Marco Montellano y el índice para leer a Tarija
Un libro riguroso y largo tiempo necesario ordena por primera vez la vida y la obra de los escritores que forjaron las letras del sur boliviano, con veinte retratos y doscientos treinta nombres en lista de espera.
A las nueve de la mañana del 17 de abril, en el Hall del Concejo Municipal de Tarija, con la luz entrando oblicua y el Festival Abril en Tarija como marco, Marco Alberto Montellano Gutiérrez presentó lo que ya puede considerarse una obra de referencia obligatoria para quien quiera comprender la cultura escrita del departamento: Escritores tarijeños: Índice bio-bibliográfico, publicado con el apoyo del Fondo Editorial del Concejo Municipal.
El libro hace lo que nadie había hecho con suficiente rigor ni suficiente amor simultáneamente: reúne, ordena y narra. Veinte perfiles de escritores tarijeños y no tarijeños que escribieron desde este territorio, figuras que van de Tomás O’Connor d’Arlach a Jesús Urzagasti, de Lindaura Anzoátegui a Víctor Varas Reyes, construidos con biografías nuevas, bibliografías detalladas e índices críticos que abren camino a futuras investigaciones. Y al final, como semilla lanzada al futuro, un anexo con doscientos treinta nombres aún sin reseñar, una deuda que el libro reconoce con honestidad y que convierte este índice en punto de partida.
Montellano leyó en voz propia su introducción. En ella explicó los criterios de selección, las limitaciones del acceso a fuentes en Bolivia, y la doble paradoja de toda obra antológica: nace incompleta y genera, de manera inevitable, el recelo de quienes fueron incluidos y de quienes no. Lo dijo sin disculpas excesivas, como un investigador que sabe que el rigor no garantiza la unanimidad, pero sí la utilidad. Becario de la Real Academia Española, coordinador general de la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia, columnista en medios como El Deber, Página Siete y la Deutsche Welle, Montellano trae a Tarija años de trabajo acumulado en instituciones como el BID, UNICEF y la Academia Boliviana de la Lengua, y los deposita aquí, en un libro con olor a biblioteca y tierra propia.
La concejala Adriana Romero fue la primera en tomar la palabra entre las autoridades, y señaló el libro como una historia de la gente que pensó y escribió este departamento durante siglos. El presidente del Concejo Municipal, Fernando Castellanos Echazú, fue más explícito en el marco político del gesto. Tarija, dijo, ha apostado por el turismo como motor de desarrollo, y ese turismo no tiene futuro sin identidad, y la identidad no existe sin memoria escrita, sin la caña, sin el erke, sin los escritores que nombraron este valle antes de que nadie pensara en nombrarlo destino. El libro, en ese argumento, no es un lujo cultural sino una herramienta estratégica. También estuvo presente Luz María Achá, consejera del fondo editorial, cuya labor hace posible que estas publicaciones lleguen a existir.
El mérito más silencioso del libro es su mirada. Montellano no escribe solo sobre tarijeños de nacimiento. Escribe sobre quienes escribieron desde Tarija o para Tarija, expandiendo la noción de pertenencia más allá de la cuna y desafiando el centralismo que durante siglos relegó las letras del sur al margen de los grandes relatos nacionales. En esa decisión hay una declaración de principios que vale tanto como cualquier biografía contenida en sus páginas.
La dedicatoria del libro, escrita para Juan Ticlla Siles, catalogador riguroso que vivió como portero nocturno de hotel mientras ordenaba la documentación tarijeña hasta su muerte prematura, dice más sobre el espíritu de esta obra que cualquier elogio en un acto de presentación. Hay una ética en ese homenaje. Y también una advertencia: el conocimiento de un pueblo puede dispersarse e interrumpirse si nadie tiene el coraje de sistematizarlo.
Montellano tuvo ese coraje, y ahora Tarija empieza a leerse a sí misma.





