Los sueños del Guadalquivir
Tarija: Escribir de ciencia donde no se hace ciencia
Es difícil escribir sobre algo que no esté conectado directamente con la realidad directa. Por eso se dice que la ciencia tiene que estar basada en hechos y datos concretos



Siempre es bueno volver al origen, a lo que somos, a de dónde venimos y hacia dónde vamos. Me doy cuenta de que muchos de mis escritos fluctúan entre la reflexión académica, la auto-referencialidad y el alegato moral. ¿Por qué? Se me ocurre de que, ante ausencia de un debate real entre gente dedicada a hacer ciencia, mis pensamientos se pierden en utopías y elucubraciones.
Resulta que al final no tenemos un diálogo real dentro de la academia tarijeña. Hay un grupo grande pero disperso de intelectuales que producen ideas desarticuladas entre sí y de baja densidad. Y yo que, por azares del destino, me encuentro como un camión cargado y en bajada al que no le podemos poner freno. Eso no es necesariamente malo; estamos generando (forzando) un cambio en Tarija.
Quisiera que la gente común siga leyendo ciencia como parte de nuestro conocimiento popular. Que se cuestionen todo lo que sabemos y que crean que podemos llegar lejos. Que no tenemos por qué conformarnos con menos. Quiero que tengamos la mente despierta y el corazón abierto a cosas nuevas
Pero es complicado depender de una sola persona para jalar las cosas para adelante porque en algún momento se convierte en un monólogo. Y los monólogos no son buenos. Faltan referentes. Faltan perspectivas diferentes. Se necesita alguien que te diga que estás haciendo macanas y que la pares hermano. Los baldazos de agua fría son necesarios para obligarte a parar y respirar. Siempre es necesario ajustar el curso. No es bueno que tu ego se te suba a la cabeza.
Si algo quisiera dejar como herencia en la forma de ser tarijeña es ese ánimo incansable de la búsqueda de la verdad (sea lo que sea que signifique “la verdad”), la capacidad de criticar y de recibir critica sin sentirse insultado. Quisiera que haya una costumbre de hacer ciencia, de dar todo para seguir adelante, del placer de construir comunidad entre diferentes. Quisiera que no se trate del sueño de una sola persona. Quisiera que cuando se trate de construir conocimiento, seamos manada. Que el conocimiento que salga de Tarija sea denso y coherente.
Quisiera que la gente común siga leyendo ciencia como parte de nuestro conocimiento popular. Que se cuestionen todo lo que sabemos y que crean que podemos llegar lejos. Que no tenemos por qué conformarnos con menos. Quiero que tengamos la mente despierta y el corazón abierto a cosas nuevas. Que seamos más tolerantes y empáticos. Quiero que nadie tenga que sentirse avergonzado de venir de Tarija.
Hay algo que le dije a una amiga que está aprendiendo a hacer investigación: yo ya estoy embalado, estoy yendo a 100 por hora y no puedes pedirme que me frene a diez por hora para ayudarte. Necesito que te pongas las pilas y hagas todo tu esfuerzo para correr a todo lo que des. Ahí sí te voy a poder ayudar con todo gusto. Necesito que des todo lo que tengas para dar y que te esfuerces más allá de lo que creas posible. Esa es una enseñanza que quisiera dejar: la inquebrantable decisión de seguir adelante, esas ganas de volar al horizonte y de no tenerle miedo al mundo.
¿Se dan cuenta cuán difícil es mantener un discurso científico factual que nos lleve adelante, si lo primero de lo que tienes que hablar son nociones básicas y fundamentales de tipo moral? ¿Por qué tenemos que perder el tiempo en cosas que deberían estar claras hace ya tanto tiempo? Porque, precisamente, no están claras. No está claro que la ciencia en Tarija sea buena ciencia. No está claro de que podemos confiar en que las cosas que se hacen en Tarija estén bien hechas. No está claro que nuestra gente, nuestros académicos y nuestras autoridades vayan esa última milla para asegurarse de llegar al nudo del asunto. No podemos confiar que lo que se haga en Tarija sea para el beneficio de su gente. Por Dios, salgan corriendo de aquí.
Me doy cuenta de que todo esto que escribo es para criar una nueva generación. De investigadores, sí, pero también de tarijeñ@s. Estudiantes universitarios y de colegio que de entrada aprendan que lo que hagan tiene sentido, que no pierdan cinco años de su vida estudiando sin creer que pueden llegar lejos.
Desde siempre, y ahora más que nunca, me siento solo. Cada vez que necesito hablar de algo tengo que referirme a mis amigos y compadres (eso es algo que nunca me faltó: amigos), y aprendí mucho de ellos, son una fuente inagotable de sabiduría. Pero no es suficiente. Es bueno tener un mentor del que puedas aprender y al que te puedas referir, como también lo es tener pupilos a quienes puedas acompañar en su crecimiento personal e intelectual. Pero todavía más importante, creo yo, es tener compañer@s de vida. Hay caminos oscuros en los que no cualquiera te puede acompañar.
Me voy a sentir satisfecho cuando en esta Tarija que tanto queremos empiecen a brotar intelectuales e investigadores como si fueran hongos en el bosque. Cuando Tarija rezume ideas y pasiones. Cuando por fin tengamos una academia digna de ese nombre. Que los jóvenes se nos pasen por encima y nos obliguen a correr detrás de ellos para no quedar obsoletos. Recién entonces me voy a sentir satisfecho; y tal vez, quien sabe, deje de sentirme solo.