, ver crecer a nuestros hijos y nietos e inculcarles fe y esperanza, estudio y superación.
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En Tarija a una dama le cambiaron el apellido a Singermán, debido a que se quedó sola al morir su esposo, Germán, contagiado de covid 19. Y a un bohemio lo apellidaron Machado, porque no sólo tomaba sol en la plaza si no vino, vino a toda hora y, naturalmente, andaba ebrio (no de colores, como señala el segundo himno).
No en vano el genial poeta español, Antonio Machado, perteneciente a la llamada Generación del ’98, escribió: “Pero yo he visto beber hasta en los charcos del suelo. Caprichos tiene la sed…”
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En ocasión de haber recibido una oferta de venta de una reducida parcela de terreno en el Cementerio Jardín, de la ciudad de La Paz, fui a verificar el lugar, junto con mi esposa Teresa, en el sector Los Olivos; sin que hubiese sido de mi agrado por la única razón de que no se veía el Illimani. Como si algún día, lejano o cercano, mi alma conturbada tuviera que añorar la blanca montaña, para poder dormir en paz y quietud.
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Otro hecho anecdótico que recuerdo data del año 2002, en que postulé a las funciones de notario de fe pública, entre más de 500 colegas abogados, y tuve que presentar ante la secretaría de cámara de la Corte Superior de Justicia de La Paz cada uno de los artículos de prensa publicados –por haber mencionado en mi hoja de vida--, que hasta dicha gestión sobrepasaban los ciento ochenta; labor que para disgusto y cansancio de los postulantes que en hilera esperaban turno, demandó más de una hora, según recordará la Abg. Maritza Riveros S., a la sazón secretaria de cámara que tuvo la tarea de verificar los recortes de periódicos que tienen valor de puntaje a los fines de calificación de méritos.
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El 1 de mayo en varios países se celebra el Día de la Risa, aparte del Día del Trabajo en homenaje a los mártires de Chicago. ¿Será que reír es mucho trabajo…?
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Al mirar hacia atrás en mi vida, no puedo hacer otra cosa que sonreír. ¡Qué pena no poder enmendar errores!
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Soy apenas un espectro de lo que un lejano día fui. A lo largo de los años lo único que hice fue vivir y pretender, vano intento, ser feliz. En el declinar de mis días, expreso que mi existencia está salpicada
de momentos felices, junto a la familia y con la manía de leer y escribir. Gracias mi Dios.
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La historia descansa en el aire, se respira…
¡La guerra, en pleno siglo XXI, locura y pavor!
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Los días se nos escabullen como agua entre las manos y, de pronto, todo termina y se disipa nuestro tiempo. Punto final.
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El calendario de los seres transcurre rápido, envejecemos y la enfermedad va minando las fuerzas. Sin anuncio previo y sin toque de campanillas llega la Parca y nos lleva a un mundo desconocido. Adiós a la vida, a nuestra familia y amigos.
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No habrá bienes materiales que te acompañen a tu última morada. Solo tú irás, solo como viniste al mundo. Escucharás voces fugitivas de los seres que quisiste entrañablemente, junto a tu alma y vida que se irán a otra dimensión.
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Las piedras en el camino recorrido no deben significar ninguna carga, o fardo pesado en tu existencia, si con hombría de bien salvaste los escollos.