¿Qué prometió Rodrigo Paz en la Agenda de Género?
Con la llegada de Rodrigo Paz Pereira a la Presidencia, la “Agenda 50/50” del Partido Demócrata Cristiano (PDC) pasa de ser una promesa electoral a una hoja de ruta de gobierno. Entre sus componentes más sensibles, destaca el conjunto de políticas dedicadas a la igualdad de género y la protección de las mujeres, una deuda histórica que el nuevo mandatario ha colocado entre los ejes de su administración.
El programa reconoce que la violencia contra las mujeres sigue siendo uno de los mayores flagelos del país: más de 50 mil casos denunciados en 2024 y siete de cada diez mujeres víctimas de algún tipo de agresión. Frente a este panorama, el PDC se comprometió a impulsar un sistema integral de protección social, fortalecer la atención a víctimas y ampliar los mecanismos de prevención y sanción.
Pero la propuesta no se limita al ámbito punitivo. En su enfoque, la Agenda 50/50 busca que las políticas de género atraviesen todas las áreas del Estado. Así, se plantea la promoción de la igualdad, el respeto y la no discriminación en la vida pública y privada; la participación política activa de las mujeres en los niveles de decisión; y la incorporación de la perspectiva de género en salud, educación, empleo y seguridad ciudadana.
En el plano económico, el compromiso presidencial apunta a reducir la brecha laboral y social mediante programas de formalización del empleo, incentivos a las pequeñas y medianas empresas lideradas por mujeres y una seguridad social inclusiva que garantice el acceso de las trabajadoras al sistema de pensiones y protección médica.
Además, el plan de seguridad ciudadana prevé fortalecer la atención prioritaria a víctimas y el enfoque de género en las políticas policiales, con capacitación, coordinación interinstitucional y cooperación internacional.
Si se cumple lo comprometido, el gobierno de Paz tendría la oportunidad de pasar de la retórica de la igualdad a su institucionalización, consolidando una política de Estado que proteja a las mujeres no solo desde la emergencia, sino desde la equidad estructural. El desafío, como siempre en Bolivia, será traducir la voluntad política en presupuestos, resultados y continuidad más allá del ciclo electoral.








