Valeria Mena: La corona, la poesía, y todo lo que tenía por decir
En una charla de cuarenta minutos, la Miss Bolivia Universo 2026 habla de la muerte de su padre, un poema inédito para su madre y la perrita que le devolvió la alegría.
La llamada empieza con una pausa inesperada. “Acaba de pasar un accidente, un momento, por favor”, dice Valeria Mena Ferreira. Del otro lado, no hay drama. Es ella misma, en su auto, resolviendo un pequeño choque antes de retomar la conversación con una disculpa y una risa. Un detalle mínimo, casi anecdótico, que anticipa lo que ella misma confirma casi cuarenta minutos después: “Soy muy chistosa y soy bien, bien natural”. Esa naturalidad, la de una persona bien articulada, inteligente, que no necesita controlar cada segundo de su imagen para sostenerse, dibuja el rasgo más genuino de Valeria Mena, la mujer de 23 años que devolvió a Oruro la corona de Miss Bolivia después de casi seis décadas.
Pero lo que sostiene esa hazaña no es solo la gesta histórica, de la que ya se ha escrito bastante, sino una biografía hecha de pérdidas, promesas cumplidas y una ternura que se cuela incluso cuando habla de administración de empresas.
Su padre murió, y ella lo cuenta sin solemnidad impostada. “Él siempre me decía que 99 no es 100”, recuerda casi como quien sigue conversando con él. No era una exigencia de perfección, sino una manera de enseñarle a estar en paz con haberlo dado todo. Ingeniero mecánico, hombre de minas convertido en empresario, era quien la dejaba en la puerta del colegio, quien la llevaba a sus clases de inglés y a sus simulacros de Naciones Unidas. “Tal vez por eso me ha dolido tanto su pérdida”, dice, “pero al mismo tiempo eso me ha hecho muy fuerte”. Su madre, sin experiencia previa en el rubro, tomó las riendas de la empresa familiar de metalmecánica que él dejó. Valeria cursa ahora una maestría en gestión de proyectos pensando, en parte, en acompañarla con ese legado.
Frente al jurado no solo habló de su padre. Le declamó un poema a su madre. Lo escribió ella misma, parte de una colección que sueña publicar algún día. Tenía apenas un minuto para presentarse y, en lugar de resumir un currículum, decidió leer un fragmento de un poema largo, uno de los seis que preparó sobre los temas que más le importan: su madre, su padre, la familia, el amor, Bolivia. “Traté de ser auténtica con ellos”, explica.
Su dominio del idioma tiene una historia detrás. Meses antes, en una entrevista, se quedó en blanco al intentar responder en inglés e italiano, idiomas que habla además del español. La funaron en redes. “Entré en depresión una semana”, dice. Cuando llegó el momento decisivo, habló los tres idiomas sin problema, como para cerrarle la boca a quienes se burlaron. Ninguna demostración gratuita de talento, más bien, una revancha políglota.
De Italia, adonde viajó tres meses cumpliendo una promesa que le había hecho su padre, trajo cursos de costura, canciones de Adriano Celentano, y la certeza de que quiere volver. De Oruro no necesita traer nada: su corazón late al ritmo del bombo con la Morenada, la Diablada y los Caporales, es devota de la Virgen del Socavón, y su apetito matutino siempre tiene el nombre de cordero.
Esa devoción tiene, también, el rostro de la señora Alison, de más de setenta años, a quien Valeria conoció en el centro Provida, donde acompaña a adultos mayores. Cada año, durante el Carnaval, Alison la busca entre la multitud mientras ella baila, solo para una foto, un abrazo y una bendición. “Me alegraba saber que se preocupaba y que se acordaba de mí”, dice Valeria. Es, quizás, la corona más silenciosa que ha recibido.
Y luego está Frida, su perrita, de quien nadie le había preguntado hasta ahora. Llegó a la casa familiar tras la muerte de su padre y, dice Valeria, “absorbía todo lo malo, todas las vibras negativas”. Frida la devolvió la alegría en un momento difícil. Está también Irma, su nana desde la infancia, convertida en una segunda madre. Ninguna de las dos pudo viajar con ella a la coronación en Santa Cruz, y ambas ocupan, según ella misma reconoce, un lugar más grande que el que da cualquier nota de prensa.
Camino a Puerto Rico, en noviembre, donde representará a Bolivia en Miss Universo, lo único que le quita el sueño es que el tiempo no le alcance para organizar bien todo lo que quiere hacer antes de partir. Del resto, confía. Sabe que va a dar todo de sí, y que eso, como le enseñó su padre, lo es todo.









