Los sueños del Guadalquivir
Haz tu trabajo
Zapatero a tus zapatos, y en casa de herrero cuchillo de palo. Hay diferentes éticas del trabajo, y la del patrón no es igual a la del campesino ni a la del obrero



La única forma que yo conozco de vivir es pechando para adelante. No puedo estar sin hacer nada. Pero considero que soy un pésimo empleado. No sé cumplir horarios, no me gusta obedecer y me gusta hacer las cosas a mi modo. Yo creo que me moriría de hambre como campesino porque no sabría sembrar una papa, pero me encanta enseñar a los jóvenes. Hay una ética particular de trabajo que quisiera compartir con ustedes, por si les sirve para algo.
Primero vayamos a lo que NO DEBES HACER: robar y engañar en tu trabajo, hacerlo mal, no hacer nada o hacer las cosas de mala gana y arrastrando los pies. Porque vamos, ese es el estereotipo del empleado, estudiante, dirigente o político garrapata, que te chupa la sangre sin hacer nada. Yo no puedo aguantar a la gente así y prefiero tenerlas a un brazo de distancia, aunque trabajen para alguien más y no tengan nada que ver conmigo.
Lo mínimo que le podemos pedir a nadie es que las cosas funcionen. Y debo reconocerlo: no es fácil, y mientras más complejo más difícil. Por eso yo me cuido mucho de criticar a los empleados de la alcaldía y de la universidad que mantienen todo funcionando, aunque no lo hagan muy bien que digamos. Este es el nivel mínimo de eficiencia requerida para ser considerado trabajador en serio. Si las cosas no funcionan todo se va al tacho, y por eso la gente que se hace cargo de eso es tan importante. Yo solía despreciar a los burócratas, hasta que aprendí que el mundo corre sobre sus hombros; desde entonces les tengo un respeto profundo.
Hay un viejo dicho irlandés que dice que “todo sapo es rey en su propio charco”. Cuando busques ser mejor no te fijes alrededor tuyo, sino trata de salir de Tarija y ser el mejor de Bolivia. Haz todo lo posible de codearte con los mejores del mundo
Pero puedes ir más allá y HACER LAS COSAS BIEN. Es decir: no solo hacer que las cosas funcionen, sino que funcionen bien, más allá de lo mínimo necesario y mejor de lo que los demás lo esperan. Porque créanme, uno se da cuenta. Yo suelo entregarle mi más sincero aprecio a las personas que hacen un buen trabajo, que aman lo que hacen y que se preocupan de que las cosas salgan bien para ellos y para los demás. Es lindo ir a una feria, pero son pocas las ferias que te sorprenden y se ganan tu corazón. ¿Entienden la diferencia?
Pero no se enojen, porque eso todavía no es suficiente. Porque, aunque seas bueno, debes ser mejor. ¿Eso qué significa? Que debes ver más lejos, tener el futuro en mira y saber a dónde quieres llegar. A este nivel ya no trabajas para los demás sino para ti mismo. Porque amas tu trabajo y comprendes la importancia de lo que haces. A este nivel no hay nadie que te pare, eres como un caballo desenfrenado que ha empezado a correr y que se pasa por encima de cualquier obstáculo que se le coloque en el camino. A nivel práctico esto significa que buscas mejorar de cualquier forma posible: te formas permanentemente, estudias, compras nuevas herramientas que te sirvan mejor que las anteriores, buscas nuevos contactos y construyes, construyes interminablemente. Esa es la gente que yo admiro y a la que me gusta ver conseguir sus objetivos.
Hay un viejo dicho irlandés que dice que “todo sapo es rey en su propio charco”. Cuando busques ser mejor no te fijes alrededor tuyo, sino trata de salir de Tarija y ser el mejor de Bolivia. Haz todo lo posible de codearte con los mejores del mundo. No es fácil y no necesariamente vas a tener éxito en ello. Pero el intento es lo que interesa, porque eso es lo que te llevará para adelante.
Tal vez esto no se aplique para todos ni para todas. Cada una de nosotras tiene su propio camino, y hay caminos diferentes para cada uno. Para algunas personas es mejor conseguir la paz interior y no preocuparse del mundo. Hay quien disfruta cuidando sus plantas y tienen un hermoso jardín como refugio personal. Hay personas que hacen del servicio y la humildad su forma de vida. Hay quien no puede, no quiere o no le interesa. Y está bien así. No todos somos iguales.
Pero si eres como yo, que te gustan los horizontes lejanos y los nuevos desafíos, tal vez podamos entendernos. Sigue tu camino y aprovecha cada éxito como peldaño para seguir subiendo. A Tarija le hace falta gente así, que sueñe en grande y que haga todo lo posible para que las cosas funcionen bien para todos. A Tarija le hace falta creer que las cosas pueden ser mejores y que no nos podemos permitir la mediocridad de ser mezquinos.
Me deseo que Tarija esté llena de profesores que despierten la pasión de sus estudiantes, de servidores públicos que sean capaces de construir una Tarija como nunca antes hemos visto, de burócratas que hagan que el aparato estatal funcione bien, de políticos que piensen en el bien del pueblo, de médicos, enfermeras y curanderos que entreguen su vida a los demás, de jóvenes que no se conformen con lo que los viejos les dejamos sino que nos abran la cabeza a nuevos futuros posibles, de gente común y corriente que disfrute haciendo lo que hace. Que le guste hacer las cosas bien y que no se rinda ante nada. Por gente así vale la pena vivir.