Los sueños del Guadalquivir #33: Las cosas que creemos
Existe una diferencia entre lo que pensamos y lo que sentimos, entre lo que pensamos y lo que hacemos. La coherencia o incoherencia entre estos factores es tema de análisis permanente y motivo de gran sufrimiento.



Todos tenemos un sistema de creencias. Un sistema de creencias son todas las cosas que creemos, organizadas de forma tal que no saquen roncha. Tu fe en Dios, tu creencia en el pensamiento racional, tu creencia en la familia, en el amor, en los espíritus, en la naturaleza, en el universo, en lo bueno y en lo malo, en lo correcto, en la política, en la economía, en el futuro y en el pasado lejano. Todo eso y mucho más. Cada nimiedad y cada enormidad. Todo eso es lo que creemos, cada uno a su forma.
¿Cómo hacemos para conjugar creencias como Dios y la ciencia, el trabajo y el placer, el amor a los propios y el odio a los otros? Las estructuras mentales que tenemos no son unilineales. Por ejemplo, la diferencia entre la estructura mental externa, más racional y mas estructurada, y la mente animal, irracional y salvaje ubicada en el corazón mismo de nuestro cerebro, encargada de valorar los peligros y reaccionar inmediatamente con miedo, pánico, odio, rabia e ira.
Nuestro pensamiento se estructura en base a estructuras preestablecidas que vamos actualizando cada momento. Hay personas que son más racionales y otras más sentimentales, más activas o más pasivas, más contemplativas o más agresivas. Todos tenemos nuestra propia forma de pensar y nuestros propios caminos para llegar de punto A al punto B. Porque no se engañen: nuestra cabeza tiene mucho que ver con lo que sentimos y lo que hacemos. Nuestro cuerpo y nuestra mente son un solo sistema integrado.
Pero el “pensamiento”, tal como yo lo veo, es una estructura subyacente que se manifiesta en momentos fugaces de actividad consciente. Uno tras otro nos invaden y tal como llegaron se van, en un ciclo infinito. Los yogas y otras tradiciones espirituales hablan del “silencio de la mente” como un estado de consciencia que se consigue a través de apagar nuestros pensamientos para lograr un estado de paz interior.
El sistema de creencias, por el contrario, es una estructura mental que no se ancla en nuestra actividad mental interna, sino a nuestro mundo social. Son externalidades que nosotros asumimos como propias. La religión, la política, nuestro conocimiento del mundo, todo pertenece al mundo que nos rodea. Son constructos sociales que se han ido desarrollando con el tiempo y que nosotros aprendemos a considerar como realidades.
Es a través del pensamiento que nosotros internalizamos cualquier sistema de creencias en nuestra vida. Nos vemos expuestos a determinadas formas de pensar y de percibir el mundo y hacemos una selección consciente de lo que nos parece cierto y lo que no. De esa manera escogemos qué camino seguir y cómo comportarnos.
Pero no se queda ahí, porque las creencias que escogemos tienen un efecto real en nuestra forma de ser y en nuestro contexto inmediato. Nuestra sociedad se construye a partir de creencias ambiguas, contradictorias e interrelacionadas. La manera en la que nosotros creemos en los extraños y los extranjeros definirá nuestra forma de reaccionar frente a las personas que encontramos en la calle. La forma en la que nosotros creamos en la fidelidad definirá la manera que interactuemos con nuestra(s) pareja(s).
La creencia es en este sentido un sinónimo de ideología, porque es una forma de pensar que nos impulsa hacia algún lado y que nos sirve como justificativo para nuestras acciones, buenas y malas. De esta manera nuestras creencias determinan también nuestra forma de actuar. Nuestras acciones se adaptan a estas supraestructuras por lo menos en un sentido general, aunque no todas las pequeñas acciones espontáneas y circunstanciales con las que nos encontramos en el día a día.
Nuestras creencias y sus estructuras sociales e institucionales nos articulan a comunidades de pertenencia. Nuestras creencias determinan nuestra(s) identidad(es) a un nivel mas profundo aun que nuestros sentimientos y pensamientos. Y como los grupos a los que pertenecemos tienen un efecto tan fundamental en nuestro bienestar emocional y material, los sistemas de creencias determinan en buena medida nuestros sentimientos y nuestra base emocional fundamental.
Puedes entenderte muy bien con una persona, pero el momento que te encuentres con alguna creencia suya que contradiga tus propios sistemas de creencias, en ese momento se producirá un corto circuito. Personalmente creo que deberíamos ser capaces de mirar más allá de las creencias y llegar a la esencia fundamental de lo que son las personas. Porque cuando te conectas con otros también te ves expuesto a nuevas formas de pensar. Las creencias como sistemas estructurantes son diversas y conviven en un ecosistema complejo. Lo que nosotros hacemos, como individuos, es navegar estas diferentes formas y estructuras, a veces más superficialmente y otras más profundamente. Pero siempre encontramos nuestro espacio fluido en su interior.